la ruina de la televisión pública

El SOS de Telemadrid

La televisión autonómica se enfrenta a una triple crisis: financiera, publicitaria y de audiencia.

Solo la Comunidad de Madrid puede salvarla, y muchos temen que, tras sanearla, la venda

La sede de Telemadrid en Ciudad de la Imagen ( Pozuelo). / GORKA LEJARCEGI

¿Qué será de Telemadrid? Es la pregunta recurrente que se hacen por igual directivos y trabajadores del ente público. Los mercados financieros le han cerrado el grifo, los ingresos publicitarios se desploman y la audiencia cae en picado. Un coctel letal que coloca a la televisión autonómica en una situación límite, de la que solo la Comunidad puede salvarla. Su presidenta, Esperanza Aguirre, es la única persona que tiene respuesta a la pregunta del millón.

“Desde el origen de los tiempos, la Comunidad está detrás de Telemadrid. A ella le corresponde definir el modelo”, comenta un portavoz de la cadena. El modelo actual, que se asienta sobre una plantilla de 1.177 trabajadores, está lastrado por una deuda acumulada de 242 millones que pesa como una losa. Muchos creen que sostener la televisión pública es una tarea titánica y temen que Telemadrid siga los pasos de Canal 9. La corporación valenciana ha anunciado un expediente de regulación de empleo (ERE) que afecta al 70% de la plantilla. El objetivo es suprimir 1.295 puestos de trabajo.

Las cifras de la cadena

  • Audiencia. En el primer semestre del año, la audiencia media de Telemadrid ha sido del 5,9%. En junio ha caído al 5,2%.
  • Presupuesto. Para 2012, la cuenta de explotación es de 131 millones de euros.
  • Coste por hogar. Teniendo en cuenta la subvención, la televisión le cuesta a los madrileños 49 euros por hogar al año.
  • Publicidad. Hasta junio, Telemadrid contaba con recaudar en el mercado publicitario 14 millones de euros, pero ha captado poco más de ocho.
  • Plantilla. Suma 1.177 trabajadores (983 en Telemadrid, 79 en Onda Madrid y 115 en el ente).

Este es el espejo en el que se mira el Ejecutivo de Aguirre. “Es cierto que hay un ERE planeando sobre nuestras cabezas. Pero la Comunidad no ha dado el pistoletazo de salida”, precisa el mismo portavoz. De momento, el temido fantasma aún no ha hecho su aparición. El primer paso que dio la Radiotelevisión Valenciana fue convocar un concurso para adjudicar un contrato a una consultora externa encargada de hacer una evaluación de la plantilla. Madrid todavía no ha cruzado esa línea, pero la empresa avisa: “Estamos a la espera de instrucciones y pueden llegar en cualquier momento”.

Desde su nacimiento, hace dos décadas, Telemadrid ha operado como una televisión de titularidad pública con un sistema mixto de financiación: ingresos publicitarios y fondos públicos. Para este ejercicio, la subvención prevista (a través del llamado contrato-programa) ronda los 80 millones de euros.

Pero el modelo puede cambiar. Aguirre apuesta claramente por la privatización. Esta operación solo necesitaba un cambio legislativo y está a punto de producirse. El pasado miércoles, el Senado dio el penúltimo paso en la reforma de la ley audiovisual, que abre un abanico de posibilidades sobre el futuro de las autonómicas: mantener la gestión en manos públicas, externalizar determinados servicios, privatizarlas o cerrarlas. “Creo que los deseos de privatización de Esperanza Aguirre se van acercando”, dice el ex director general de Telemadrid Francisco Giménez-Alemán, que no duda de que antes de que se saque a la venta, la empresa llevará cabo un “ERE brutal, como en el de Valencia”. Considera que esta opción es especialmente lamentable porque Telemadrid “tiene un equipo técnico y periodístico muy bueno, que ha pasado por distintas Administraciones, del PSOE y del PP, y ha surtido de profesionales a otros canales”. Giménez-Alemán, que estuvo al frente de la cadena en los tiempos en los que gobernaba Alberto Ruiz-Gallardón, tiene la impresión de que, de forma intencionada, o no, se está transmitiendo la idea de que la televisión no es viable y esa es “la gran justificación para darle pasaporte”.

Fuente: Kantar Media y Uteca. / EL PAÍS

El vicepresidente regional, Ignacio González, ha sembrado el camino esta semana al admitir que el ente público no será sostenible si no se consiguen equilibrar los gastos y los ingresos. “No se puede seguir teniendo”, ha dicho, “una estructura de personal como la que tiene Telemadrid. No es viable, y así se les ha explicado a los trabajadores de la cadena”. Y abundaba en que sin ese equilibrio “no se podrá mantener el servicio” y “Telemadrid no será viable”.

“¿Qué ha hecho Aguirre para que Telemadrid sea viable?”, se pregunta Giménez-Alemán. En la última década, el PP ha hecho bien poco por sanear la casa. Los socialistas denuncian la “mala gestión” de la deuda. Algunas autonómicas, como por ejemplo la gallega, han ido poco a poco enjugándola, pero Telemadrid ha multiplicado por cuatro la suya, hasta alcanzar 242 millones de euros.

En este escenario, si Telemadrid no es rescatada, tendrá serias dificultades para sobrevivir. Las cuentas no cuadran. En el primer semestre del año los números rojos superan los 30 millones. Los ingresos publicitarios acumulados son un 41% menos de los previstos (contaba con recaudar 14 millones y ha captado poco más de 8) y la audiencia media ha caído por debajo del 6%.

Además, en el presupuesto de 2012 se prevé un aumento de 38 millones en la deuda a largo plazo. Doble problema. Telemadrid admite que “la situación de los mercados y la nula liquidez de crédito están dificultando la formalización de nuevas operaciones”. Los principales bancos españoles ya han manifestado su negativa a financiar de forma directa a la cadena. De modo que la Comunidad tendrá que acudir en auxilio de Telemadrid.

El ente necesita urgentemente fondos. Con las puertas de los mercados cerradas, su única salida es acudir a la Comunidad. El Consejo de Administración ha pedido esta semana a Esperanza Aguirre 88 millones de euros: 50 son para saldar los créditos que vencen este año (entre ellos los 34,5 millones que le reclama el LandesBank alemán por un crédito que expira el próximo 30 de julio) y 38 corresponden al endeudamiento aprobado para este mismo año.

Sin embargo, la cadena no muestra una especial preocupación por los problemas de financiación. “Solo se ha cambiado la fórmula. En lugar de recibir los créditos directamente, los capta la Comunidad y esta los transfiere a Telemadrid”. El ente afirma que lleva años aplicando una política de austeridad, que los costes son muy ajustados —“130 millones es un presupuesto modesto, que nos obliga a hacer juegos malabares”— y rechaza que esté en quiebra técnica.

Pero el PP sostiene que con los datos que arrojan globalmente las cadenas autonómicas en cualquier empresa privada “se consideraría insostenible y ruinoso y quebraría indefectiblemente”. El senador popular Alejandro Muñoz-Alonso cuestionaba de esta manera los costes de personal de los entes regionales, que suponen el 48% del total de los gastos. En el caso de Telemadrid, en el primer semestre del año esta partida ha ascendido a 30 millones de euros (sobre unos ingresos de 49). Los sindicatos denuncian el reparto. Dicen que en el ente regional poco más de 100 personas fuera de convenio copan el 30% de los gastos de personal, mientras que más de 1.000 trabajadores (el 90% restante) “no solo nos tenemos que conformar con las migajas, sino que además estamos amenazados por la que se prevé como una salvaje reducción de plantilla”.

Denuncian también que con la llegada de Esperanza Aguirre a la presidencia, en Telemadrid fueron apartados de sus puestos —y marginados— muchos profesionales de los servicios informativos. “Crearon una redacción paralela, con gente fiel, del estilo de Somoano”, dicen con relación al que fuera responsable del principal Telenoticias y que recientemente ha sido nombrado jefe de los informativos de TVE.

Ante una hipotética privatización, la clave son, precisamente, los servicios informativos. La oposición afirma que Esperanza Aguirre buscará a un “grupo afín” para seguir controlándolos. Lejos están los tiempos en los que Telemadrid era vista como un ejemplo de televisión pública, cuando se retransmitían en directo las manifestaciones en contra de la política de Aznar sobre la guerra de Irak o las cámaras entraban en la comisión de investigación del tamayazo. Hoy se elude hablar de “rescate” a España o se evita llamar a la selección de fútbol “La Roja”.

La crisis publicitaria —que afecta a todos los medios— tiene buena parte de la culpa de la situación por la que atraviesa la compañía. Pese a la Eurocopa, un evento de esos que suelen movilizar a los anunciantes, el mes de junio ha sido pésimo. La publicidad gestionada a través de Multipark y la que se comercializa con el resto de las autonómicas ha caído a plomo (se ha recaudado menos de la mitad de lo esperado). La práctica desaparición de los anuncios institucionales (la Comunidad y el Ayuntamiento regaban las arcas de Telemadrid) ha sido el golpe de gracia.

Además de tener menos ingresos de los previstos, Telemadrid ha generado más gastos (sobre todo en la partida de personal). El resultado es justo lo contrario a lo que recomendaba el vicepresidente regional. A mitad de año, la desviación del resultado neto es del 38%. Y las perspectivas de que se enderece en lo que queda de curso son remotas.

El terremoto publicitario, que ha afectado a todos los medios, se ha cebado con las televisiones autonómicas. Si se contabiliza solo el dato de junio, la cuota de pantalla cae al 5,2%, muy lejos de la media de los canales autonómicos agrupados en la Forta, que logran un 9,3%. La Otra, su segunda frecuencia, es casi invisible. En junio tuvo un 0,8%, un resultado que para los expertos en audiometría es un cero técnico.

La audiencia se le escapa a Telemadrid a toda velocidad desde que ha terminado la Liga. Sin fútbol, la parrilla se resiente. Sus mejores apuestas pasan por el cine americano (que compra a través de la Forta) y el viajero Madrileños por el mundo, que tienen que compensar los desastrosos resultados de otros como el debate Kilómetro 0, que no llega al 3%. “No tiene sentido que en este programa se hable de la deuda finlandesa en vez de debatir sobre la privatización del Canal de Isabel II”, comentan desde la oposición. Los últimos dos estrenos —El duelo, un concurso de conocimientos producido con la Forta, y Agente especial, un docurreality sobre perros adiestrados— tampoco han tenido el impacto esperado. En la próxima temporada se ahorrará la millonaria factura de los derechos de la Liga (retransmitía simultáneamente el partido de fútbol que ofrecía La Sexta los sábados) y de la Champions. Y es casi seguro que la ya de por sí menguada audiencia se resentirá.

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