los afectados por la crisis

“Ya es hora de que los parados tomen la calle”

La marcha de desempleados congrega a unos 3.000 manifestantes en las calles de Madrid

“Estamos desilusionados. Pensábamos que miles de parados iban a unirse”, dice un participante

FOTO: C. ROSILLO | VÍDEO: ATLAS

Alrededor de 3.000 personas (según cálculos de la policía), se ha congregado esta tarde en la Puerta del Sol para la manifestación originada por la marcha de parados que ha llegado hoy a Madrid.

“A ver si con este gesto conseguimos despertar a la sociedad”. Ese era el objetivo de Alejandro Riera, uno de los impulsores de la marcha y organizador de la ruta noroeste, al llegar a la una de la tarde a Nuevos Ministerios. A esa altura del Paseo de la Castellana, los caminantes de la ruta noroeste y los de Barcelona por fin han podido verse las caras y gritar con más fuerza: “¡De norte a sur, de este a oeste: la lucha sigue cueste lo que cueste!”. Pero no eran los únicos. Unos minutos antes habían llegado unos 50 integrantes de la Plataforma de Desempleados del Bajo Aragón, procedentes de Teruel. También les esperaban indignados de diferentes asambleas de barrio de la capital. Sin faltar los sindicalistas de la Confederación Nacional de Trabajadores (CNT). Y quedaban más autobuses por llegar. El objetivo de estos cientos de manifestantes es movilizar conciencias y protestar por las políticas de empleo del Gobierno. “Ya es hora de que los parados tomen la calle”, sentencia Alexander Rol, de la marcha noroeste.

Una vez hechas las primeras presentaciones y dados los primeros abrazos, aproximadamente 300 manifestantes se desplazaron por la Castellana hasta llegar al Paseo del Prado, cortando el tráfico por la arteria de la capital. Dos furgonetas policiales y varios coches municipales los custodiaban. A las tres de la tarde pisaban el césped del paseo del Prado, donde la orquesta Solfónica del 15-M les daba la bienvenida. Rafael Alcántara, miembro de la asamblea de indignados de Carabanchel, repartía sándwiches de pollo y pasas a los recién llegados. “Hemos venido la familia entera a traer comida a los caminantes y darles todo nuestro apoyo”. A su lado, su hijo Alejandro, de 10 años, repetía sin cesar: “No es una crisis, es una estafa”. Durante la tarde en el Prado, la cantidad de manifestantes ha aumentado hasta 500. Más tarde se han trasladado a Sol donde han celebrado una asamblea.

Un grupo de desempleados de Galicia se separaba del resto para comer verduras ecológicas, empanada gallega y un poco de ensalada. Han venido 15 en coches particulares y pernoctarán en un hotel de la calle de Montera. “Esperamos que haya más gente a partir de las seis y media”, comentaban. “Estamos un poco desilusionados. Pensábamos que miles de parados iban a unirse a esta convocatoria”, comenta Miguel Ángel Merino, un parado de la construcción de 30 años que ha venido con otros 15 vecinos de la localidad cordobesa de Castro del Río. “Mucha gente no ha podido participar porque no tiene dinero para pagarse el autobús”, lamenta Víctor Arbués, un ingeniero de obras públicas que lleva dos años en paro. El grupo procedente de Motril, Granada y Jaén reconoce que fletar un autobús para 47 les ha costado aproximadamente 21 euros por cabeza. En su mochila, un par de bocadillos para ahorrar al máximo. “Pero teníamos que venir hoy a Madrid para pedir la dimisión de Rajoy, un presidente que ha llegado al poder con engaños”, criticaba Alfonso Fernández, un opositor de Ecuación Secundaria y natural de Jaén.

El calor de la tarde se ha hecho notar en el ánimo de los presentes. Después de la actuación de la orquesta, llegaba la hora de la siesta. Algunos se acurrucaban bajo la sombra de los árboles; otros se mojaban los pies en los estanques semivacíos. Los manifestantes comentan que también ha llegado un autobús de Alicante. ¿Y los integrantes de la marcha de Extremadura? “Ni rastro de ellos. En cualquier momento aparecerán”, respondía Alejandro Riero. Por fin se han unido al grupo los ocho de Extremadura, que llegaron en bus ayer a Móstoles y hoy han caminado hasta Madrid. 

Los caminantes pernoctarán en los centros sociales okupados Patio Maravillas y Casablanca y en la sede de la CGT (Confederación General del Trabajo). ¿Y después? Aún no saben lo que harán. Si algo ha caracterizado a esta marcha es la improvisación.

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