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CRÓNICA

Al borde de un ataque de nervios

El pleno de los presupuestos pasó de la intensidad de un partido de baloncesto, tras la advertencia de los letrados, a la de una carrera de caracoles en subida, durante la votación de enmiendas

Neus Munté, Oriol Junqueras y Carles Puigdemont, el jueves en el Parlamento. Ampliar foto
Neus Munté, Oriol Junqueras y Carles Puigdemont, el jueves en el Parlamento.

Este Parlament está tan al borde de un ataque de nervios que una propuesta de parar el pleno durante cinco minutos para estudiar una advertencia de los letrados de la cámara ha estado a punto de llegar al nivel Partido de futbol infantil en Mallorca. Y no contentos con eso, los diputados han vuelto del receso con ganas de marcha y se ha abatido sobre el hemiciclo un alud de puntualizaciones reglamentistas y cuestiones de orden y desorden. Un total de cuarenta minutos de trifulca sobre las formas, lo que dura un partido de baloncesto, con una intensidad similar y sin opción a cambiar al que parezca cansado.

No soy capaz de repetir los artículos del reglamento que se lanzaban unos a otros con tanta seguridad en sí mismos y contradicción recíproca. En ese momento, uno, sinceramente, no sabía si quedarse con los gritos de “¡es la legalidad, es la legalidad!” del pepero Xavier García Albiol —que puede hablar muy alto si se lo propone, aunque cuando se pone en pie el micrófono le queda a la altura del ombligo— o con el gesto recio y sincopado de Marta Rovira, de Junts pel Sí, que agitaba un libro rojo en el aire, con grave riesgo de darle un mandoble involuntario a su compañero de escaño Jordi Turull (por la calma con que la observaba Turull se podía deducir que, a pesar de rojo, el libro era sólo el reglamento del Parlament). ¿Quién podía imaginar tal vaguedad en un reglamento que permite una interpretación y su contraria, la conveniencia de convocar una junta urgente de portavoces y a la vez su imposibilidad? Cierto, cuando se redactó nadie pensaba en el procés, en las inhabilitaciones, en los momentos épicos sucesivos o en los portavoces de Ciudadanos.

Por supuesto, la forma ocultaba un fondo: la partida de los presupuestos destinada a convocar el referéndum de autodeterminación, y que el Consell de Garanties Estatutàries cree que choca con las disposiciones del Tribunal Constitucional, es decir, aboca al conflicto legal. Por supuesto, referéndum es la palabra que unos aman y otros odian, y que estos días a quien más desazona es a Albano Dante, después del exitazo del que convocó entre la militancia de Podem.

Como una curiosa paradoja, tras el zafarrancho de la forma ha venido el tedio de los contenidos: una hora y diez minutos de votaciones de enmiendas y partidas presupuestarias sin pausa y con no demasiada prisa. De la intensidad de un partido de baloncesto a la de una carrera de caracoles en subida. Lo más curioso era ver la diversidad de los aparejamientos en las votaciones; les prometo que una enmienda la han votado conjuntamente el PP y la CUP. En total, más de 2000, votadas en grupos. En uno de estos packs, oculta y desapercibida entre tantas otras, estaba sin duda la enmienda número 1714. Si se hubiera votado individualmente, habría permitido un emocionante momento de exaltación nacional al subir a la pantalla los puntitos de colores que reflejan el resultado. O tal vez no, porque la enmienda, en realidad, la había presentado el PSC.

Contentos del resultado, el Govern y los diputados han salido del hemiciclo decididos a celebrar…el 50 aniversario del estreno de Lluís Llach en el mundo de la canción. Y el cantautor-diputado asistía con gesto de resignación ante tanta acumulación de homenajes.

Manel Lucas es periodista.