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ARQUITECTURA

Sostenible, bonita y barata

El moderno Edificio EAI310, en el distrito de Chamartín, es el bloque de viviendas más ‘ecofriendly’ de la capital, un proyecto iniciado por una familia que buscaba un hogar

De izquierda a derecha, Miguel Fernández, Alberto Rubini, Ana Belén Robles, Joaquín García Llanera y Alberto Prado, arquitectos responsables del edificio EAI310.
De izquierda a derecha, Miguel Fernández, Alberto Rubini, Ana Belén Robles, Joaquín García Llanera y Alberto Prado, arquitectos responsables del edificio EAI310.

Cuando llegó su tercer hijo, Joaquín y Ana Belén se dieron cuenta de que necesitaban una casa más grande. Empezaron a buscar en su barrio, en el distrito de Chamartín, pero las ofertas que veían no encajaban o bien por precio o bien por tamaño. Una tarde, paseando, se pararon frente al edificio de la antigua sede de la Gerencia de Urbanismo y se les ocurrió una idea: “¿Y si hacemos una cooperativa y nos quedamos con este terreno?”, planteó Joaquín García Llaneza, que es arquitecto. El edificio público llevaba abandonado años y el Ayuntamiento quería deshacerse de él sacándolo a subasta. Aunque parecía una locura pujar –suelen ser inmobiliarias las que hacen estas operaciones-, lo decía en serio. Se organizaron, encontraron dos centenares de cooperativistas y a finales de 2012 hicieron una oferta. Perdieron. “Estábamos en plena crisis y el concurso quedó desierto”, recuerda García Llaneza. En 2013 lo intentaron de nuevo. Ganaron. Echaron abajo la antigua Gerencia y ahora están a punto de estrenar casa en el flamante Edificio EAI310, una construcción inteligente, ecológica y con el sistema geotérmico más grande de España, “y uno de los más importantes de Europa”, dedicado a uso residencial.

El nombre es lo único soso que tiene esta parcela, de unos 32.000 metros cuadrados, en el número 131 de la calle Alfonso XIII. “Es una mezcla del nombre del estudio responsable de la obra [EAI arquitectura] y el número de viviendas que se iban a construir”, apunta Ana Belén Robles. Como su marido es arquitecto y forma parte de EAI arquitectura, junto a Alberto Rubini, Miguel Fernández y Alberto Prado. Los cinco son los ideólogos del imponente bloque, que finalmente tiene 221 viviendas, y en el que han aplicado la denominada Trias Energética, estrategia desarrollada en el año 1979 por la Universidad Técnica de Delft en los Países Bajos, que busca reducir la demanda energética; el uso de energías renovables y de la geotermia y producir y utilizar energía fósil de la forma más eficiente posible.

“No me gusta poner adjetivos a la arquitectura”, dice García Llaneza, “hay que introducir todo lo que pueda mejorar el edificio sin olvidarse del presupuesto”. “Antes, las condiciones de habitabilidad eran lo mínimo que se pedía. Ahora, hay que aplicar toda la imaginación que se pueda y personalizar el hogar lo más posible”, añade. En su futura casa -los cooperativistas entran a vivir en julio- la calefacción funciona con el calor que emana del suelo gracias a 70 perforaciones de hasta 125 metros (el sistema cubre un 90% de las necesidades de calefacción de cada hogar); hay cargadores para coches eléctricos en el garaje e incluso un huerto urbano aledaño a su hogar, creado por los arquitectos y gestionado por el Ayuntamiento.

Cuando se anunció el proyecto, todo el mundo anhelaba hacerse con una casa en el complejo; se convirtió en una de las cooperativas madrileñas más demandadas con una lista de espera que superaba el centenar de personas. Las viviendas no solo eran atractivas por el modelo arquitectónico, que también incluye domótica, sino por el precio: el metro cuadrado se vendía a unos 3.300 euros en una zona donde la nueva construcción no baja de los 6.000 euros el metro cuadrado y la de segunda mano, “casas de los sesenta y los setenta”, se mueve en torno a los 4.000. Además, muchos de los inquilinos han podido adaptar el piso a sus necesidades. “Hay viviendas de 50 metros cuadrados o de 400 y con diferentes soluciones para distintas situaciones vitales”, apuntan los arquitectos. “Una parte de la arquitectura es imaginar cosas que parecen imposibles”, apunta García Llaneza, “la otra es hacer todo lo posible para que esas ideas se hagan realidad”.

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