Parásitos de la adjudicación

Los miembros de la trama siguieron a Blasco de consejería en consejería

Joaquín Blasco, la persona que llevaba el día a día de la Fundación Hemisferio, centro neurálgico de la trama de saqueo de fondos de cooperación, no tenía relación familiar alguna con el consejero Rafael Blasco, pero pertenecía al grupo de gente que este atraía de un departamento a otro de la Administración como una nube de parásitos de las adjudicaciones públicas. En su declaración ante la juez del caso, Joaquín Blasco reveló que “conocía a Marc Llinares [jefe del servicio de Cooperación] de años atrás”. “El declarante trabajó de técnico informático en Tissat, trabajando en la conselleria de Territorio y Vivienda, lugar donde también trabajaba Marc Llinares”, recogen textualmente las diligencias. Llinares ya estaba allí a la sombra de otro Blasco (Rafael), al que en el ambiente de los parásitos de la adjudicación se conocía como “el conejo”. Blasco, Joaquín, además, era empleado de GCS, empresa que gestionó concesiones de la Generalitat.

Augusto César Tauroni, propietario de GCS, saltó a la prensa en 2001 con un escándalo vinculado a Rafael Blasco. El problema también fue entonces una polémica adjudicación, cuando Blasco estaba al frente de la Consejería de Bienestar Social. En este caso, la empresa de Tauroni General de Comunicación y Servicios (GCS) se hizo con un concurso de atención telefónica a personas mayores por 99.716 euros mediante un proceso urgente. También se hizo con otra serie de contratos de Bienestar Social por valor de 200.000 euros.

Otra de las empresas beneficiadas por contratos en Bienestar Social fue Lonerson. El administrador de esta firma es Adolfo Soler Sempere, también administrador de Dinamiz-e, otra empresa de Tauroni que ha intervenido en la trama de cooperación.

Tauroni reconoce que tiene una “relación personal” con Llinares

Marc Llinares es otro de los que ha saltado a primera línea con el caso de la cooperación. Blasco, durante su etapa de consejero de Sanidad, lo situó de responsable de informática en un periodo muy convulso por la concesión de contratos. El responsable del departamento dimitió y su sustituto fue Llinares, a quien Blasco repescó después en Solidaridad y Ciudadanía en lugar de otro jefe de área rebelde: Sergio Aguado.

Tauroni, el único de los 22 imputados en el caso que permanece en prisión, declaró a la juez que “no tiene ningún concierto” con Llinares en materia de cooperación, pero no pudo evitar reconocer que tiene con él “una relación cordial, una relación personal”. No así con Josep Maria Felip, el director general de Cooperación, también imputado. Pese a que en el sumario constan llamadas y citas a comer entre ambos, Tauroni se distancia de Felip, una figura que ha seguido a Blasco (Rafael) por diversos departamentos de la Administración y que en su declaración afirma tener con quien era el consejero una relación basada en “la tutela obligada y la obediencia debida”.

Felip dice en respuesta a la juez que, aunque un día comió con Tauroni, en realidad había quedado con José Luis Maldonado, “que es conocido del declarante por ser vecino”, y con Marc Llinares. La consejería subvencionó un barco de regatas de Maldonado en el que Llinares navegaba.

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