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La mágica noche de los 40 ‘fouettés’ de Viengsay Valdés

El Ballet Nacional de Cuba y su virtuosa estrella conquistan al público barcelonés con su antología de clásicos

Rafael Quenetit y Gretel Morejon, durante el ensayo general del Ballet Nacional de Cuba en el Tívoli.
Rafael Quenetit y Gretel Morejon, durante el ensayo general del Ballet Nacional de Cuba en el Tívoli.

Un auténtico regalo de magnífico baile es el que brinda (todavía hoy y mañana domingo) el Ballet Nacional de Cuba (BNC) con su espectáculo La magia de la danza, un montaje que reúne fragmentos de las principales obras del repertorio clásico: Giselle, La bella durmiente, Cascanueces, Coppélia, Don Quijote y El lago de los cisnes, además de la coreografía de 1990 de la directora de la compañía, Alicia Alonso, Sinfonía de Gottschalk.

La magia de la danza, que se ha podido desde el día 8 en el Teatre Tívoli de Barcelona, permite el lucimiento individual y colectivo de los miembros del BNC, que a tenor de su actuación parece encontrarse en uno de sus mejores momentos interpretativos.

A la veteranía de algunas solistas se suma el dinamismo y energía de las generaciones más jóvenes, sabiduría y juventud se trenzan en un estilo actual sin olor a naftalina. Cada día bailan todos los mejores pues se alternan en las variaciones de cada ballet.

Seguridad hipnótica

Como era de esperar el fragmento más aplaudido fue el de Don Quijote, tras la secuencia de los toreros, llegó el momento del mítico paso a dos de esta obra, el día de este comentario interpretado por la magnífica bailarina Viengsay Valdés, un auténtico ídolo en su país, que alardeó con poderío de su virtuosismo y de su precisa técnica. Con una seguridad hipnótica clavó sus puntas en el escenario y sobrepasó los 32 fouettés hasta llegar a los 40, en su mayoría dobles y entonces, ¡el Tívoli se vino abajo! A su lado, Patricio Revé fue un convincente Basilio, seguro en el salto y matemático en el giro.

La función había comenzado con el paso a dos del II Acto de Giselle. La bailarina Sadaise Arenbcibia, con un físico muy parecido al de la directora de la compañía, Alica Alonso, realizó una sublime interpretación, sus brazos eran suspiros de amor, mientras que su arabesque penché hipnotizó al público. Su pareja, Raúl Abreu realizó una convincente intervención.

Otra de las parejas más aplaudidas fue la formada por Anette Delgado y Dani Hernández, que en el paso de dos de La bella durmiente del bosque bordaron y superaron con creces la dificultad ideada por Mairus Petipa en esta virtuosa variación. La seguridad de Hernández como portador permite a Delgado lanzarse a sus brazos sin titubeos. Ella gira de puntas con una velocidad increíble y se inclina hacía el suelo en un attitude espectacular y él la recoge al vuelo.

En cuanto a las otras intervenciones hay que destacar a la veterana Chanell Cabrera y al joven Yunkiel Vázquez en Coppélia y a Grettel Morejón y a Rafael Quenedit en el paso a dos del II Acto de El lago de los cisnes. Una seductora imagen fue cuando al levantarse el telón se vio a un grupo de bailarinas aletear como cisnes.

La función termina con Sinfonía de Gottschalk en la que Alicia Alonso recrea coreográficamente los dos movimientos La Noche y Fiesta Criolla de la Sinfonía Noche de los trópicos del compositor norteamericano Louis Monreau Gottschalk (1829 y 1869), una pieza refrescante y exótica interpretada por toda la compañía.