Arenas se da un tiempo para decidir su futuro y la estrategia del partido

El candidato a la Junta continuará en el Parlamento al frente del PP andaluz

Antonio Sanz, en la sede del PP. / RAÚL CARO (EFE)

La frustración de que Javier Arenas no vaya a ser presidente de la Junta por el poco trecho que ha sacado al PSOE (apenas un punto y tres escaños) abre un tiempo de incertidumbre en el PP. De inmediato, no pasará nada: el candidato recogerá su acta de diputado en el Parlamento, y aguardará a ver cómo se fragua la alianza de la izquierda mientras rumia una salida a su situación personal y a la del partido.

No es fácil. El líder del PP andaluz lo es en toda la extensión del término. Sin matices, sin discusión y, muy especialmente, sin alternativa. Dirige y controla la organización como una nave estanca, de babor a estribor. Salvo Antonio Sanz, su número dos —quien, en realidad, es el guardián de las esencias de la superioridad del jefe, pero nunca un posible sustituto—, nadie ha sido señalado, nadie despunta. Ni siquiera se puede especular con corrientes díscolas. Porque, sencillamente, no existen.

Al contrario de lo que ocurrió con José María Aznar, que disponía de una escuadrilla de delfines para sucederle, Javier Arenas ha funcionado siempre sin tapados en la sombra. Las expectativas que tenía tampoco lo hacían necesario. Tanto él como el resto del partido, desde Mariano Rajoy hasta el último cuadro local, pensaban que en esta ocasión la mayoría absoluta estaba garantizada, y que el PP completaría el círculo de la toma de poder en toda España. La luz roja que a veces se le encendía al candidato en forma de vértigo, por un hipotético patinazo, enseguida se le borraba de la mente.

Por tanto, el relevo, si se produce, será a largo plazo. En torno al verano, el PP debe celebrar un congreso ordinario porque le toca y porque es preceptivo tras el cónclave nacional de febrero. Los dirigentes consultados señalan que lo más probable es que Javier Arenas opte a la reelección como presidente. “Habrá que estar atentos a quienes serán los vicepresidentes”, comenta uno de ellos, “eso puede dar una pista de lo que va ocurrir, en todo caso, a final de año”.

La previsión es que Arenas se presente a la reelección en el congreso del PP andaluz en verano

La prudencia será, en consecuencia, la primera receta para recapitular y elaborar una nueva estrategia. Sanz improvisó ayer una comparecencia pública y destacó una consideración de carril: el PP ha ganado, algo que es una auténtica novedad en 30 años. También que el PSOE ha perdido, aunque dio por hecho que entablará algún tipo de alianza con IU, y que el vencedor de las elecciones cumplirá con lo que dijo en la noche electoral y asumirá sus tareas parlamentarias con responsabilidad.

Sanz había presidido momentos antes una reunión del Comité de Dirección, de la que se ausentó Arenas. Estuvo en la sede, pero en su despacho, hablando con dirigentes andaluces, nacionales y autonómicos. Las expresiones de adhesión que recibió de sus compañeros de todos los rincones de España, a través de los medios de comunicación, compusieron una miscelánea con sabor a consuelo ante la fatalidad, a bálsamo para aliviar la derrota. Mucha alusión al trabajo bien hecho, al hito histórico de superar al PSOE y al orgullo.

Empezando por el mismo Mariano Rajoy, quien desde Seúl, donde se encuentra en viaje oficial, dijo que “no es un fracaso, en absoluto”. “Nunca habíamos tenido un resultado tan bueno, hemos ganado las elecciones, nunca las habíamos ganado, hemos mejorado muestra posición respecto a las últimas autonómicas. Nos hubiera gustado, como es natural y todo el mundo sabe, gobernar, pero nosotros vamos a seguir ahí”, declaró.

En el PP andaluz, y también en el nacional, están convencidos de que el presidente del Gobierno arropará a Javier Arenas, si bien es complicado calcular cómo. “Rajoy hará lo que hace siempre: esperar a que llueva”, señaló un dirigente, quien se mostró escéptico sobre la inquebrantable unión de ambos. “No son amores sinceros, son recientes, fundamentados en la necesidad mutua. En política las fidelidades por encima de cualquier cosa son muy frágiles”, añadió.

Este mismo dirigente apunta que el congreso regional de verano puede devenir en una especie de homenaje al presidente, con cierre de filas incluido, y que más tarde se consume el cambio, “porque la situación va a ser insostenible”. La cuestión es si, en el caso de que produzca tal tesitura, Arenas se va y se va, o repite lo que hizo en 1996, cuando en una derrota igual de inesperada —más contundente (no ganó), pero menos traumática— articuló una estrategia para seguir en la cúspide de la organización andaluza en la lejanía. Primero, fogueando la rivalidad entre dos segundos para manejar todos los resortes. Y después (1999), con la presidencia formal de Teófila Martínez, pero manteniendo el dominio con el mando a distancia desde la calle Génova. A este respecto, un miembro de su partido es claro: “Solo si decide dejar la política activa, soltará las riendas. Porque, aunque no vuelva a Andalucía, su fuerza en el PP nacional radica en el control territorial”.

Javier Arenas presidirá hoy en Córdoba la reunión de la ejecutiva. Ahí realizará un primer análisis de lo sucedido y esbozará una pauta para los próximos meses. Luego, ya se verá.

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