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JxSí se divide por la votación contra el monumento franquista de Tortosa

Convergència rechaza retirarlo mientras que Esquerra se abstiene en un tenso debate

Una imagen de archivo del monolito franquista de Tortosa.

La coalición que sostiene al Gobierno catalán, Junts pel Sí, vivió ayer su primer gran enfrentamiento interno a cuenta de un monumento franquista en Tortosa (Tarragona). Los diputados convergentes votaron en contra de retirarlo —como el PP—, mientras que sus socios de Esquerra se abstuvieron. Los republicanos no querían verse votando en contra de retirar un símbolo fascista que siempre han rechazado. El Ayuntamiento de la localidad tiene prevista una consulta para decidir qué hacer con la obra alzada para conmemorar la victoria del bando nacional durante la batalla del Ebro.

La dirección del grupo dio libertad de voto y, al final, ganó por un solo apoyo el punto concreto de la moción para retirar el monumento. La encargada de defender la postura de CDC, Meritxell Roigé, es teniente de alcalde del Gobierno local de CiU —la antigua federación aún existe en los Ayuntamientos—. La diputada defendió que ningún alcalde hasta ahora ha retirado el monumento y que en su acuerdo de Junts pel Sí con Esquerra está reflejado que podrán votar libremente cuando se trate de un asunto que no recoge el programa electoral.

Hasta ahora, los dos partidos no habían mostrado públicamente un desacuerdo tan claro, sobre todo en los gestos. Ambas formaciones han cerrado filas firmemente cada vez que han tenido una crisis de convivencia, algo que no se vio ayer. El argumento al que han aludido siempre es la “pluralidad interna”, que les ha servido para justificar posiciones contrarias como la consulta para cuestionar el complejo de casinos BCN World, que el vicepresidente Oriol Junqueras quiere hacer en toda Cataluña, mientras que CDC solo en Tarragona. Tampoco cuando los miembros del Gobierno catalán intentan explicar cuándo se proclamará la independencia. Esquerra apunta siempre a que la aprobación de las leyes de desconexión dentro de la legislatura ya es una declaración, mientas que Puigdemont y dirigentes de CDC siempre anteponen la desconexión a un referéndum que ratifique la nueva Constitución republicana y que se celebraría después de los 18 meses previstos.

La bronca de ayer se extendió a la relación con la CUP, que sostiene el Gobierno de Junts pel Sí y que no pasa por sus mejores momentos precisamente por los mismos asuntos. Los anticapitalistas aluden a que si CDC no cumple el compromiso que le arrancaron de tumbar BCN Word a cambio de investir a Puigdemont está poniendo en riesgo el acuerdo. También tienen serias dudas sobre si apoyar los Presupuestos en los que ven encubierta una bajada de impuestos que rechazan y se muestran firmes en revertir las privatizaciones de la legislatura pasada. Esto último hizo perder a Junts pel Sí una votación el día anterior porque la CUP se alineó con la oposición.

El descontento de la CUP con CDC se demostró en las intervenciones de Mireia Boya, diputada de la formación anticapitalista promotora de la moción y que llamó “franquismo sociológico” al Gobierno local de Tortosa. A la salida de la votación, Boya insistió: “Hay muchos alcaldes de este país que son filofranquistas y que no tienen la valentía desde su poder de retirar estos símbolos”. Uno de los responsables de prensa de la formación, Jordi Savia, escribió en su cuenta de Twitter: “CDC pone en riesgo la estabilidad votando diferente a Junts pel Sí en la cuestión de la retirada del monumento de Tortosa”.