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Mas admite que CDC se financió en “la frontera de la moralidad”

El expresidente carga contra el fiscal del ‘caso Palau’ y reitera que CDC no cobró comisiones

Artur Mas comparece en el Parlament.

Artur Mas ha admitido este miércoles  por primera vez alguna sombra de duda sobre la financiación de Convergència Democràtica (CDC). Lo hizo en el Parlament, donde acudió a dar explicaciones después de que Fèlix Millet y Jordi Montull declarasen en el juicio del caso Palau que este partido cobró comisiones  de la institución musical a cambio de la concesión de obra pública. El expresidente de la Generalitat aprovechó para arremeter contra el fiscal del caso por pactar con los acusados a cambio de rebajar la petición de penas.

Era la tercera vez que Mas acudía a la cámara a dar explicaciones por las sombras de corrupción de la extinta Convergència y empezó advirtiendo que no diría nada nuevo porque la única novedad eran las confesiones judiciales de los acusados. Así, volvió a negar cualquier irregularidad en la financiación de CDC pero sí afirmó que “por motivos que están en la frontera de la moralidad” él decidió que Convergència devolviera al Palau de la Música de Barcelona unas cantidades recibidas a través de la fundación Trias Fargas, luego Catdem.

Fueron 630.000 euros que se canalizaron a través de unos convenios para el fomento de la cultura, según la versión oficial. El Ministerio Público sostiene que en realidad el dinero sirvió para financiar irregularmente a CDC. Los empleados del área financiera del Palau declararon precisamente este miércoles en el juicio que esos pagos no se hicieron constar en la contabilidad oficial.

En cualquier caso, Mas explicó que cuando estalló el caso decidió que CDC devolviera el dinero “cosa que no hace casi nadie”. “No por responsabilidad directa del señor Osácar”, en la firma de los convenios, añadió en alusión al extesorero del partido, Daniel Osácar, que se sienta en el banquillo, “pero en cualquier caso en aquella frontera de la moralidad”, dijo.

La comparecencia de Mas, que duró casi tres horas, estuvo jalonada de críticas al fiscal del caso Palau, Emilio Sánchez Ulled, el mismo que le acusó en el juicio por la consulta del 9-N. Así, el expresidente cuestionó el pacto entre Millet, Montull y la hija de este con la fiscalía para rebajar la petición de penas a cambio de variar su declaración en el juicio y de realizar confesiones inculpatorias. “No demos credibilidad a lo que dicen Millet y Montull como si fuera un texto sagrado”, insistió Mas, después de acusarles de “engañar a sus familias, al Palau y a todo el mundo”.

También recomendó al fiscal que investigue la adjudicación de la obra pública de la Generalitat y no se centre en el cobro de comisiones de CDC. Para extender la duda, dejó caer que “hay nueve millones de euros desaparecidos del Palau a los que nadie les atribuye un destino”, en alusión a unas cantidades que precisamente pudieron beneficiar a CDC y sobre las que no hay rastro.

El expresidente aseguró erróneamente que ese dinero no lo ha investigado la justicia y admitió que CDC recibió donaciones legales de empresarios, aunque no explicó su origen, como le reclamó la líder de Ciudadanos, Inés Arrimadas. “Pregunte a ellos porque daban dinero a CDC. Será porque creían en las ideas o en el modelo de país”.

El regreso de Mas al Parlament reabrió su herida con la CUP, tras enviarlo a “la papelera de la historia”, en palabras del diputado Benet Salellas, que intervino ayer. “¡Cuánto os molesto!”, les acabó diciendo a los anticapitalistas, que le reclamaron que dejara de proclamar que perseguían judicialmente a su partido por independentista. “También lo somos Esquerra y la CUP y no nos persiguen por eso”, dijo Salellas.

Miquel Iceta (PSC) volvió a recordar las palabras de Pasqual Maragall de 2005 dirigidas a CDC: “ustedes tienen un problema que se llama 3%”. Mas justificó esa acusación como una huida hacia adelante del Gobierno tripartito por la mala gestión que estaba haciendo del hundimiento del túnel del Carmel, aunque luego precisó que le preguntó directamente a Maragall por el motivo de esa acusación y la respuesta fue que dijo lo que dijo porque lo había leído en un diario.

Lluis Rabell (Sí que es pot) preguntó qué haría Mas si Osácar era declarado culpable y Alejandro Fernández (PP) lo calificó de “uno de los peores gobernantes de la Unión Europea” y le acusó de “populista”. Jordi Turull (Junts pel Sí) fue el único que elogió a su jefe de filas en el PDeCat. “Otros líderes políticos no han dado explicaciones por casos ya sentenciados e incluso los hacen presidentes de comunidades autónomas”, zanjó.

 

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