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Quince días de bloqueo en Cubigel

Los 162 despedidos se concentran día y noche para reivindicar sus indemnizaciones

El administrador concursal se compromete a pagar antes de Navidad

La que fuera una de las grandes empresas del Vallès, Cubigel, antigua Unidad Hermética, está inmersa en una grave y dramática crisis. Decenas de pancartas, una precaria tienda con una mesa, un hornillo, zumos y café, sillas y mantas ocupan la entrada de camiones de la fábrica de Sant Quirze del Vallès. También hay una fogata para aliviar el frío de primera hora de la mañana. Es la precaria infraestructura de la que se han dotado los 162 empleados que fueron despedidos en octubre y que desde hace dos semanas bloquean la fábrica en turnos de día y noche.

Reclaman las indemnizaciones que no han recibido, más el dinero que les debe la empresa. Como el 25% del salario que adelantaron durante una temporada para que la firma pudiera comprar materias primeras. También les deben pagas extras y algunos sueldos. En total, 1,7 millones de euros. “Nos sentimos estafados, el comité nos vendió, porque el 95% de los despedidos éramos plantilla y dentro han quedado trabajadores eventuales. Encima, sin indemnización, al Fogasa", clama Pedro, uno de los concentrados.

Dentro de la planta trabajan todavía 386 compañeros. Los concentrados les dejan entrar, pero durante dos días han estado de brazos cruzados por falta de piezas. Los ánimos están encendidos a los dos lados de la valla de una fábrica que llegó a tener más de 2.000 empleados y fabricaba cinco millones de compresores al año, hasta 600 modelos de motores, sobre todo para neveras. Cubigel exportaba la práctica totalidad de su producción.

El juez adjudicó la fábrica de forma provisional a la firma china Huayi

La firma, controlada por la estadounidense AIAC presentó concurso de acreedores en febrero pasado, con un pasivo de 27 millones de euros. Cuando presentó el concurso tenía paralizada la producción por falta de liquidez, aunque los pedidos nunca han dejado de llegar: “Hay clientes que incluso pagaron la materia prima por adelantado, sigue habiendo pedidos a manta”, recuerdan los concentrados en la entrada. En verano, Cubigel tenía muchos novios: dos empresas chinas, una alemana y un fondo de inversión se interesaron por quedarse la fábrica. En paralelo, la Generalitat le prestó dos millones de euros del fondo de rescate de empresas que atraviesan problemas financieros pero tienen viabilidad.

En julio, el titular del Juzgado de lo Mercantil número 3, José María Fernández Seijo, adjudicó la planta a Huayi por 600.000 euros. Fue entonces cuando se pactó el expediente de regulación de empleo (ERE) para 162 trabajadores. Estos se han ido a la calle después de 20, 30 y hasta 40 años en la empresa, sin indemnización y tras consumir un año de paro durante sucesivos ERE temporales. “Cuando te echan de esta forma, no te queda otra”, defiende Virginia la protesta. Unos 40 empleados han interpuesto demandas contra el expediente.

El miércoles, el administrador concursal firmó una carta en la que se compromete a que los 162 cobren a muy tardar el 21 de diciembre. Ayer aseguró a los concentrados que habrá buenas noticias de los nuevos propietarios el lunes. La protesta sigue, pero estos dos gestos han suavizado el bloqueo. Bajo la vigilancia de dos coches patrulla y una furgoneta de antidisturbios de los mossos, los trabajadores dejan entrar o salir tráileres con materias primas o camiones que se llevan chatarra.

Los despedidos se quejan de que el 95% de los afectados por el ERE eran fijos

Los trabajadores cargan contra el juez y el comité de empresa (CC OO, UGT y CGT) por haber incumplido, señalan, el pacto de salvar empleos de plantilla antes que eventuales. “Nos han vendido gratis, nos han traicionado”, dice Antonio. “Nos joden la jubilación”, apostilla Pedro: “tan malos no habremos sido si hemos trabajado 43 años aquí dentro”, señala. El ERE lo firmaron incluso los dos representantes de CGT, que han sido expulsados del sindicato, aseguran.

El presidente del comité de empresa, Joan Roura (independiente), admite que la situación es “patética, penosa” y que “hay casos muy dramáticos”, pero justifica la actuación del comité. “Si no impugnamos el ERE es porque si no sacrificamos 162 puestos de trabajo no compran y nos vamos los 600 a la calle”. El juez, por su parte, se ha reunido con los trabajadores que se concentran delante de la fábrica y, según fuentes del proceso, espera realizar en breve la adjudicación definitiva, que Huayi prolonga por el conflicto laboral.

De hecho, todas las partes (juez, administradores, comité y la Generalitat a través de la Dirección General de Industria) trabajan a contra reloj para intentar acelerar el proceso y que los despedidos puedan cobrar. Mientras, “los chinos están muy nerviosos” por el bloqueo de la planta, aseguran los protagonistas de la protesta. “Están dentro”, mantienen señalando la planta de las oficinas. La carta del administrador cifra en 50.000 las pérdidas que el bloqueo ocasiona cada día. Los 162 temen que pasadas las elecciones del domingo les desalojen a la fuerza.