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La herida de la memoria

El dramaturgo Josep Maria Miró y La Ruta 40 presentan ‘Cúbit’ en el Espai Lliure de Montjuïc

Los actores de La Ruta 40 interpretan 'Cúbit' junto a Anna Azcona.
Los actores de La Ruta 40 interpretan 'Cúbit' junto a Anna Azcona.

Un espejo de la verdad roto en mil pedazos. ¿De qué manera se construye (o destruye) la memoria colectiva? El dramaturgo Josep Maria Miró representa en el Teatre Lliure Cúbit, una obra que narra la historia de dos hermanos que vuelven a casa y descubren que su madre ha contratado a un joven “intruso” para que le ayude a escribir un libro conmemorativo de una fundación que la familia puso en marcha 25 años atrás. Detrás de la contratación hay un trasfondo de rencores ocultos: el joven secretario es el hijo de un hombre al que el padre de los hermanos (ya fallecido) odiaba profundamente. El proyecto autobiográfico de la fundación en manos del “intruso” puede modificar el statu quo de la familia y el momento histórico de un país no definido. “Los hijos también pueden heredar el odio y la envidia de sus padres, aunque no hayan estado en el conflicto”, dijo Miró.

La compañía teatral La Ruta 40, integrada por Alberto Díaz, Albert Prat y Sergi Torrecilla, es la encargada de llevar Cúbit al Espai Lliure de Montjuïc. La obra, finalista del premio BBVA de Teatre 2017, se representará hasta el próximo 28 de mayo en el teatro barcelonés. Los tres actores de la compañía teatral, junto a Anna Azcona, llevan a escena “una metáfora desde dónde se construye la memoria como ciudadanos y agentes culturales y políticos”, en palabras de Miró.

Si bien el director explicó que esta obra podría ser interpretada desde un punto de vista político: “extrapolable a las dictaduras de Argentina, Uruguay, Chile… o cualquier país donde han sufrido una dictadura militar como la nuestra”, hizo hincapié en que tendrá que ser el espectador el que “reconstruya el relato y lo someta a un juego espacio-temporal para que saque sus propias conclusiones”.

La contratación del joven se interpreta como una traición de la madre hacia sus hijos y la memoria del padre. Las historias y rencores ocultos de los personajes se desglosan a medida que la obra se acerca al final. “El espectador tendrá que trabajar para reconstruir el relato. No quise que el conflicto se explicara desde el principio. Hasta el final no se sabrá la motivación de los personajes”, añadió Miró.

El escenario cuenta con dos espacios: una casa y un jardín separados por un cristal. Desde dentro los personajes pueden observar lo que pasa fuera, pero no al revés. “Entre el interior y exterior se observa cómo los personajes cambian. Su perspectiva es distinta”.

El dramaturgo explicó además que estaba muy satisfecho con el título de la obra: Cúbit. “Queda mal que lo diga, pero a mí me gusta mucho”, dijo. Según Miró, los espectadores empezarán a entender el título casi en el final de la obra. “Hay un momento clave: la madre, el intruso y los dos hijos contemplan una foto en el que aparece el padre fallecido. Es en ese momento cuando el hijo que hizo la foto tiene “conciencia del momento histórico”, la madre “no se acuerda” y el intruso “la interpreta”.