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El Matadero que acabó con Celia Mayer

La filtración de las negociaciones para destituir a la concejal de Cultura de Madrid obligaron a la alcaldesa a acelerar su salida en cuatro horas

Manuela Carmena y Celia Mayer en el Ayuntamiento de Madrid, el 15 de marzo de 2017.

Manuela Carmena, alcaldesa de Madrid, tomó la decisión en diciembre del año pasado: Celia Mayer, su polémica concejal de Cultura, debía dejar el cargo. Su errática gestión desgastaba a marchas agigantadas al gobierno de Ahora Madrid. Carmena, aprovechando que en esas fechas Mayer se había tomado una baja maternal, anuló su viaje a la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (México) para realizar una sustitución limpia: ella asumiría directamente la gestión cultural y, sobre todo, del programa de las Navidades, después de las duras críticas de 2015. Junto a Luis Cueto, coordinador de Alcaldía, diseñaría el traspaso de competencias y la recolocación de Mayer. Tras el éxito de las celebraciones navideñas de 2016 (hasta la oposición le reconoció la mejoría), la suerte de la edil estaba echada.

Lo prioritario era entonces colocar a la concejal sin provocar fracturas en los delicados equilibrios de Ahora Madrid (una confluencia de fuerzas que incluye independientes, miembros de Podemos, Ganemos, Equo, IU y movimientos vecinales). Mayer, que proviene del colectivo okupa Patio Maravillas, tiene el apoyo del ala más radical de la formación.

En febrero, y tras volver de su baja, la concejal se encontró con una propuesta de la alcaldesa: abandonaría Cultura y aceptaría, de buen grado, la nueva Concejalía de Investigación Sociológica. (Mayer es licenciada en Políticas y experta en Igualdad de Género). La edil dio su visto bueno: el desgaste personal que le habían producido las críticas por su gestión vencieron su resistencia. La concejal había sido duramente juzgada por sus garrafales errores: retiró una placa dedicada a un grupo de sacerdotes fusilados en la Guerra Civil al considerarla un "vestigio franquista", contrató a unos titiriteros que exhibieron pancartas ante los niños a favor de "Gora Alka-ETA" (fueron arrestados y luego un juez archivó la causa), y su gestión del buque insignia del turismo y la cultura, la empresa Madrid Destino, no era apoyada ni por el PSOE.

El acuerdo consistía en que Mayer tenía por delante unos meses para "recuperar su imagen" antes de hacer pública su salida. Y así fue hasta que EL PAÍS reveló, este mes de marzo, que en las instalaciones teatrales del Matadero, el director de los escenarios (Mateo Feijóo, nombrado por concurso, después de que la edil destituyera a su antecesor) había eliminado los nombres de Max Aub y Fernando Arrabal de dos salas.

Carmena no pudo más. La salida de Mayer tenía que adelantarse: a finales de marzo se llevaría a cabo, pero camuflada en una "remodelación" del ejecutivo local. El miércoles, la cadena SER avanzó, sobre las dos de tarde, la marcha de Mayer. Pero el gobierno municipal no se dio por enterado. Nadie hablaría. No habría cambio de planes y Mayer seguiría hasta final de mes. Pero la filtración a EL PAÍS de las durísimas conversaciones de los grupos que componen Ahora Madrid provocó que Carmena lo adelantase todo: la cohesión de la formación estaba en el aire, ya que sectores de IU se resistían a asumir el cese y el consiguiente cambio en el reparto de poderes. La misma portavoz municipal, Rita Maestre (Podemos), reconoció que el supuesto consenso tenía "matices".

Ganemos, uno de los integrantes de la coalición y donde militó Mayer, acusaba a Carmena de plegarse a las presiones de los medios y de acercase al PSOE.

Mientras, entre las dos de la tarde del miércoles y hasta casi las cinco, la alcaldesa comía tranquilamente con un dirigente de otra formación política, según su agenda. No interrumpió en ningún momento la reunión porque su mano derecha, Luis Cueto, estaba ejecutando sus órdenes: Mayer dejaría el cargo a las 18.00. Sin estridencias. El PSOE, partido que sostiene a Carmena, fue informado.

A las 18.30 se celebró una rueda de prensa extraordinaria. Comparecieron la propia regidora, su amiga, y concejal de Equidad, Marta Higueras, y Mayer. El acuerdo al que se había llegado era el de crear una, hasta entonces inexistente, Área de Igualdad de Género para la exconcejal. No había ni presupuesto ni local ni trabajadores. Solo Higueras podía ceder esas competencias sin crear fricciones en la coalición.

Madrid Destino para Cueto

El plan diseñado en diciembre fue así modificado sobre la marcha. El original consistía en dividir Cultura en tres: lo relacionado con el mundo cultural recaería sobre Carmena, los polideportivos serían gestionados por los distritos y Cueto se haría con los mandos de Madrid Destino, una empresa municipal con un presupuesto de más de 70 millones y que se encarga de promover la cultura y el turismo en la capital. La dirección del Matadero —la que precipitó la caída de Mayer— iba a depender de él.

Mayer, tras ser anunciada su destitución, se mostró muy lacónica. Solo manifestó que la Concejalía de Cultura era "un departamento muy especial" porque gestiona lo simbólico, lo que "genera muchos debates". Carmena la escuchó, la abrazó y se marchó sin decir más.

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