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Botella permitirá que el Palacio de la Música se convierta en una tienda

El edil de Las Artes dice que habló con Rato para mantener su uso cultural pero “fue imposible” Bankia ultima su venta, tras fracasar el proyecto de convertirlo en auditorio

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El Palacio de la Música, en febrero de 2012.

La Gran Vía ha pasado en apenas una década de estrenar películas a estrenar ropa. Desde que el Ayuntamiento de Madrid, gobernado entonces por Alberto Ruiz-Gallardón, permitió convertir las salas en comercios, la avenida ha perdido 10 de sus 13 cines. Entre ellos, el Palacio de la Música, escenario histórico de grandes estrenos, que esquivó por los pelos y durante unos años su destino como tienda de ropa, pero finalmente ha sucumbido. Su propietario, la fundación Caja Madrid, lo ha puesto a la venta, pero necesita el visto bueno del Gobierno municipal y de la Comunidad (ambos, en manos del Partido Popular) para cambiar su uso cultural y posibilitar su transformación urbanística. No encontrará excesivos obstáculos, según ha avanzado esta mañana el delegado municipal de Las Artes, Fernando Villalonga.

El Teatro Madrid, en dique seco

Los recortes presupuestarios del Ayuntamiento de Madrid se llevaron por delante en 2012 la partida de 600.000 euros para rehabilitar el teatro Madrid, ubicado en el número 60 de la calle Monforte de Lemos. El nuevo año tampoco ha traído mejores noticias para este centro, cerrado desde junio de 2011, tras expirar la concesión para su gestión y no sacarse de nuevo a concurso público.

El número dos del área de Las Artes, Timothy Chapman, ha asegurado hoy que el edificio no cumple la normativa contra incendios, y requiere de “una completa puesta a punto”, que ha valorado en dos o tres millones de euros.

Los contactos del Ayuntamiento con empresas teatrales para saber de su posible interés se han estrellado contra esa “preocupación por la magnitud de las obras necesarias”. La posible solución pasa, según Chapman, por extender el plazo de la concesión, de forma que salga a cuenta a una empresa realizar esas reformas.

Entre tanto, el Ayuntamiento deberá hacerse cargo de “un plan de intervención mínima” para evitar que el edificio se caiga a pedazos. La concejal de Izquierda Unida Milagros Hernández, que fue quien llevó esta cuestión a la comisión municipal, lo tiene claro: “Primero lo cierra, luego lo pierden, y luego lo venden”.

A instancias de los empresarios del cine, que consideraban su negocio ruinoso, Gallardón aprobó en marzo de 2004 una modificación del Plan General de Ordenación Urbana de 1997 que levantó el blindaje cultural de las salas, permitiendo que se convirtieran en viviendas o comercios. En apenas un año, cerraron 11 cines de la capital. El Ayuntamiento sólo dispuso dos salvedades: la conservación de los elementos arquitectónicos que gozaran de protección, y que el nuevo uso no obligara a destruir palcos, tramoyas y escenarios. Así fueron cayendo, sucesivamente, el Azul, el Imperial, los Fuencarral, el Luna, el Aragón, el Ciudad Lineal, el España, el Cristal, los Madrid, el Tívoli, el Avenida, el Palacio de la Música…

Estos dos últimos pertenecían al mismo dueño que el Coliseum y el Lope de Vega, que se reconvirtieron en salas de teatro o musicales. El Avenida, en cambio, cerró en junio de 2007 y es ahora una tienda de ropa de H&M. Ubicado en el número 37 de la Gran Vía, el cine databa de 1926; la empresa sueca hubo de mantener la estructura y fachada del edificio por su valor arquitectónico. Justo al lado, en el número 35, el Palacio de la Música cerró un año después, el 22 de junio de 2008, tras 84 años de historia. Pero, en principio, pareció que iba a correr mejor suerte.

Aquel 22 de junio ya habían cerrado 18 cines en el centro y 10 en la Gran Vía. En esa avenida quedan el Capitol, el Palacio de la Prensa y el Callao. Estos dos últimos, se financian gracias a eventos comerciales atraídos por sus grandes pantallas exteriores y por la peatonalización de la plaza impulsada por Gallardón. El Palacio de la Música, en cambio, proyectó su última película con sólo 125 espectadores en sus tres salas, y Antes que el diablo sepa que has muerto, de Sidney Lumet, como despedida.

El edificio, de 6.630 metros cuadrados en tres plantas, fue vendido un mes después por el constructor valenciano Juan Bautista Soler a la fundación Caja Madrid para convertirlo en un auditorio con 1.500 butacas, que estaba previsto inaugurar en 2013. El Ayuntamiento aprobó en marzo de 2010 un plan especial para permitir su rehabilitación. “Queremos convertir el edificio en lo que fue originariamente, un auditorio de música, para evitar que sea otro centro comercial más”, señaló el director de la Fundación Caja Madrid, Rafael Spottorno.

Objeto de deseo

  • La cadena española Mango cerró un acuerdo exclusivo de negociación con la Fundación Caja Madrid en diciembre para cerrar la operación en tres meses, según el diario Expansión.Mango ha declinado confirmar esa información.
  • También están interesados en el inmueble la empresa japonesa Uniqlo, la estadounidense Gap, y la irlandesa Primark.
  • Una petición ciudadana en Change.org se opone al uso comercial del edificio, que requiere del visto bueno de Ayuntamiento y Comunidad.
  • El área municipal de Urbanismo asegura no haber recibido ninguna petición oficial. Las Artes se muestra a favor del cambio de uso.

Las obras, iniciadas en diciembre de 2008, se paralizaron sin embargo en enero de 2012. Por entonces, el Gobierno central rechazaba que fuera a crear un banco malo para absorber los activos inmobiliarios devaluados, y apostaba por sanear el mercado financiero mediante fusiones. La apuesta pasaba porque Caixabank absorbiera a Bankia. No sucedió. Bankia fue intervenida y rescatada con dinero público, y el Gobierno creó un banco malo.

En el camino se quedó gran parte de la obra social de Caja Madrid: centros culturales, bibliotecas, salas de exposiciones, becas, atención a drogodependientes, etcétera. Sobrevivió la Casa Encendida, pero no el Palacio de la Música, que se puso a la venta por un precio que ronda los 50 millones, y una hipoteca de 14. Entre los posibles interesados, la española Mango; la japonesa Uniqlo; la estadounidense Gap; y la irlandesa Primark, según informaciones aparecidas en prensa. Pero el requisito imprescindible para cerrar la operación es el visto bueno de Comunidad y Ayuntamiento para el cambio de uso. Contra esa decisión se ha movilizado ya una petición ciudadana en Change.org, que cuenta con más de 1.500 firmas.

El edificio forma parte del catálogo de inmuebles protegidos, con un blindaje integral por “su gran valor” histórico-artístico que “pretende la conservación integral de su organización arquitectónica en sus características espaciales, volumétricas y decorativas, tanto en acabados como en materiales”. Para cambiar su uso actual como sala de conciertos requeriría de una modificación urbanística, que limitaría en cualquier caso a 4.000 metros cuadrados (menos de dos terceras partes de su superficie total) el uso comercial.

Las concejales Patricia García (Unión Progreso y Democracia) y Ana García d’Atri (Partido Socialista) han preguntado hoy a Villalonga al respecto. “Madrid necesita un segundo auditorio, tal y como defendió Gallardón, y mantener la Gran Vía como un gran broadway que atraiga turismo cultural”, ha señalado la primera. La edil socialista ha denunciado por su parte que “la esencia cultural de esta calle ha sido arrasada por las tiendas de ropa”.

Villalonga ha reprochado a ambas que estén “más preocupadas por la suerte del Palacio de la Música que por los 4.000 despidos de Bankia”, en referencia a la reestructuración de empleo aprobada tras la nacionalización de la entidad, que prevé el cierre de 1.100 sucursales y un expediente de regulación de empleo para 4.500 empleados. En opinión del delegado municipal de Las Artes, el edificio “es un cine sólo desde 1932, y no sería el primer cine que desaparece”. “No tengan un sentido romántico, la vida cambia y los grandes cines se convierten en otra cosa, es el devenir histórico, no se pueden mantener los mismos usos”, espetó Villalonga a la oposición.

Además, explicó que habló sobre este tema con el anterior presidente de Bankia, Rodrigo Rato, evacuado por el Gobierno central antes de la nacionalización: “Lo intentamos pero fue imposible”. “El Ayuntamiento tiene como objetivo principal el empleo, no creemos que haya que mantenerlo por un sentido romántico. Si alguien quiere quedarse con el edificio con ese uso, seremos los primeros en alegrarnos. He intentado buscar una solución. Pero si la alternativa es mantener el edificio cerrado y que se caiga a trozos, desde luego en eso no estamos”.