Selecciona Edición
Entra en EL PAÍS
Conéctate ¿No estás registrado? Crea tu cuenta Suscríbete
Selecciona Edición
Tamaño letra
EXPOSICIONES

El complicado arte de clonar códices

Una exposición en el Círculo muestra 40 copias exactas de joyas bibliográficas

El 'Libro de horas de Carlos de Angulema' y una copia corregida de una de sus páginas.
El 'Libro de horas de Carlos de Angulema' y una copia corregida de una de sus páginas.

¿Es auténtico o una copia? Ese es el objetivo de estas ediciones “casi originales” de códices, mapas y atlas de entre los siglos X y XVI, que sea imposible distinguirlos de los verdaderos. El arte de clonar joyas bibliográficas lo practica desde hace 25 años la editorial Moleiro, que expone, desde ayer, jueves, 40 de sus piezas en el Círculo de Bellas Artes, hasta el 15 de mayo. “El proceso comienza, en ocasiones, por encargo de instituciones como el Metropolitan y la Morgan Library, de Nueva York; la londinense British Library o la Biblioteca Nacional de Francia”, explica el presidente de la editorial, Manuel Moleiro. “Otras veces nos dirigimos a ellos porque nos interesa un ejemplar espectacular”. Con ello, estos tesoros están accesibles, sin riesgos, a investigadores y público.

De entre los últimos clones elaborados por la editorial destaca el Libro de la caza de Gaston Fébus (1387-89). Son 87 bellísimos dibujos, de estilo gótico, “con consejos para los cazadores, delicadas miniaturas sobre cómo entrenar a los perros y curar sus heridas, y estudios de los animales que se capturan”, señala Moleiro. El noble francés Fébus dictó a un escriba unos textos con los que mostraba la montería como un ejercicio de redención, para que quien la practicaba pudiese entrar en el Paraíso.

A unos metros de esta vitrina, la exposición M. Moleiro. El Arte de la Perfección exhibe el complejo, caro y largo proceso de elaboración de uno de estos clones, que puede llegar a seis años. “Lo más complicado de todo es lograr que los colores sean iguales que los originales”, subraya. La fase inicial es fotografiar las páginas del manuscrito con una cámara de alta resolución para captar todos los matices. Desde la primera prueba de imprenta se emplean tintas que intentan reproducir los pigmentos naturales de los códices. “Luego llega el paso clave”, destaca Moleiro, “la corrección de las pruebas frente al original, se imprime todas las veces que haga falta, hasta que se confundan la página del códice y la impresa”. Las páginas se cortan con láser, una a una, para reproducir las irregularidades de los pergaminos. También se replican las huellas que ha dejado el tiempo: manchas, agujeros o etiquetas de las bibliotecas que los han albergado. “La encuadernación es artesana, con los mismos utensilios que se empleaban en la Edad Media, y los pliegos se cosen manualmente”. Moleiro hace hincapié en las pieles. “Se traen desde África porque el proceso en Europa es muy rápido”.

El editor añade que la tirada de cada una de sus obras (987 ejemplares) “siempre se agota”. Sus clientes, bibliotecas nacionales, museos o particulares, están “en 85 países”. El precio de venta de sus piezas oscila “desde los 500 euros a los seis millones”.