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La ‘patrulla’ del frente marítimo de la Barceloneta

Siete locales de ocio nocturno de la zona contratan a vigilantes para asegurar que sus clientes no provocan actos incívicos ante las quejas de los vecinos

Vigilantes de seguridad privada.

La noche no siempre es tan joven y menos en el paseo marítimo en la Barceloneta, en el tramo que va del Hospital del Mar al Casino de Barcelona. Pero sí tiene acento extranjero. Oleadas de turistas entran y salen de las discotecas. Siete empresas se han constituido en la Asociación Frente Marítimo de la Barceloneta y han contratado a vigilantes privados para realizar patrullajes y acabar con las molestias que ocasionan sus clientes a los vecinos. El Consistorio, lejos de criticar la iniciativa, considera que su presencia en la calle es positiva siempre que no ejerzan la autoridad.

A las 23.00 del viernes el ambiente era “muy tranquilo”, aseguraba un responsable de la empresa de seguridad Auservi, que pide que no se publique su nombre porque “el mundo de la noche es muy complicado”. La agrupación de empresarios está integrada por las empresas Pacha Barcelona, Opium, Shoko, Touché Restaurant, Carpe Diem, Coconut e IceBar. “Cada negocio tiene un dueño, unos controladores y unos vigilantes. Algunos locales tienen cámaras, otros un dispositivo de control con alguien vigilando toda la madrugada”, explica otro responsable.

“Las patrullas de las que habla el presidente [de la asociación] David López no son patrullas”, rectifica un superior de los vigilantes, que sabe que su actuación en la vía pública tiene límites. Además de la seguridad de cada negocio, los siete locales han contratado los servicios de siete vigilantes —lo que la Asociación Frente Marítimo Barceloneta denomina “patrullas”— que van de un local a otro, ya sea por la parte superior del paseo a pie de playa.

Los siete vigilantes son robustos. Su vestimenta, azul oscura, incluso puede confundirse con el uniforme de los antidisturbios de la Guardia Urbana. Entre las pocas distinciones, el uniforme de los vigilantes tiene en la espalda grafiado en blanco la palabra seguridad. “Llevamos una radio, porra y grilletes, tenemos todos la titulación de vigilante privado y la licencia del Ministerio del Interior”, dice el responsable. Pronto cientos de turistas llegan de la nada hasta las discotecas. El paseo entre Pacha y Shoko es de solo unos metros, pero dos vigilantes van a atender las necesidades de uno y otro local ante la oleada.

Las comunidades de vecinos de la calle Trelawny, las más cercanas a la zona de ocio, protestan por el incivismo e incluso por prostitución en algunos portales. David López aseguró el lunes que la entidad apuesta por los vecinos y colocó vigilantes en las comunidades. Javier Boan, el presidente de la escalera número 4 de la calle Trelawney, admitió que gracias a la presencia de los guardias habían desaparecido los problemas. La patrulla del Front Marítim no quiere hablar de actuaciones fuera de los locales. Prefieren ni contradecir ni admitir una versión en la que coinciden tanto la asociación como los vecinos.

A las 00.00 varios vigilantes aparecen en la calle de Ramon Trias Fargas con media docena de vallas. Junto a ellos, dos controladores ataviados con chalecos reflectantes. La misma empresa de seguridad que patrulla la zona gestiona la parada de taxis. “Antes aquí había muchos problemas, gritos y conductas un tanto complicadas”, denuncia uno de los vigilantes. Sigue llegando gente. El 90% hoy son turistas. Muchos cenan y luego van a las discotecas. Fuera de los locales, los vigilantes siguen patrullando en una noche que se antoja tranquila.