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LEILA KHALED Activista palestina del FPLP

“Hay una nueva Intifada: las huelgas de hambre”

La activista dicta una conferencia en Barcelona que la comunidad judía quiso vetar

Leila Khaled, ayer durante la entrevista en el espacio Fabra i Coats de Barcelona.
Leila Khaled, ayer durante la entrevista en el espacio Fabra i Coats de Barcelona.

Leila Khaled (Haifa, 1944) toma cafés y fuma cigarrillos para sobrellevar el carrusel de entrevistas que le ocupa casi toda la mañana del domingo en la Fira Literal de libros, donde ha sido invitada para dictar una conferencia sobre la bondad de las revoluciones (Revolució significa vida) que fue vigilada por la Policía. La visita de la dirigente del Frente Popular para la Liberación de Palestina (FPLP) a Barcelona no ha sido recibida con demasiado entusiasmo por la comunidad judía, que pidió (sin éxito) a la Audiencia Nacional que prohibiera su entrada en España. La consideran una terrorista, lo mismo que ella al Estado de Israel. Le fastidia (solo un poco) que le pregunten por la polémica, pero accede a dar una respuesta de manual: “Los judíos no quieren que demos nuestro punto de vista, no quieren saber que los palestinos aún existimos”.

Su discurso es maniqueo (“la ocupación es terrorismo; lo nuestro es derecho de defensa”) pero parte de una experiencia vital traumática: la ocupación que, siendo niña, en 1948, la expulsó a ella y a su familia de Haifa. Volver a su tierra natal se convirtió en obsesión y meta vital. “Estaba preparada para hacer lo que fuera con tal de conseguirlo. Lo he intentado”. Desde entonces, es una refugiada (ahora vive en Ammán), lo mismo que “los seis millones de palestinos que siguen refugiados y a quienes Israel no deja volver”. Para Khaled ésa es la pieza clave en cualquier proceso de paz: el retorno de los refugiados. Recela de las negociaciones (“no nos han dado nada, Israel solo ha expandido sus asentamientos”) y ve inviable la existencia de dos Estados. “No reconocemos a Israel; eso significaría dar por perdida nuestra tierra”.

Esa idea de la tierra robada la percibió, con total nitidez, desde las nubes. En 1969, Khaled se convirtió en la primera mujer que secuestraba un avión de pasajeros. Cubría la ruta entre Los Ángeles y Tel Aviv. Los viajeros salieron ilesos, pero el avión fue destruido. Por primera vez en la entrevista, le brillan los ojos. Y recuerda. “Estaba feliz porque iba a volar sobre Palestina. No puedo explicar mis sentimientos cuando la vi desde el aire. ‘¡Esto es lo que nos han quitado!” Por ese secuestro (y otro frustrado, un año después) y por su integración en el FPLP —-para la UE, organización terrorista-- la Federación de Comunidades Judías de España exigió, en un comunicado, que “se suspenda la actividad”. Y calificó su presencia de “burda glorificación del terrorismo”.

Casi medio siglo después, defiende esas acciones en las que, reivindica, nadie salió herido. “Fue algo táctico, no estratégico. Nos habían olvidado y teníamos que hacer sonar una campana muy grande. Sé que la gente se asustó, me disculpé con ellos en el avión. Pero no teníamos otra opción. Solo buscábamos aviones que iban o venían de Tel Aviv”. Aquellos secuestros dieron la vuelta al mundo, lo mismo que su célebre fotografía con un fusil AK-47, que la convirtió en símbolo de la resistencia palestina. Para Khaled, la imagen fue un fastidio: “Conocían mi nombre, pero no mi imagen, y estaba planeando luchar en Palestina”, cuenta Khaled, que se operó seis veces para cambiar su aspecto y seguir en la lucha armada.

A sus 73 años, Khaled fue madre y es abuela. Quiere “un futuro mejor” para sus nietos, pero insiste en que la lucha debe continuar. Si es necesario, con violencia. “La violencia no tiene límites en un conflicto. Las nuevas generaciones están usando cuchillos, pero también internet y usarán otras armas que ahora no sabemos”, insiste Khaled, fiel a su discurso: “Solo hay violencia justa e injusta. La ocupación es injusta. La lucha revolucionaria, no. Israel encarcela a jóvenes, corta árboles, destruye edificios...”

Cataluña “más débil”

“Hay una nueva intifada en marcha, las huelgas de hambre de presos. Este tema nos ha vuelto a poner el foco”, advierte. Khaled asegura que hay 1.800 presos en huelga de hambre en cárceles israelíes. “Solo piden un trato humano, que se permitan visitas a sus familias. También se oponen a las detenciones administrativas”. La masiva protesta coincide con el 50º aniversario de la ocupación y ha sido convocada por Maruan Barguti, dirigente de Fatah que encabezó la Segunda Intifada (2000-2005).

Khaled comenta con reservas el conflicto catalán: defiende “el derecho a la autodeterminación de los pueblos”, pero opina que “si Cataluña se va de España, será más débil”. Y rechaza que sea legítimo, en el contexto español, usar la violencia. Lo contrario que en Palestina, dice Khaled, que rápidamente vuelve a su terreno: los dardos contra Israel. Reprocha que el país quiera ofrecer la nacionalidad a judíos de todo el mundo mientras “ignora al millón y medio de palestinos que viven en sus fronteras”.