Oleguer Pujol: “No tengo 3.000 millones, ni 89”

El benjamín de la familia defiende sus negocios y atribuye la investigación a su "apellido"

Oleguer Pujol, el viernes en el despacho de sus abogados en Barcelona.

No hay duda, al tenerlo delante, de que Oleguer (Barcelona, 43 años recién cumplidos) es hijo de Jordi Pujol y de Marta Ferrusola. Casado y con dos hijos, ha trazado su camino lejos de Cataluña y de los núcleos de influencia pujolistas. Sereno y reflexivo, de apariencia informal, su verbo está plagado de anglicismos financieros: a los 22 años, hizo la maleta y se fue a EE UU, más tarde a Londres ésa fue su “mili”, dice, como analista y finalmente a Madrid.

Oleguer Pujol está imputado por blanqueo y fraude fiscal en la Audiencia Nacional, que sospecha de sus negocios a través de la empresa Drago Capital. En octubre, la policía le detuvo y registró su casa. Ha guardado silencio desde que, en 2012, aparecieron las noticias que le atribuían una enorme fortuna. “El nivel de dispersión sobre mi realidad ya es demasiado alto. Siento una necesidad imperiosa de contar que yo no tengo 3.000 millones de euros, ni 500 ni tampoco 89. No es justo”, detalla en una conversación con EL PAÍS. Aunque evita hablar de la familia, atribuye sus problemas con la justicia a su condición de hijo del expresidente catalán. “La persecución de mis apellidos es clara. Se cuestiona mi actividad profesional por ese motivo. Y la persecución está relacionada con el proceso político en Cataluña”.

Victoria Álvarez, examante de su hermano Jordi, dijo del benjamín que es “el más listo y preparado” de los Pujol. Oleguer ríe al oírlo. “Aquí no hay nadie más listo ni más tonto, cada uno ha hecho lo que ha podido. A esta señora ni la conozco”. Su vida, subraya, ha discurrido al margen del devenir del resto del clan. “Nunca he hecho ninguna operación en Cataluña, ni he comprado edificios de la Generalitat o suelo pendiente de calificar. He huido de cualquier vinculación a todo esto. Tampoco he hecho negocios con mis hermanos”.

“He huido de toda vinculación con Cataluña o con la Generalitat

Tras licenciarse en Empresariales por Esade, Oleguer aterrizó en Morgan Stanley, Londres, como analista. “Duermes tres o cuatro horas al día, y no ves la luz”. Pronto pasó a operaciones inmobiliarias. En 2000, junto a su socio Luis Iglesias, fundó Drago, en el epicentro de la investigación. “Drago es una gestora para invertir en inmuebles en España y Portugal. Presenta operaciones a un inversor, que a la vez te exige que pongas dinero, aunque mucho menos, para que te involucres en el proyecto”. Las sospechas de blanqueo proceden del hecho de que muchos de esos fondos están en paraísos fiscales. “Es una práctica habitual en todos los sectores. El capital funciona así, el dinero viene a través de esas jurisdicciones. Eso no impide su origen lícito, su trazabilidad y la identificación del último beneficiario, como queda claro en el informe de Deloitte que aportamos al juez”.

El juez Santiago Pedraz analiza siete operaciones inmobiliarias gestionadas por Drago y que ascienden a 3.000 millones. “Yo solo puse 1,1 millones, el 0,04%. La gran mayoría de la financiación la aportaban grandes bancos como el Santander, La Caixa, BNP o Espirito Santo. El resto, fondos de pensiones, compañías de seguros y también privados identificados”. “Lo que he invertido”, explica sobre el origen de su capital, “viene de mi remuneración en Morgan, de mis ahorros y de mis honorarios como gestor. Ningún otro miembro de la familia Pujol ha invertido en estas estructuras, afirma.

Oleguer Pujol, en el despacho de sus abogados durante la entrevista.

La operación de mayor envergadura (2.000 millones) fue la venta de la red de 1.152 oficinas del Banco de Santander. "Casi el 90% de la financiación la aportó un consorcio de 15 bancos liderado por BNP Paribas", detalla repasando su libreta Moleskine. Oleguer subraya que la gestión fue avalada por organismos públicos. "El Banco de España la miró con lupa, porque quería estar seguro de que era una operación real de venta. También explicamos a la Agencia Tributaria de dónde venía el dinero y de qué forma, y llegamos a un acuerdo previo de valoración. Estuvimos trabajando meses al máximo nivel de detalle porque era una operación de gran tamaño y quisimos evitar suspicacias. Si aun así sospechan es que no lo entienden o no tienen ganas de entenderlo; para mí es evidente", insiste.

En el punto de mira también hay compañías como Drago Real Estate Partners. Se creó en 2006 en Guernsey (otro paraíso fiscal) “porque los inversores, que eran APG, Pearl, Royal Bank of Scotland y Sun Capital operan desde plataformas de esa jurisdicción”. “Como gestores, debíamos tener la estructura registrada en el equivalente a la CNMV de allí. Con ellos compramos cinco edificios en Portugal, suelo en Melilla y dos complejos de apartamentos turísticos en Canarias".

Nunca he hecho negocios con mis hermanos ni han invertido en los míos

Los inversores, sostiene, obligan al gestor a poner dinero y así involucrarle en el éxito de la operación. “Te piden que te mojes con tus ahorros y en ese momento puse medio millón, el 0,3%, que era y sigue siendo un dineral". En 2011, Royal Bank of Scotland salió de la compañía "por políticas de desinversión en España”. Oleguer se quedó con el 6,3%, o sea 2,4 millones. Esos fondos en Guernsey, junto a las acciones y participaciones en otras compañías en paraísos fiscales suman 3,2 millones, y fueron los que Oleguer regularizó en 2012 acogiéndose a la amnistía fiscal del Gobierno de Mariano Rajoy. “Si hubiera sabido que iba a haber tanto ruido quizá no lo habría hecho, pero era un derecho que tenía”. Esa regularización explica por qué creció su patrimonio entre 2011 y 2012, como refleja Hacienda en sus informes del caso Pujol.

Oleguer regularizó 3,2 millones que tenía en Guernsey, un paraíso fiscal

El pequeño de los Pujol también poseía su parte en Andorra; un capital que, según su padre, procede de una herencia del abuelo Florenci. “Regularicé 750.000 euros en una segunda fase con mis hermanos, cuando se filtró la información y mi padre hizo el comunicado”, recuerda. “Conmigo se ha confundido manejar dinero con tener dinero. Tengo un piso de 60 metros en L'Hospitalet y otro de 35 en Barcelona, parte de una finca en el Pirineo, un Toyota Rav 4 y dos motos. Y poco más. Obras de arte no tengo”.

Oleguer niega que posea 89 millones en paraísos fiscales, como se ha publicado estos días en base a un informe de Hacienda. “Esa cifra es el valor total de las sociedades en las que yo tengo alguna parte, pero no es mi parte”. La suya, afirma, asciende a unos diez millones. “Pero son solo valoraciones como accionista de cosas que veremos cuánto valen cuando se liquiden. Lo que tengo está en mi patrimonio, y va bajando por cierto”. También rechaza que se le atribuyan otros 1,7 millones en Panamá. “En el mejor de los casos tengo 60.000 euros. Un amigo me pidió invertir en algo que fracasó. Sigue en mi patrimonio porque él no ha liquidado las sociedades de Bahamas con las que se vehiculó la operación. Les dije que lo estaban haciendo mal. La operación se fue al garete y hay algún socio cabreado, pero no tengo nada que ver”.

Oleguer lleva dos años en el dique seco. A finales de 2012, su socio y algunos accionistas forzaron su salida de Drago. “Cuando se origina el tsunami mediático sobre nosotros, me presionan para que me vaya. Nunca estuve de acuerdo. Habría sido mejor salir a explicarse”. Ahora se dedica a “lidiar con todo esto, que no es poco”. Dice que lo vive “con altibajos” y que va “capeando el temporal”. “A mí me ha cogido por sorpresa porque yo estaba fuera del mundo político, llevaba más de 17 años viviendo fuera de Barcelona y haciendo mis operaciones con mis socios…”

Más sorprendente fue aún que, el pasado 23 de octubre, la Policía se presentara en su casa. “La detención me pilló en frío y así se lo dije a los agentes. A las 8.25 horas, cuando estoy despertando a mis hijos, oigo el timbre, miro por la ventana y veo que hay gente fuera, incluida toda la prensa. Desde el primer momento me dijeron que estaba detenido. Fue impactante, pero estuve siempre tranquilo”, dice Oleguer. El benjamín niega la información que apuntaba que él y su socio disponían de un dispositivo a distancia para borrar datos almacenados en una nube informática. “Es una fábula de no sé quién, nunca he tenido ningún botón mágico. Soy tradicional, tengo mi ordenador con mi copia en mi disco duro”.

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