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La mafia china: del textil a las plantaciones de marihuana

Los Mossos detienen a un empresario que lleva una década en España acusado de liderar la red que también explotó sexualmente a 22 mujeres

Los Mossos detuvieron hace más de una semana a Zhuang R. acusado de liderar una red de la mafia china formada por 24 personas más. Él, de 41 años, presuntamente invertía el dinero necesario para que la trama levantase plantaciones de marihuana a nivel industrial y la exportase a Holanda y Reino Unido. De media ganaban 300.000 euros por cultivo, y hacían uno al mes. En cuatro plantaciones, una en Orkoien (Navarra), encontraron 15.000 plantas.

El empresario se había cruzado en otras investigaciones, pero hasta ahora los Mossos no habían podido detenerle. Tras una década en España, regenta un bar en Santa Coloma de Gramenet y una empresa dedicada a la metalurgia. Junto a él, seis personas tenían papeles predominantes en la organización.

Es la primera vez que la policía catalana detecta que la mafia china dirige sus negocios a la marihuana. Ellos, como la mayoría de la delincuencia, han visto en esta droga una manera fácil de ganar dinero. Hasta hora, se les había vinculado a la explotación sexual y a la laboral en talleres textiles.

Los trabajadores que antes encontraban hacinados en pisos reconvertidos en talleres están ahora en plantaciones de marihuana. “Sus condiciones eran penosas”, explicó este miércoles el inspector de los Mossos Jordi Domènech. En las cuatro macroplantaciones encontraron en total a cuatro ciudadanos que vivían, dormían, comían… Todo, entre las plantas. “Cuando estuve en una de las plantaciones, comprobé que a la media hora había que salir de allí, del olor y el mareo”, contó Domènech. Incluso trasladaron desde China a una persona que se dedicaba al cultivo de opio para que les asesorase con el cultivo de marihuana.

“En un año dieron un salto cualitativo”, de una banda de calle, (Bang de Fujian) a un grupo criminal organizado, entregado a los brazos del narcotráfico, según la policía catalana. De los 25 detenidos, el titular del juzgado de instrucción 13 de Barcelona ordenó el ingreso en prisión de 11. Entre ellos, el presunto líder y otros seis cabecillas. Están acusados de blanquear dinero en todo tipo de negocios legales: panaderías, tiendas, bazares, karaokes, restaurantes... En total, la policía encontró 215.000 euros en efectivos, pero ninguna cuenta bancaria. El presunto líder circulaba en un Porsche Cayenne. 

Además, la red está acusada traficar con personas. En su operación los Mossos entraron en cuatro prostíbulos en Barcelona, Badalona, Santa Coloma de Gramenet y L'Hospitalet. En ellos hallaron a 22 mujeres, a las que la policía sospecha que explotaban sexualmente. En uno de esos clubes, las mujeres, que debían estar disponibles 24 horas al día, tenían preservativos de color rojo para disimular cuando tenían la menstruación. De estas, 15 se han acogido al periodo de reflexión para decidir si presentan denuncia, apoyadas por una ONG.

Muchas de ellas habían contraído deudas hasta 10.000 euros y habían llegado a España de manera ilegal, con rutas a través de África, donde solían llegar en avión y después subirse a un crucero hasta España. Tanto las mujeres como la droga las movían a través de una red de taxistas también chinos, miembros presuntamente de la organización mafiosa.

El origen del caso es la denuncia de un ciudadano chino al que casi matan cuando intentó entrometerse en el negocio de préstamos para otros chinos en el Casino de Barcelona. La banda supuestamente lideraba el sector, con préstamos usureros con una comisión de 100 euros por cada 1.000 prestados. Tras la denuncia, y rascar, los Mossos abrieron el caso Hokkien, en honor al dialecto que hablan los investigados que escucharon durante ocho meses. El juez no ha levantado aún el secreto de sumario.