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Cataluña ha perdido 35.000 butacas de cine en seis años

Los espectadores y la recaudación se recuperan desde 2014

Sala 1 del cine Comedia, en la sesión de las 16.45, de la película 'El guardián invisible'.
Sala 1 del cine Comedia, en la sesión de las 16.45, de la película 'El guardián invisible'.

Se podría decir que no hay gente para tanta butaca en los cines de Cataluña. Pese a que desde hace dos años cada vez son más personas las que prefieren ver las películas en pantalla grande, la realidad es que el goteo de cierre de salas y pantallas es constante. En 2010, Cataluña tenía 138 cines con 746 pantallas y un aforo de 170.868 butacas. Con las cifras de 2016, los locales habían descendido a 111, las pantallas a 658 y el aforo se plantó en 136.237, según las estadísticas segregadas de Cataluña de la Asociación para la Investigación de Medios de Comunicación (AIMC) que hace una radiografía anual del sector cinematográfico. Pese a ese descenso, Cataluña sigue siendo la comunidad con más pantallas de cine que cada día se iluminan de España.

Las estadísticas que realiza el Gremio de Empresarios de Cines de Cataluña —que agrupa al 80% del total de pantallas del territorio— ponen en evidencia los malos tiempos que ha pasado el sector cinematográfico por la crisis general y por el impacto del IVA en particular. Si en 2010 los espectadores fueron algo más de 20 millones, dos años más tarde habían bajado a 18,3 millones. El 21% del IVA se hizo notar en 2013 cuando la cifra se plantó en 15,6 millones. La negativa evolución se ha empezado a corregir desde 2014 con 17 millones de espectadores hasta llegar a los 18,9 del año pasado, de los que algo más 14 millones fueron de Barcelona y provincia, que es donde se concentran 76 de los cines que tenían actividad en 2015, de acuerdo con los datos del Instituto de la Cinematografía y de las Artes Audiovisuales (ICAA).

Los Comedia, la última crisis

Está todavía por ver qué pasará con la última sala en crisis de Barcelona, los cines Comedia. Son los únicos que quedan en el Passeig de Gràcia, en una de las esquinas más codiciadas; enfrente tiene a H&M, al otro lado de la Gran Vía, Zara, y en la última esquina pronto abrirá la cadena japonesa Uniqlo. El edificio que acoge los Comedia tiene comercios en los bajos pero no puede transformarse íntegramente porque tiene calificación urbanística de equipamiento. Fuentes del sector apuntan que un empresario exhibidor negocia con el actual gerente de la sociedad Espectáculos SL, José María Padró, para explotar las salas que continuarían con su actividad. De momento, la sociedad ha presentado concurso de acreedores y la propiedad ha instado el desahucio por impago de alquileres.

Un equipo de arquitectos sigue trabajando en el proyecto de modificación del interior del edificio y mantiene reuniones con el distrito del Eixample aunque, de momento, no han solicitado licencia de obras. De todos estos aspectos no ha sido posible hablar con los gestores de los Comedia pese a los intentos de este periódico.

A menos público, menos taquilla. La ecuación no falla y la recaudación de todos los cines de Cataluña ha pasado de los 130 millones en 2010, 90 en 2013 y 100 el año pasado, volviendo con los datos del gremio en el conjunto de Cataluña.

Así las cosas, no es de extrañar que en no pocas sesiones de los cines las salas estén medio vacías aunque también es cierto que las promociones, descuentos y, sobre todo, los días de las Fiestas del cine han animado a más espectadores a ver las películas en pantalla grande. En la ciudad de Barcelona han cerrado una decena larga de cines en los últimos años: el Urgell, los Lauren de Sant Andreu y Gràcia, el Alexandra, Novedades, Niza, Renoir Les Corts, los Maremágnum, Casablanca o el Palacio del Cinema.

Sin embargo, también se han producido aperturas y nuevos proyectos que están dando buen resultado, como los Texas —que esta semana han expandido el negocio a la ciudad de Valencia—, la apuesta del Phenomena que reconvirtió el viejo cine Nápoles en una espléndida nueva sala o el Zumzeig que lucha por seguir adelante ahora en formato cooperativo. “Desde el sector de los exhibidores y distribuidores se está haciendo un esfuerzo importante. Y si se hiciera una media del precio de las entradas, el promedio no va más allá de los seis euros, aunque en las grandes ciudades como Barcelona es más caro”, apunta Eduardo Escudero, de los cines Verdi. Unas salas, en el barrio de Gràcia, que han pasado página a su annus horribilis en 2014 y han incrementado el número de espectadores un 5% en el último año desde la entrada de los nuevos gestores de la productora A Contracorriente Films. “Hay que hacer un esfuerzo adicional para atraer a nuevos públicos, especialmente con los niños y las sesiones matinales escolares que hacemos van muy bien”, asegura.

Otro grupo empresarial que nota la recuperación es el Balañá que en Barcelona tiene 8 cines y 63 pantallas y que apostó por abrir los Balmes Multicines en 2013. Desde la compañía apuntan que el año pasado tuvieron un incremento de un 7% de espectadores. Los Cinesa, con 10 cines en la capital, no concretan la evolución de sus espectadores, pero explican que los planes de la compañía —adquirida por la AMC Theatres, una de las mayor empresas cinematográfica del mundo— es invertir mucho más en el negocio.

La subida del IVA, el ajuste de gastos por la larga crisis, el coste de la digitalización de las salas y el impacto de las plataformas de televisión y las múltiples posibilidades de ver cine de otras maneras y a la carta. “Probablemente es una suma de factores, no uno solo, lo que ha sumido al sector en una situación muy difícil”, reconoce Montse Majench, directora de la Academia del Cine Catalán que subraya que el problema de cierre de salas es más grave, todavía, en las localidades pequeñas y medianas del resto de Cataluña. “Los jóvenes ya no van al cine como lo hacían los de anteriores generaciones porque con las plataformas como Netflix, Filmin y otras han sustituido el hábito del cine en pantalla grande”, añade.

Una crisis del sector que se acusa, todavía más, cuando el foco se pone en la visibilidad del cine en catalán en las carteleras de cine que no llega ni al 1%, tal como recordó la presidenta de la Academia, Isona Passola, en la última gala de los Gaudí. Es en ese segmento en el que la Academia centra sus esfuerzos: “estamos muy contentos del resultado que dio el año pasado del ciclo Gaudí para acercar el cine en catalán a ciudades medianas y conseguimos que 6.000 personas vieran cuatro cintas en catalán el año pasado en 12 ciudades de la provincia de Barcelona. Ahora, a partir de abril, lo repetiremos ampliando el foco a 33 salas del resto de Cataluña para acercar el cine en catalán a la gente”.