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Castellón celebra su primera Romeria de les Canyes declarada bien cultural

Miles de personas arropan el acto central de la Magdalena, las fiestas fundacionales de la ciudad

Participantes en la Romeria de les Canyes de Castellón.

Josep Miquel, Carmen, Pilar y Antonia son cuatro de las cerca de 130.000 personas -según fuentes municipales-, que este domingo han participado en el acto central de las fiestas fundacionales de Castellón, la Romeria de les Canyes. Una cita con la tradición en la que la ciudad escenifica el regreso a sus orígenes, al Castell Vell donde se asentaba la población hace 766 años, y que este año estrena declaración como Bien de Interés Cultural (BIC) Inmaterial. Un reconocimiento concedido por el Consell el pasado 3 de marzo y que “hace justicia” a la fiesta, ha dicho el presidente de la Generalitat Valenciana, Ximo Puig, que ha participado en la romería.

Los repiques de la campana Vicente desde el campanario de la plaza Mayor de Castellón, el Fadrí, han anunciado, como recogen los populares versos del poeta Bernat Artola, que “ja el dia és arribat”. Acto seguido, los romeros han recogido en el mercado central las 25.000 cañas distribuidas este año y coronadas con la típica cinta verde para emprender el camino, de algo más de siete kilómetros, hacia el ermitorio de la Magdalena.

Caña en mano, Josep Miquel y Carmen, de la colla Rebombori, aguardan a las puertas de la Concatedral de Santa María dispuestos a “cumplir con la tradición, como venimos haciendo desde hace 60 años, desde que nací a apenas cien metros de aquí”, aclara él. En su mochila: ximos y tortilla de habas, “que es lo que toca”. Dos clásicos del almuerzo del día de la romería que incluyen también, como explica Pilar, otra romera, “la figa albardà y el traguet en Sant Roc”, a mitad del camino.

“Cumpliremos con todo lo que marca la tradición. Hay que cuidarla, porque si uno no cuida sus raíces, no tenemos futuro. Las tradiciones se tienen que transmitir a los más pequeños", indica. En el grupo de 20 personas con el que Pilar hace la romería también está Antonia, vecina de Castellón nacida en Rumanía. Es su cuarto año yendo a la Magdalena. “Me encanta, sobre todo por los niños”, reconoce.

Tampoco este año el equipo de Gobierno ha participado en los actos religiosos que, antes del arranque de la romería, se han celebrado en la Concatedral de Santa María. “Es algo opcional”, han indicado fuentes municipales. Sí han accedido al interior del templo los concejales y líderes populares presentes. Entre ellos el presidente de la diputación, Javier Moliner, que minutos antes y desde los pórticos del Ayuntamiento, confirmaba que entraría en la Concatedral, “como siempre que me han dejado”, ha señalado en alusión a la polémica entre tradición y laicismo surgida en la edición de 2016, la primera con el bipartito PSPV-Compromís al frente del Consistorio.

El líder del Consell se ha referido a la declaración BIC de la romería, tildando de “gran honor” el haber podido contribuir desde la Generalitat a la concesión de este reconocimiento. La presidenta del PP valenciano, Isabel Bonig, ha atribuido el BIC “a los diputados del PP de Castellón, que dieron un paso para un reconocimiento merecido en las fiestas de la Magdalena en un año importante también para las Fallas, declaradas Patrimonio de la Humanidad por la Unesco”.

El presidente Ximo Puig, con la alcaldesa Empar Marco y el presidente de la Diputación, Javier Moliner. ampliar foto
El presidente Ximo Puig, con la alcaldesa Empar Marco y el presidente de la Diputación, Javier Moliner.

De la Magdalena y de las Fallas, Bonig ha dicho que además “de un motor económico fundamental son un cauce de vertebración del territorio, algo que necesita mucho esta tierra. La Comunidad Valenciana no necesita de enfrentamientos, sino todo lo contrario. Lo bueno que tienen las fiestas es que son vertebración, armonía, compartir, tradición y cultura”, ha concluido.

La jornada festiva, la segunda de las fiestas de la Magdalena, que se prolongarán hasta el 26 de marzo, culminará esta tarde con el acto de la Tornà y el posterior desfile de gaiatas. Estos monumentos simbolizan los faroles con los que los pobladores del Castell Vell alumbraron el camino en su traslado desde el cerro de la Magdalena a la llanura donde se asienta, desde 1251, la capital de La Plana.

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