Selecciona Edición
Entra en EL PAÍS
Conéctate ¿No estás registrado? Crea tu cuenta Suscríbete
Selecciona Edición
Tamaño letra

El Pardo, posible destino de los restos de Franco

En el cementerio del barrio militar de Mingorrubio se encuentra el panteón familiar del dictador

Restos de Francisco Franco Ampliar foto
Mausoleo de la familia Franco-Polo en el cementerio de Mingorrubio en el distrito del Pardo.

Los restos mortales de Francisco Franco (Ferrol, 1892-Madrid, 1975), sepultados desde entonces en el Valle de los Caídos, pueden tener a partir de ahora un destino distinto: la cripta del panteón familiar donde fuera sepultada su esposa, Carmen Polo Martínez-Valdés, en 1988, en la colonia militar de Mingorrubio, en El Pardo, a 15 kilómetros de la Puerta del Sol. Su sepulcro se encuentra a tres metros de profundidad, en un suntuoso sótano funerario y con capacidad para albergar, todavía, una decena más de sepulturas.

La cripta fue decorada por Santiago Padrós; se halla ubicada en la planta subterránea del panteón funerario distribuido en tres plantas, de 15 metros de altura y 40 de lado, con muros de granito, revoco de cal y techado de pizarra, rematados por una espadaña con campana y cruz. En la fachada anterior, un porche con artesonado en madera muestra dos puertas enrejadas en bronce marrón con motivos sacros, como mitras, báculos y cálices, más otros prosaicos, como un cuchillo de carnicero.

Los cristales que soportan la rejería permiten ver en la penumbra una espaciosa capilla con doce bancos dispuestos en dos filas. Una gran lámpara, con forma de corona de espinas, preside la estancia, flanqueada por una vidriera abstracta de los años 60 del siglo XX.

El panteón, situado sobre terrenos de Patrimonio Nacional, cedidos por a la Empresa Municipal de Servicios Funerarios de Madrid, fue un regalo del alcalde Carlos Arias Navarro a Francisco Franco y a su familia en 1960. No lejos del camposanto, donde están enterrados estrechos colaboradores del dictador, como Luis Carrero Blanco o Pedro Nieto Antúnez, se ubica el Palacio Real de Carlos I donde Franco residiera desde 1940 hasta su muerte, 35 años después. Fue entonces cuando del entorno político de Franco surgió la idea de enterrarle en el Valle de los Caídos, pese a no ser él caído en la guerra civil desencadenada a iniciativa suya en 1936- y como una suerte de desafío frente al aún futuro rey Juan Carlos de Borbón, en una encrucijada política sin apenas margen de maniobra para impedirlo.

El Valle de los Caídos había sido construido entre 1940 y 1958 por varios miles de presos políticos que horadaron 200 metros de una montaña de roca para erigir una basílica sobre la que se yergue una cruz de 150 metros de altura por 50 en los brazos, con enormes figuras de evangelistas del escultor Juan de Ávalos.

En su interior se depositaron restos de hasta 36.000 combatientes de la Guerra Civil recogidos sin previa consulta familiar. Inicialmente, fueron solo caídos del bando franquista pero, según fuentes que trabajaron en la construcción, presiones de Washington, durante la negociación de los acuerdos hispano-estadounidenses de 1953, en demanda de un gesto de Franco hacia la España derrotada, determinaron que se sepultara también a caídos republicanos bajo la gigantesca cruz.

Dotar al conjunto monumental de un contenido simbólico de concordia, acorde con la ley de Memoria Histórica, exigía sacar los restos de Franco de la basílica, lo cual llevó a abrir conversaciones oficiosas con su familia, diálogo que discurría por “sendas rectas, aunque con torceduras”, tras algunas declaraciones públicas consideradas ofensivas por algunos de sus parientes, según fuentes informadas.

Más información