Selecciona Edición
Entra en EL PAÍS
Conéctate ¿No estás registrado? Crea tu cuenta Suscríbete
Selecciona Edición
Tamaño letra

El 16% de los atendidos por Cáritas son trabajadores precarios

La institución denuncia la cronificación de la pobreza y pide la Renta Garantizada de Ciudadanía

Una usuaria de Cáritas en un banco de alimentos.
Una usuaria de Cáritas en un banco de alimentos.

La anunciada recuperación económica no tiene efecto en las puertas de los centros de ayuda de Cáritas en Barcelona. La entidad eclesiástica, que en 2016 atendió a 22.435 personas mediante aportaciones económicas, alimenticias o mediante cursos de formación, ha identificado un nuevo tipo de pobreza, que abunda en la cronificación de esta situación de riesgo. El 16% de las personas atendidas por Cáritas tienen trabajo. "Hay más empleo, pero los bajos sueldos y la elevada temporalidad no permiten la supervivencia de las familias", ha alertado este jueves Salvador Busquets, el director de Cáritas Diocesana de Barelona.

En la presentación de la Memoria de 2016, los responsables de la entidad social se han sumado a otras instituciones, como la Cruz Roja, en la demanda de la aplicación inmediata de la Renta Garantizada de Ciudadanía (RGC), que fue ayer objeto de debate en el parlamento catalán. "Pedimos que se implante tal como se acordó, hasta el 100% en 2020", ha detallado Busquets, quien ha declinado buscar culpables en el estancamiento de esta medida. "El problema de la pobreza es estructural y por lo tanto la responsabilidad es compartida: no se está haciendo todo lo que se necesita", ha asegurado, cuestionando la capacidad de acuerdo entre las administraciones local, catalana y estatal.

El número de personas atendidas por Cáritas en 2016 fue un 6% menor que el colectivo atendido el año anterior. No obstante, los responsables de la institución lamentan que esta reducción se trata nada menos que de un espejismo: en los primeros meses de 2017 crecen sin parar las personas sin recursos que van a buscar ayuda a las oficinas de la entidad eclesiástica. "Con la obtención de un empleo, muchas familias se confían y dejan de venir, pero al ver que se trata de trabajo precario, ahora están volviendo", ha explicado Busquets.

Càritas ha constatado además que las personas pobres necesitan cada vez ayudas más grandes. Mercè Darnell, adjunta a Acción Social de Cáritas, ha explicado que los servicios prestados por la institución han aumentado un 4,2%, y que los del Servicio de Ayudas Económicas han crecido un 7% respecto al año anterior. Cáritas ha destinado 4,3 millones de euros en ayudas a las necesidades básicas.

El otro elemento denunciado por Cáritas es el de la vivienda. El 45% de las personas atendidas no cuenta con una vivienda digna, y un 31% de los hogares con hijos están a cargo de una madre sola. "Necesitamos un parque de vivienda social, ya que ahora solo representa el 2% del total", ha lamentado Busquets.

Ayuda a refugiados

Gerson
Gerson

Además del trabajo precario, que también denunció Cruz Roja en su memoria de actividades, el otro factor que explica el incremento de personas atendidas en los últimos meses es la llegada de refugiados que huyen de países en conflicto. De El Salvador, Venezuela o Nigeria, entre otros.

De Honduras, por ejemplo, en 2016 se pasó de ningún hondureño atendido por Cáritas a 350. Uno de ellos es Gerson, de 24 años, que llegó al barrio de Poble Sec de Barcelona hace un año huyendo de la criminalidad y de las maras, las bandas de narcotraficantes que hostigan a las familias para captar jóvenes. "Obligan a los chicos a traficar y a cobrar el llamado impuesto de guerra a las tiendas y empresas", explica Gerson, que quiere mantenerse en el anonimato por miedo a las represalias a su familia: "Antes de venir a Barcelona las maras mataron a tres primos míos, de 22, 23 y 16 años". A él mismo le asaltaron en tres ocasiones.

Formado en Marketing y Publicidad, y con experiencia laboral en un call center en su país de origen, no encuentra trabajo estable porque está en situación irregular. "El Gobierno español no reconoce la criminalidad de mi país como un motivo para considerarme un refugiado", lamenta. En un país extraño y con dificultades para encontrar empleo, decidió acudir a Cáritas. La entidad le da asistencia social en materia de alimentos y transporte y le ayuda a pagar el alquiler del piso.

Además, para Gerson es una oportunidad de entrar en el mundo laboral, después de haber malvivido montando carpas, haciendo de canguro o paseando perros: "Ahora voy al Casal de Joves de la Barceloneta, estudio cursos de informática, de inglés, de catalán, y también un curso de inserción laboral". Una de sus pasiones es la cocina, que estudia en la fundación Mescladís con la esperanza de que pueda ser una manera de encontrar trabajo. Por lo demás, tiene ganas de terminar los estudios de publicidad: "Solo quiero trabajar y pagarme los estudios".