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Madrid, única gran capital europea fuera de la lista de Patrimonio Mundial de la Unesco

España es el tercer país con más presencia, pero ningún monumento o espacio de la ciudad ha sido candidato en 35 años

Fachada principal del Museo del Prado.

En la lista de Patrimonio Mundial de la Unesco hay 1.052 bienes culturales y naturales de todo el planeta, y ninguno es de la ciudad de Madrid. La ausencia llama la atención porque España es el tercer país con más lugares registrados (45), solo por detrás de Italia e India, y porque todas las grandes capitales europeas están representadas. Salvo Madrid. ¿Faltan monumentos o espacios merecedores de entrar en este cuadro de honor? ¿Existen pero no se han promocionado lo suficiente? ¿Qué ha fallado hasta ahora?

En realidad, Madrid ni tan siquiera ha estado nunca cerca de pertenecer a este club, el más prestigioso a la hora de reconocer la excepcionalidad y universalidad de un lugar. En 35 años, ningún edificio o espacio de la capital ha sido propuesto por España como candidato ante la Unesco porque hasta hace solo dos no había rastro de la ciudad en la lista indicativa, una especie de sala de espera gestionada por el Ministerio de Cultura y compuesta ahora por 30 elementos de la que sale el aspirante anual. En enero de 2015, Patrimonio Histórico aprobó el ingreso del conjunto formado por el paseo del Prado y el parque del Retiro tras una iniciativa del Gobierno municipal de Ana Botella.

Entre los expertos consultados, la opinión es unánime: existe materia prima, pero ha faltado interés en las autoridades locales y regionales para tratar de hacerse un hueco en este catálogo. “Madrid tiene una historia milenaria y es una anomalía que no esté”, afirma el decano del Colegio Oficial de Arquitectos de Madrid (COAM), José María Ezquiaga. “Las administraciones no le han dado la importancia necesaria, y entrar ayudaría a proyectar la imagen de la capital como un destino de prestigio y a buscar un turismo de calidad. Se la ha visto como una metrópoli más que como una ciudad con un gran patrimonio, que lo tiene, en cantidad y calidad”, añade.

Entre los expertos hay consenso: existe materia prima, pero ha faltado interés en las autoridades locales y regionales para tratar de hacerse un hueco en este catálogo

El Palacio Real, la Plaza Mayor, el Templo de Debod, el eje del Prado, el Parque del Retiro, el hipódromo de la Zarzuela, el frontón Beti Jai… Las posibilidades que sugieren los expertos son variadas, aunque la dificultad para que España sume nuevas declaraciones resulta cada vez mayor por contar ya con tantas. Ahora mismo la única opción es el espacio Prado-El Retiro al ser la incluida en la lista indicativa. “Estamos trabajando con Cultura en el expediente definitivo, pero todavía en una fase muy preliminar. No sabemos cuándo lo tendremos listo para aspirar a ser candidatos oficiales”, comenta la directora general de Patrimonio Cultural del Ayuntamiento, Marisol Mena.

Algunas voces advierten, sin embargo, de que la decisión más inteligente sería el hipódromo de la Zarzuela, una obra de los años 30 que aún hoy sigue siendo una referencia internacional por la cubierta de la tribuna. “Se convertiría en el primero del mundo dedicado al deporte y, además, le beneficiaría el hecho de que España apenas tiene reconocidos lugares del siglo XX. La veo una apuesta más redonda, con menos competencia”, explica el impulsor de la idea, Fernando Espinosa de los Monteros, presidente de la Asociación Española para la Protección del Patrimonio Arquitectónico del siglo XX y gran conocedor de las normas no escritas que rigen el proceso de elección. Él es vicepresidente de un comité científico de ICOMOS, la ONG encargada de examinar todas las aspirantes culturales de los cinco continentes.

La emblemática tribuna del Hipódromo de la Zarzuela.
La emblemática tribuna del Hipódromo de la Zarzuela.

También desde la Comunidad, sin despreciar al Prado-El Retiro, hacen énfasis en las ventajas del recinto hípico: "Sería una novedad, la oportunidad es clarísima", añade la directora general de Patrimonio, Paloma Sobrini. El primer paso es inscribirlo en la lista indicativa, un trámite –“no demasiado exigente”, según la responsable cultural- en el que ya está trabajando el Ejecutivo autonómico con Patrimonio Nacional, el propietario de la Zarzuela. Mientras, Marisol Mena, del Ayuntamiento, dice que conoce la iniciativa, pero sin más detalles, y que su departamento está centrado en el Prado-El Retiro.

El espacio paseo del Prado-El Retiro aspira a ser candidato en los próximos años, aunque algunas voces advierten de que el hipódromo de la Zarzuela tendría más posibilidades

Sea una u otra, el camino hasta el ingreso en la lista de la Unesco (donde ya están en la región el Monasterio y Sitio de El Escorial, la Universidad y el barrio histórico de Alcalá de Henares, y el paisaje cultura de Aranjuez) es largo, lleno de filtros muy exigentes y, probablemente, no exento de presiones políticas. Sobre todo, en la carrera nacional para elegir a la candidata española (cada país solo puede presentar un bien cultural por curso). “Todas las aspirantes se lo merecen por causas objetivas, y a partir de ahí influye la política. En la decisión toman parte las comunidades autónomas”, desliza Espinosa de los Monteros. La directora general de Patrimonio del Ayuntamiento, Marisol Mena, admite que “hay que hacer un doble trabajo: técnico y de relaciones institucionales” mientras fuentes del Ministerio de Cultura aseguran que el proceso tiene “un marcado carácter técnico”.

Un rincón del paseo del Prado.
Un rincón del paseo del Prado.

Superado el escollo nacional, con o sin política, a Madrid le quedaría la competencia internacional, tan dura o más que la anterior porque, de media, hay unas 150 aspirantes anuales y solo ocho o diez son aprobadas. “Conozco bien a la Unesco, he trabajado para ellos, y es imprescindible la unidad entre las administraciones, el rigor y la seriedad”, afirma el decano de COAM, José María Ezquiaga. Cada candidata recibe la visita de un miembro de ICOMOS, que pone la lupa en cada detalle para redactar una recomendación a favor o en contra, y a quien los anfitriones tratan de tener lo más contento posible. “Te dan toda la información que pides, te hacen la pelota, te invitan a todo, viajas en business…”, cuenta Espinosa de los Monteros, que como cargo de esta ONG le toca examinar lugares de otros países (nunca España). ¿Hay intentos de soborno? “No es lo habitual, pero a veces ocurre. A mí nunca me ha pasado. Nosotros evaluamos sin pasión”, añade.

El camino hasta el ingreso en la lista de la Unesco es largo, lleno de filtros y, probablemente, no exento de presiones políticas

El veredicto final tiene lugar en la Asamblea General de la organización (este 2017 es en julio en Cracovia), donde, según Espinosa, se produce una puesta en escena de la geopolítica mundial: “Cada país finalista [alrededor de 25] defiende su candidatura y luego el resto de Estados puede preguntar, repreguntar e interpelar; ahí se ven las alianzas, las enemistades, los bloques, los intereses… es como una elección de la sede olímpica”.

“Madrid no ha tratado muy bien el patrimonio”

“En realidad, no pasa nada por no estar en la lista de la Unesco”, indica Miguel Ángel Troitiño, catedrático de Geografía Humana en la Complutense y director del expediente Cuenca Patrimonio de la Humanidad, aprobado en 1996. “En España ha habido una carrera por tener muchas cosas, las comunidades han presionado, pero a veces han primado más las motivaciones turísticas que las patrimoniales”, asegura. A su juicio, Madrid no ha tratado muy bien el patrimonio en el último siglo. “Hasta 1985 no sacó adelante su primer plan de protección. Desde la Guerra Civil y hasta los primeros ayuntamientos democráticos, este asunto no fue una prioridad”.

En la misma línea, pero mucho más contundente, habla Álvaro Bonet, vicepresidente de Madrid, Ciudadanía y Patrimonio, una entidad que agrupa a una veintena de asociaciones y que en los meses recientes ha denunciado la destrucción, el abandono o el peligro de pérdida de varios edificios emblemáticos, como la Casa Guzmán, el Taller de Artillería o las cocheras de Cuatro Caminos. “La ciudad sufre dejadez y ofrece un aspecto cutre. Falta autoconciencia, está muy poco estudiada y es un lugar que se tiene en poco. En especial, las épocas de Gallardón y Botella han sido funestas”, denuncia. Desde el Palacio de Cibeles, a pesar de la distancia política con sus predecesores, rebajan el tono y la crítica. “Yo no sería tan tajante”, apunta la directora general de Patrimonio Cultural del Ayuntamiento, Marisol Mena. “Siempre se ha hecho una labor. Durante la crisis hubo menos inversión, pero ahora se ha recuperado”.

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