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Aforo completo en el Parque

A punto de celebrar su cuarto cumpleaños, en la reserva nacional de la Sierra del Guadarrama tiene en la masificación su máximo problema

Un visitante observa el Parque Nacional de la Sierra del Guadarrama. Ampliar foto
Un visitante observa el Parque Nacional de la Sierra del Guadarrama.

El Parque Nacional de la Sierra de Guadarrama, entre la Comunidad de Madrid y Castilla y León, es un gigantesco espacio natural de casi 34.000 hectáreas y otras 62.000 más de "Zona Periférica de Protección". Y, sin embargo, parece que no es suficiente para todos. Los paseantes a secas se quejan de los que andan con sus perros sueltos; unos y otros protestan por los ciclistas que ruedan a toda velocidad y por las pruebas deportivas; los cazadores dicen que ellos de allí no se mueven; lo mismo que argumentan los ganaderos que defienden que los usos tradicionales como forma de conservarla.

Mientras, los ecologistas rechazan un modelo mercantilista en el que se multiplican los chiringuitos y los negocios de turismo (ornitológico, rural o setero) y los excursionistas, montañeros o domingueros de tartera y silla plegable que saturan los aparcamientos y baten año tras año el récord de visitantes. En 2013, fueron 1,1 millones; en 2015, subieron a casi tres.

El director general de Medio Ambiente, Diego Sanjuanbenito, explica que el espacio natural viene determinado por su cercanía a una gran urbe como Madrid. Él no cree que la masificación sea un problema. Al contrario, lo considera una oportunidad para poner en marcha diferentes iniciativas de mejora.

A punto de cumplirse el cuarto aniversario de la declaración oficial de la zona como Parque Nacional, parece imperioso ordenar sus usos. Hay un instrumento legal en marcha para ello: el Plan Rector de Uso y Gestión (PRUG) que la Consejería de Medio Ambiente prevé acabar a finales de este año.

Un ciclista, en el Parque Nacional del Guadarrama. ampliar foto
Un ciclista, en el Parque Nacional del Guadarrama.

Usos deportivos. La Asociación Internacional de Bicicleta de Montaña (Imba, en sus siglas en inglés) se opone a la posibilidad de que se prohíba el acceso de ciclistas a caminos y senderos de menos de tres metros de ancho, como propone el borrador del PRUG. Su presidente en España Víctor Tarodo lo considera “absurdo, porque se nos confinaría en cuatro o cinco caminos, que se saturarían”. Tarodo calcula que un fin de semana puede haber en el parque entre 5.000 y 10.000 ciclistas”. Están negociando con la Consejería restricciones en fin de semana y festivos a caminos muy transitados, como el Camino Schmidt. Otras pruebas deportivas como las carreras de montaña se han restringido. Para evitar el deterioro que pudieran producir, solo se mantienen las citas clásicas.

La tradición. La actividad dominante de toda la vida es la ganadería extensiva. En el Parque Nacional pacen unas 4.000 cabezas de ganado. "No es un parque natural, es puramente recreativo", se queja Alfredo Berrocal, presidente de la Unión de Agricultores y Ganaderos de la Comunidad de Madrid (UGAMA). Berrocal defiende que la ganadería y otros usos tradicionales de la zona (como los gabarreros, persona que saca leña del monte y la vende) se mantengan en la zona, porque "han configurado su aspecto actual y ayudan a cuidarlo”. La Consejería de Medio Ambiente coincide con los ganaderos en los beneficios de mantener su actividad. UGAMA se queja de que solicitó hace un año su entrada en el patronato del parque y no han recibido contestación.

La pervivencia de la caza. A diferencia de la parte castellana leonesa del parque, en la madrileña se sigue permitiendo la caza en determinadas épocas del año en terrenos públicos. De hecho, se han producido casos de excursionistas desavisados que han tenido que salir de la zona de tiro escoltados por los agentes forestales. Los cazadores insisten en que el peligro es mínimo, ya que las monterías se producen muy pocas veces al año, están señalizadas, cuentan con la presencia de los agentes forestales y los propios participantes distinguen perfectamente un paseante de un jabalí. Sin embargo, los agentes forestales se han quejado una y otra vez de estas prácticas, pues al final son ellos los responsables de que no se produzcan desgracias.

Cabra montés y lobo. El lobo volvió a criar en la Sierra madrileña en 2013 tras más de 60 años sin hacerlo. Con su llegada los ataques al ganado se han multiplicado, pasando de 91 en 2015 a 209 en 2016, en los que murieron 337 animales. La Comunidad de Madrid se ha visto obligada a subir el presupuesto destinados a indemnizaciones a los ganaderos, que fue el año pasado de 89.625 euros.

La superpoblación de cabra montés constituye un gran problema. El Gobierno regional presentó un plan que proponía cazar 2.500 animales hasta 2020, la mayor parte con armas de fuego. Se calcula que su población actual es de unos 4.500 ejemplares. El partido animalista PACMA denunció el plan, al considerar que la población se podría controlar con otros métodos menos agresivos. De momento, la medida continua parada.

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