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Carmena prohibirá los coches diésel contaminantes en Madrid para 2020

Restringirá el acceso a todo el centro en 2017, llevará los parquímetros a barrios de fuera de la M-30 y ampliará la bicicleta pública con nuevos contratos al margen de BiciMad

“Habrá que dar un tiempo y explicarlo, ahora hay medidas para los episodios de alta contaminación y restricciones de acceso al centro de la ciudad, pero llegará un momento en el que los coche no limpios no podrán circular y se tomarán medidas restrictivas en toda la almendra central”, ha explicado la concejal de Medio Ambiente y Movilidad de Madrid, Inés Sabanés, en una entrevista a EL PAÍS. “El horizonte es 2020, intentaré convencer a todo el mundo de que los planes estratégicos tienen que ir más allá del límite de la legislatura”, añadía.

La concejal de Medio Ambiente y Movilidad, Inés Sabanés, durante la entrevista el pasado viernes en su despacho del Palacio de Cibeles. Foto: Samuel Sánchez / Vídeo: El País

¿Cuáles son los coches más contaminantes? París ha anunciado que en 2020 prohibirá circular a todos los vehículos diésel. El Partido Socialista, que mantiene a Ahora Madrid en la alcaldía, prometió copiar esta medida. Londres ha optado por cobrar a los coches diésel 12 euros por acceder a su corazón, que se suma a los 14 que deben pagar ya todos los vehículos por circular por el centro.

La bici pública crecerá al margen de BiciMad

El servicio de bicicleta pública BiciMad “se queda corto”, así que la edil de Medio Ambiente y Movilidad, Inés Sabanés, apuesta por “sistemas complementarios”. El contrato se ha ampliado desde junio de 2014 hasta 2.028 bicicletas y 165 estaciones en ocho distritos, pero establece un límite de 4.000, por lo que es difícil llegar a toda la ciudad.

“No es extravagante pensar en ir más allá, el uso y la demanda son muy altos, así que habría que hacer un nuevo contrato”, explica Sabanés. La última ampliación, en mayo, provocó los problemas actuales. La concesionaria, Bonopark, ha pedido un reequilibrio económico de 3,6 millones de euros que Sabanés ve “impensable”, así que busca “otras alternativas” y abre la puerta a que el Ayuntamiento u otras empresas privadas entren como socias en BiciMad. “La prioridad ahora es estabilizar el sistema en su actual dimensión”, añade. No descarta pues que, en el futuro, BiciMad se integre en el abono transporte, pero sí de momento porque se colapsaría el servicio. Lo que sí se podrá conseguir será usar el abono como tarjeta.

En Madrid, la crisis ha doblado la edad de los coches que circulan por la ciudad (de 5,7 años en 2008 a 9,3 en 2013) y los ha dieselizado (el 70% de trayectos dependen del gasóleo). Los coches eléctricos suponen el 0,05% (en 2015 se matricularon 1.005 en la región, más otros 5.286 híbridos; el parque móvil madrileño ascendía a 4,2 millones de vehículos en 2014).

A esto se suma que el Ministerio de Industria no tiene lista aún una clasificación de vehículos por emisiones de óxidos de nitrógeno (las penalizaciones en el impuesto de matriculación se imponen según las emisiones de dióxido de carbono, un contaminante que no es problema en Madrid). El sistema que preparaba Industria preveía una etiqueta roja para los coches matriculados antes del año 2001, y etiqueta naranja para los diésel anteriores a 2007. Sería potestad del Ayuntamiento luego decidir dónde poner la barrera.

Berlín cerró su almendra central en 2008 a todos los coches que no llegaran ni a la etiqueta roja y dejó fuera a unos 100.000. Entonces, los fabricantes calcularon que una medida así podría afectar a más de cuatro millones de vehículos en toda España. El exalcalde Alberto Ruiz-Gallardón se propuso restringir la circulación a todos los turismo que no llegaran a tener ni etiqueta roja a partir de 2010. Nunca lo hizo.

Protocolo para emergencias

Desde el 1 de febrero, el Ayuntamiento podrá cortar todo el tráfico en la almendra central (el interior de la M-30) los días en que la contaminación se dispara de forma extraordinaria, como en otoño de 2011 y enero de 2015. Milán ya lo hizo tres días el pasado diciembre.

Vías de acceso a la capital y en la M-30 a 70 kilómetros por hora.

Además, se endurecen el resto de restricciones vigentes desde marzo de 2015: limitación de velocidad a 70 kilómetros por hora en autovías; prohibición de aparcar en plazas verdes y azules; e incluso restricción de la circulación a la mitad de coches en el interior de la M-30 según la matrícula.

Pero estas medidas sólo sirven para actuar en días puntuales, cuando ya es tarde (la Organización Mundial de la Salud atribuye a la contaminación una de cada 20 muertes). La calidad del aire, que había mejorado ligeramente en los últimos años, volvió a empeorar en 2015; el Ayuntamiento lo atribuye al repunte del tráfico por el despegue de la economía.

En 2017, por Chueca y Malasaña sólo circularán los vecinos

Madrid ha prometido a la UE seguir ampliando las áreas de prioridad residencial (APR), de forma que en 2017 todo el distrito Centro esté restringido: por las calles secundarias solo podrán circular vecinos del barrio.

A lo largo de 2016 se ampliará la APR de Ópera para que cubra todo el barrio de Sol y Palacio, porque “hay una reivindicación vecinal importante”, según la edil de Medio Ambiente, Inés Sabanés (Ahora Madrid).

El exalcalde Alberto Ruiz-Gallardón (PP) puso en marcha las APR de Las Letras, Cortes y Embajadores, por lo que solo resta actuar en los barrios de Justicia (Chueca) y Universidad (Malasaña). Sabanés adelanta que ambos se cerrarán al tráfico a la vez en 2017, con la participación de vecinos y comerciantes.

Respecto a las multas denunciadas por algunos residentes en Las Letras, el Ayuntamiento asegura que se revisarán y se anularán si fueron incorrectas.

Madrid incumple el límite legal fijado por la Unión Europea en 2010 para emisiones de óxidos de nitrógeno, que provienen de los vehículos diésel. Aparte del problema de salud pública, Madrid se arriesga desde hace años a una multa millonaria de la UE, que el Gobierno español podría cargar a las arcas municipales.

La Comisión Europea escribió al nuevo gobierno municipal de Manuela Carmena (Ahora Madrid) en junio, días después de comenzar su mandato, y le exigió lo que Ana Botella y Alberto Ruiz-Gallardón (PP) no habían hecho: un plan de calidad del aire con medidas concretas y medibles en impacto, calendario y presupuesto. Es la última oportunidad para Madrid. Y en eso trabaja ahora la concejalía de Medio Ambiente.

Junto a este Plan de Calidad del Aire 2017-2020, la concejalía de Desarrollo Urbano Sostenible trabaja también en un plan de movilidad junto a Medio Ambiente para reducir el tráfico. “Se somete a la ciudad a la entrada de más coches de lo que sus infraestructuras pueden soportar”, afirma Sabanés. “Y no creo que los atascos se reduzcan ampliando vías”, añade. Pide por ello un plan de movilidad regional, que recoja por ejemplo la promesa del Ministerio de Fomento de crear carriles para autobuses y vehículos de alta ocupación (VAO) en todas las autovías de acceso. Considera imprescindible incentivar esa alta ocupación (ahora la media de pasajeros por vehículo es de 1,35).

Respecto a los autobuses urbanos, este año el Ayuntamiento sustituirá 200 (por viejos o por contaminantes); en 2019, habrá 600 nuevos y toda la flota será verde (ahora suponen el 8% de las emisiones).

Parquímetros fuera de la M-30

El estacionamiento regulado con parquímetros (165.000 plazas, el 77% para residentes) ha ido perdiendo su capacidad para disuadir del uso del vehículo privado, según el Plan municipal de Movilidad.

Ese informe ya avanzaba en diciembre de 2014 que el problema se está desplazando a la zona exterior de la M-30, con una demanda de aparcamiento superior a algunas zonas de la almendra central.

La edil de Medio Ambiente, Inés Sabanés, promete una “cierta regulación”, con fines medioambientales y no recaudatorios, en los distritos periféricos, “porque los vecinos piden prioridad frente al resto”. Eso sí, “sin parquímetros donde no hacen falta” y con la participación vecinal.

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