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CRÓNICA

El camino más difícil de Carme Chacón

La mujer que se atrevió a ser política catalana en Madrid y líder charnega en Cataluña

Carme Chacon
Homenaje a Carme Chacón. EL PAÍS

El acto de homenaje a Carme Chacón tuvo un aire de oasis, de alivio momentáneo para la familia socialista. Tener algo en lo que comulgar, algo o alguien en torno a quien sentirse unidos resultaba reconfortante, aunque la procesión fuera por dentro. Les unía el recuerdo de una mujer de la que se dijo que era valiente, trabajadora, cálida, tenaz, próxima, abnegada, inteligente, rigurosa, vital, empática, firme, sensible y leal, ente otros muchos adjetivos; una mujer que ha simbolizado la imagen de modernidad, valentía y compromiso con la que los socialistas se sienten confortables. Recordarla les permitió ayer revivir los momentos dulces del éxito: especialmente aquellos 25 diputados catalanes que agrandaron el triunfo de Zapatero en las elecciones de 2008, haber sido de las 17 mujeres “limpias, dignas, valientes y decentes que formaron parte de mi gobierno y que sufrieron ataques machistas indecentes”, según recordó un emocionalmente contenido pero vehemente Rodríguez Zapatero. Una gran curranta, en palabras de David Trueba.

Querían dejarlas fuera, pero las heridas del socialismo estaban ahí, y en algún momento afloraron, como cuando Josep Borrell recordó que la historia habría sido diferente si un pequeño grupo de personas no hubiera cambiado en el último momento su voto en el Congreso de Sevilla, se supone que por presiones, cuando se decidía quién iba a ser el secretario general del PSOE y ganó Pérez Rubalcaba en lugar de Carme Chacón por apenas 22 votos.

Efectivamente, Carme Chacón, había roto muchas barreras. Su imagen pasando revista a las tropas, embarazada, se ha convertido en un icono de la lucha contra todos los techos de cristal. Pero hay otra de la que se ha hablado menos: haber sido la política —el político— catalán que se ha atrevido a ir más lejos en la política española: querer dirigir el PSOE, uno de los dos partidos de la alternancia, y eventualmente aspirar a la presidencia del Gobierno. 22 votos de un aparato muy maleado por barones y machos alfa la apearon de ese camino. Ella, como recordó la ex vicepresidenta Fernández de la Vega, se había atrevido a lo más difícil: enfrentarse al aparato, “y casi lo consiguió”. No se oyó ningún mensaje de Pérez Rubalcaba.

Y ahí estaban también, para recordar que las cosas no han cambiado, en una tensa tregua, Susana Díaz, Pedro Sánchez y Patxi López, que ahora se disputan la secretaría general en unas primarias a cara de perro. Había mar de fondo, pero todos fueron prudentes, no querían empañar el acto. Algunos se permitieron pequeñas llamadas al orden, como cuando Xavier Sardà, el presentador, apeló a que el socialista dejara de ser un partido donante de votos. En la pantalla quedó, mientras el pabellón se vaciaba, la sonrisa amplia y luminosa, con ese ligero poso de melancolía que la caracterizaba, de una mujer que, como se recordó, eligió el camino más difícil. Por ejemplo, ser política catalana en Madrid y líder charnega en Cataluña.

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