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Ignacio González: espías, ático y Canal

La figura política del expresidente madrileño, crecida a la sombra de Esperanza Aguirre, se vio salpicada por escándalos hasta ahora nunca resueltos

Ignacio González, que ha sido detenido hoy, en la Asamblea de Madrid en 2015.

La carrera política de Ignacio González (Madrid, 1960) despegó de la mano de la expresidenta del PP de Madrid y de la Comunidad, Esperanza Aguirre, a quien conoció en su etapa como concejal del Ayuntamiento de la capital. Fue en 2003, cuando siendo secretario de Estado para la Inmigración en el Gobierno de José María Aznar, González aceptó la invitación de Aguirre para entrar en su Ejecutivo como vicepresidente primero.

Se convirtió en el auténtico presidente en la sombra, que movía los hilos en la región, tras la destitución del consejero de Presidencia Francisco Granados, actualmente en prisión por el caso Púnica. La relación entre ambos era insostenible y Aguirre optó por González. Cuando Granados dejó el Ejecutivo, fue relegado a un escaño en el Senado. Todos supieron entonces que las grandes decisiones del Gobierno siempre serían consultadas con él.

Hombre de un fino sentido del humor, y siempre impecablemente vestido, es muy celoso de su vida personal. Se licenció en Derecho por la Universidad Autónoma de Madrid. A los 24 años aprobó las oposiciones como técnico superior del Ayuntamiento de Madrid, donde desarrolló su carrera profesional. Quienes le conocen aseguran que es un “excelente abogado”. Su pensamiento político se sitúa en el ala más liberal del PP. Favorable a las privatizaciones, y presidente de la Comunidad en los años de la crisis económica; sin embargo, se vio obligado a regañadientes a recortar en la Administración pública para no aumentar la deuda.

Es hijo de Pablo González Liberal, secretario general técnico del PP en el Senado, y hermano de la exdiputada regional Gema González. Está casado con la marchante de obras de arte Lourdes Cavero y es padre de tres hijas, cuyos retratos mantiene siempre en los despachos que ocupa. Tras dejar la política activa en 2015, comenzó a trabajar en un despacho privado.

Su nombramiento como máximo responsable del Canal de Isabel II —empresa pública que gestiona el abastecimiento de Madrid y que cuenta con numerosas sociedades en Latinoamérica— estuvo salpicado por un primer escándalo cuando se hizo público el seguimiento al que fue sometido en Cartagena de Indias (Colombia). Unos investigadores elaboraron un dosier que incluía una grabación en un hotel donde supuestamente hablaba de un bufete pantalla y de un banco suizo, así como del traspaso de cheques y fondos a Panamá. El Canal de Isabel II, durante la etapa de González, llegó a controlar 20 empresas en Latinoamérica, de las que Cristina Cifuentes, presidenta de la Comunidad, ordenó el cierre de una docena en el último año al detectar procedimientos “anómalos”.

A González se le relaciona también con el llamado caso de los espías, un entramado de seguimientos a políticos del PP. Él siempre negó su relación y sostuvo que el único espionaje acreditado fue el que él sufrió.

Pero lo que hasta ahora le había provocado los mayores quebraderos es el caso Ático, la compra de un piso de lujo en Marbella por 700.000 euros a una sociedad pantalla de Delaware (Estados Unidos). Según las acusaciones, el exvicepresidente simuló la compra del piso, que no sería otra cosa que un pago por supuestos favores a terceros, presuntamente a la constructora Martinsa por una recalificación de terrenos en Arganda (Madrid).

El asunto se complicó más cuando González fue grabado por los comisarios José Manuel Villarejo y Enrique García Castaño en una cafetería de Madrid. El exvicepresidente aseguró que intentaron chantajearlo.

Tras la dimisión de Aguirre del Gobierno de Madrid en 2012, González la sustituyó. Quería ser el candidato del PP en 2015. Pero Mariano Rajoy nombró a Cifuentes, que finalmente ganó las elecciones y que denunció las supuestas irregularidades que halló en el Canal al llegar al poder. Ayer fue detenido sin haber recibido la Medalla de Oro de la Comunidad que le corresponde como expresidente, que Cifuentes le negó durante dos años consecutivos con diversas excusas.

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