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El salón de té Embassy en Madrid cierra por no poder pagar el alquiler

El emblemático local de la Castellana se clausura tras 86 años abierto

Cafetería y salón de té Embassy en el Paseo de la Castellana 12. Ampliar foto
Cafetería y salón de té Embassy en el Paseo de la Castellana 12.

Si las paredes del Embassy hablaran tendrían muchos secretos de Estado que contar. El histórico salón de té inaugurado en 1931 por la irlandesa Margarita Kearney Taylor en el Paseo de la Castellana fue un lugar clave en la Segunda Guerra Mundial por facilitar la salida de judíos hacia Portugal. Debido a su ubicación entre embajadas era un lugar donde los diplomáticos siempre se dejaron caer. Y las señoras mayores en busca de la famosa tarta de limón. 

Las puertas de este restaurante se cierran ahora para siempre, pero con la intención de buscar un nuevo local con un alquiler más barato, sostiene Adriana Rivera, responsable de Comunicación del establecimiento. La reestructuración contempla el despido de más de 50 personas, según la información que manejan los empleados.

Este miércoles, a la hora de comer, el Embassy era un hervidero. “Creo que hoy la gente ha venido por el cariño, más que por la comida”, comentaba una de las camareras. La dirección del restaurante ha pedido al personal que no haga declaraciones sobre el cierre, por lo que ninguno quiso dar su nombre.

Un empleado afirma que el lunes pasado les entregaron a decenas de trabajadores una carta donde se les notificaba la intención de la empresa de llevar a cabo un ERE. “En la mía decía: ‘Va a haber despidos entre los que se encuentra usted”, asegura. El 24 de marzo se inició el periodo de consulta para las negociaciones, que el personal prevé que terminarán a mediados de abril.

Mientras salían los escalopes, las cervezas y los pasteles, en la mayoría de las mesas se comentaba el cierre. “¿Dónde puedo firmar para impedirlo?” se preguntaba Juan Arias, 68 años, quien compartía mesa con siete señoras que no podían creer la noticia. “Es un clásico de Madrid, ya no quedan sitios como este. Es como que cierren el Lhardy”, planteaba Arias.

Ginés Sánchez, de 72 años y dueño de un restaurante cercano, no fue a comer al Embassy, solo a preguntar si era verdad lo del cierre. “El primer vino que tuve en mi restaurante me lo prestaron los dueños de este local”, recuerda. De joven venía a ligar y, si le iba a bien, terminaba merendando los famosos emparedados del local. “Una vez con un amigo nos pusimos a hablar con Norma Duval. Este sitio es muy especial para mí”, concluye.

Suena el Noelia de Nino Bravo, mientras los empleados, visiblemente emocionados, atienden las mesas y reciben muestras de cariño. “Ha sido un privilegio trabajar en este lugar. Yo quiero morir siendo Embassy, pero es muy difícil currar sabiendo que esto se acaba”, explica una de las despedidas. Otra añade: “Es que además de perder el trabajo, perdemos a la gente”.

Emilio Honrado, de 64 años, frecuenta el restaurante hace décadas. Ahora viene solo, pero durante 40 años se sentó con su madre en la misma mesa de la segunda planta. “Es una familia más del barrio. Hay lazos muy bonitos entre el personal y los clientes. Muchos han ido a los funerales de los que ya no están”, destaca. Además, remarca que tiene un valor histórico muy relevante. "En la casa de miss Taylor [la fundadora], se refugiaron muchos judíos. La pastelería era un punto de referencia para ellos".

En un comunicado remitido a Efe, Embassy asegura que "en ningún momento se ha planteado el cierre", aunque explica que están buscando alternativas "que permitan seguir ofreciendo" sus servicios a los clientes habituales y al resto de vecinos de Madrid.

"La crisis económica que ha atravesado nuestra economía, y de forma muy directa en nuestro sector, ha contribuido a que esta empresa esté buscando cambios en el modelo de negocio que actualmente desarrolla", indica el escrito.

La empresa también cuenta con una cafetería en el barrio de Aravaca con un espacio destinado a la venta de productos y con otras dos tiendas, una de ellas ubicada en La Moraleja (Alcobendas) y otra en la calle Potosí número 8, en el distrito de Chamartín de Madrid capital.

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