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Born to sí, sí

El centro cultural sobre las ruinas de 1714 se erige en una herramienta ideológica del soberanismo

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Representación de la obra 'Auca del Born' en la inauguración del centro cultural

El soberanismo catalán por fin dispone de una herramienta moderna con la capacidad de vehicular su versión de la historia y despertar emociones en un público masivo: el nuevo Born Centro Cultural (Born CC), construido en el interior del antiguo mercado del Born de Barcelona aprovechando el hallazgo en su subsuelo de ruinas de la ciudad asediada en 1714 durante la Guerra de Sucesión. El Born CC, que tiene parte de Yad Vashem —el museo de los mártires y el heroísmo del Holocausto, en Jerusalén— y parte de parque temático, con un puntito de Nou Camp (en los dioramas y reconstrucciones históricas las casacas de las tropas que defendieron la ciudad son mayoritariamente azul y grana y las de los atacantes borbónicos, blancas), fue inaugurado el pasado septiembre y ha costado 84 millones de euros.

En el centro, se reinterpreta “el enfrentamiento entre Cataluña y Felipe V” como “un choque entre Estados”

Tras el intento fallido del pujolismo de crear un gran museo identitario —el Museo de Historia de Cataluña, que quedó obsoleto prácticamente desde su inauguración en 1996— y la constatación de que hacía falta algo más elaborado que el Fossar de les Moreras —el lugar de la fosa común de los caídos durante el asedio de Barcelona en 1714— o el foso del castillo de Montjuïc donde fue fusilado Lluís Companys, los azares del destino y un certero ojo político (desde el punto de vista nacionalista) han deparado que se pueda contar con un espacio extraordinario, cuya utilidad ideológica es manifiesta en estos tiempos de polémicos congresos y preguntas. Sintetizando: Born to “sí, sí”.

En el centro, se reinterpreta “el enfrentamiento entre Cataluña y Felipe V” como “un choque entre Estados”, se habla de “política de terror”, “bombardeo terrorista”, y se machaca continuamente que el 11 de septiembre significó “el fin del Estado catalán” y trajo, además de “violaciones masivas de mujeres” —y “el sometimiento de los desdichados catalanes” y “la tiranía de las leyes e instituciones de Castilla”—, un “expolio fiscal oprobioso”.

Se habla de “violaciones masivas” y de “expolio fiscal”

El Born CC está destinado a ser el pivote central de la celebración —que viene fuerte— del Tricentenario de 1714 y la derrota del 11 de septiembre. El yacimiento del Born, bajo el mercado de 1876 obra de Josep Fontseré —una joya de la arquitectura del hierro y vidrio—, ocupa una superficie de 8.000 metros cuadrados y comprende calles y los restos de medio centenar de casas de la época del asedio borbónico. Empezó a ser excavado en 1994, pero no se sabía muy bien qué hacer con él. Ahora, en su nueva reformulación es la sustentación pétrea de un discurso de reafirmación y rearme moral nacional. Ciertamente, también se puede leer en él una parte de historia de la ciudad, pero eso ha quedado relegado a un papel secundario. La experiencia fundamental que se persigue en el Born CC no pertenece en puridad al campo del conocimiento histórico sino al de la emoción identitaria, la identificación con unas gentes y un destino, con su proyección en un futuro (“la memoria de la libertad se mantuvo para siempre entre los catalanes”). Todo ello desde una estética y un diseño modernos e impecables, homologables con cualquier gran museo europeo.

La visita —el edificio se puede transitar libremente, aunque hay que pagar entrada para bajar a la zona arqueológica y entrar en las exposiciones— es muy agradable, permite acodarse a observar las ruinas del subsuelo que suscitan meditaciones a lo conde de Volney, recalar en el bar (“espacio gastronómico”) 300 —alusión al Tricentenario pero con ecos espartanos— o en la librería y tienda de recuerdos, donde se vende la cerveza 1714 y camisetas con las leyendas (en catalán) “1714, sentimiento milenario” y “Yo amo mucho a Cataluña”.

El épico audiovisual cuenta con banda sonora estilo ‘El último mohicano’

Si por todas partes en el Born CC el visitante encuentra alusiones a lo feliz, fantástica y próspera (incluso con helados) que era la vida hasta la Guerra de Sucesión —como si los catalanes fueran un pueblo de industriosos hobbits sobre los que se cernía la sombra del Mordor borbónico y su “barbarie absolutista— y mensajes más o menos subliminales tipo “1714-2014 Vivir libre”, “Feliz Tricentenario”, “Reborn”, la pièce de resistance (y valga la expresión) de la visita es la exposición ¡Hasta conseguirlo! sobre el asedio de 1714.

El título —cuya polisemia no es necesario recalcar— se ha tomado del lema de los guardias reales catalanes (en original en latín: Donec perficiam), que, se nos explica, explicita “la voluntad de luchar hasta triunfar” y se subraya: “A lo largo del asedio los catalanes hicieron honor a esta consigna, fieles a la tierra, a la defensa de sus libertades, constituciones e instituciones propias”. En el itinerario, uno se encuentra con cuadros animados tipo Harry Potter en los que, por ejemplo, el prohombre Ferrer i Sitges lanza, muy exaltado, su discurso de 1713 a favor de la lucha contra “la arrogancia castellana”, impactantes dioramas e imágenes animadas del pueblo catalán en armas, detallada información militar de la época (del talabarte al glacias), la bandera de combate de Barcelona (el pendón de Santa Eulàlia, rodeado de cirios) y un pormenorizado seguimiento cronológico del asedio de Barcelona. Todo muy épico y solemne.

En el itinerario, uno se encuentra con cuadros animados tipo Harry Potter en los que el prohombre Ferrer i Sitges critica “la arrogancia castellana”

En una sala en penumbra, el visitante puede observar las fases de los combates en una proyección sobre una gran estructura en forma de baluarte mientras se escucha una versión de la época del Cant dels ocells apoyada por un chelo. El momento culminante es un audiovisual envolvente en el que una nutrida tropa de figurantes reconstruye con gran entrega los momentos señeros —“la hora más sagrada”— de la epopeya nacional del 11 se septiembre, con el apoyo de una banda sonora con ecos de El último mohicano. Sale uno casi con la cara llena de pólvora y estremecido. Y, a tenor de las anotaciones en el libro de visitas, muy predispuesto: “Muertos o libres”, “Adelante Cataluña”, “Venceremos”, “Por fin, la esencia de Cataluña”, “¡Ya tenemos fecha y pregunta!”, “Sí, sí”.

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