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Riñones, cíclopes y sirenas: la ruta Joyce en Barcelona

La escuela de escritura Bloom celebra por primera vez en la ciudad el 'Bloomsday', la recreación del día en el que transcurre 'Ulises' de James Joyce

Participantes en el recorrido del Bloomsday.
Participantes en el recorrido del Bloomsday.

Un grupo de amantes de las letras vestidos de irlandeses de principios del siglo XX se han paseado este viernes bajo el sol por las calles del centro de Barcelona. Primero fueron a comprar riñones al mercado de la Boquería. Después, a dar de comer a los gatos del Raval. Más tarde, una Guinness en un bar de Vía Laietana. No eran irlandeses nostálgicos de su tierra, sino amantes de la literatura de James Joyce, que han celebrado que es 16 de junio, el Bloomsday. Durante este día, pero de 1904, transcurre la historia de Leopold Bloom, protagonista del Ulises. Hasta hoy no se había celebrado en Barcelona esta festividad que, impulsada por la Escuela de Escritura Bloom, consiste en llevar a cabo las acciones mundanas que llenan el día de Leopold en su particular odisea.

La celebración del Bloomsday es todo un acontecimiento en Dublín, ciudad en la que se narra la historia escrita por James Joyce. Los lectores del Ulises, una extensa obra que tiene fama de inaccesible —fama ganada a pulso—, se disfrazan y recorren todos los lugares por donde pasa el bueno de Leopold Bloom en un día que parece que no se acabe nunca. Barcelona no tenía esta celebración entre sus festividades, hasta hoy. La escuela de escritura Bloom, que le debe el nombre al héroe de Joyce, reinterpretó el relato para seguir los pasos del protagonista en distintos lugares emblemáticos del centro de la ciudad.

“Nos apetecía celebrarlo porque es un día especial: normalmente las fiestas literarias tienen que ver con el autor, con la fecha de su nacimiento o la de su muerte”, explica Borja Bagunyà, profesor en la escuela de escritura y en la Universidad de Barcelona, y uno de los impulsores de la jornada. “En el caso del Bloomsday, sin embargo, se trata de seguir los pasos de un personaje, de pensar como él y de acompañarlo en su particular pasión”.

La Boquería, un pequeño jardín lleno de gatos, la parroquia de Santa Ana, los bares irlandeses de la ciudad... Estos, entre otros, son los escenarios que los impulsores del Bloomsday barcelonés han elegido para recrear las aventuras de Leopold Bloom.

Riñones, cíclopes y sirenas: la ruta Joyce en Barcelona

En la novela, el protagonista lleva a cabo acciones cotidianas y a veces demasiado mundanas, pero a su manera también es un héroe de aventuras. Aventuras del lenguaje, casi siempre bromas pesadas, juegos de palabras y sobre todo, erupciones de erudición y una red inacabable de referencias culturales, unas aventuras que los bloomings han recitado por los rincones de Barcelona.

En la plaza de la Villa de Madrid, ante las tumbas de la vía sepulcral romana, se han leído pasajes del capítulo Hades, en el que Bloom asiste a un funeral mientras los pensamientos se le escapan. En un bar irlandés del barrio del Raval, por ejemplo, también se han recitado fragmentos de los episodios Sirenas y Cíclopes.

Una de las paradas ha consistido en ir a la librería de delante del Palau de la Música y, como hace Bloom en el Ulises, comprar un libro erótico. “En ese momento Bloom está angustiado por la sospecha de que, cuando llegue a casa, encontrará a su esposa engañándole con otro”, detalla Bagunyà. En la librería, la propietaria muestra con orgullo, justo para la ocasión, una primera edición del Ulises en francés, editado en la mítica librería Shakespeare & Company de París. El recorrido, antes de terminar, pasa por el bar Marsella, en pleno barrio chino, donde se cuenta que otro gran escritor de habla inglesa, Ernest Hemingway, vaciaba copas de absenta cuando venía a Barcelona.

Si Leopold Bloom es una recreación del héroe homérico, al final del viaje tiene que acabar encontrándose con su Penélope. La esposa de Bloom, Molly, le espera en casa con un monólogo que es una odisea del lenguaje. Parte del monólogo se ha leído, en varios idiomas, en la librería Calders, lo que ha puesto punto final a la fiesta. Para acabar, música irlandesa, cerveza negra y riñones asados. Queda a la libre decisión de cada cual ponerse o no los tapones en los oídos para no escuchar a las sirenas.