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El sonido de la arquitectura

El Arts Santa Mònica expone el proyecto de Cataluña para la última Bienal de Venecia

Dos de las personas que viven en la Torre Julia de Barcelona, en el documental de Lacuesta.

Isaki Lacuesta no solo es un reconocido director de cine con películas como La propera pell, premiada en la pasada edición de los Gaudí de cine como la mejor película catalana rodada en catalán. También es un comisario de exposiciones como Aftermath. La arquitectura más allá de los arquitectos el proyecto realizado junto a los arquitectos Jelena Prokopljevic y Jaume Prat que presentó Cataluña en la pasada edición de la XV Bienal de Arquitectura de Venecia. Después de verse durante seis meses en la ciudad de los canales en el antiguo taller de reparación de barcos que acoge la presencia catalana cada dos años, la muestra ha atracado en el Arts Santa Mònica hasta el 26 de marzo.

La exposición, que ha tenido que adaptarse al nuevo espacio, menos alargado que la antigua atarazana veneciana, es eminentemente inmersiva ya que sumerge al visitante en siete intervenciones en edificios y espacios públicos y, sobre todo, los sonidos que se generan en su uso diario. Desde los cencerros de un rebajo de ovejas que pasean por la orilla del Llobregat que ilustran la recuperación medioambiental de este río realizada por Enric Batlle y Joan Roig que amenizan la visita; el trajín de enfermeras, médicos y pacientes del Hospital Transfronterizo de la Cerdanya, de Brullet-Pineda; la vida diaria de un enorme bloque de viviendas tuteladas para gente mayor como es la Torre Julia de Barcelona, realizada por Pau Vidal, Sergi Pons y Ricard Galiana; los cientos de alumnos que pasan a diario por el teatro Atlántida de Vic, una obra integrada en su entorno materializada por Josep Llinàs, Josep Llobet, Pedro Ayesta y Laia Vives; los usuarios y vecinos que utilizan el aparcamiento Saint-Roch de Montpellier, en Francia, de Marc Chalamanch, Miquel Lacasta y Carmen Santana; las personas que se benefician a diario del centro de la distribución de alimentos de Campclar, Tarragona, de NUA Arquitectures o el uso social de los vecinos de la antigua fábrica textil de Can Batlló.

El rebaño de ovejas que pasean por la orilla del Llobregat por la zona recuperada del río por Enric Batlle y Joan Roig.

Los siete proyectos dejan claro, según los comisarios, “la idea de que son edificios que mejoran la vida de los usuarios y las condiciones del territorio donde se implantan”. "Antes de optar por hacer una selección más amplia, hemos preferido centrarnos en conceptos, estrategias, materiales y usos para explicar una manera de hacer arquitectura que consideramos representativa de la condición actual de la arquitectura catalana", explicó Prokopljevic.

Las imágenes, grabadas por Lacuesta con el lenguaje de un documental clásico, filmando todos los puntos de vista posibles, durante todas las horas del día en cada uno de los edificios flotan en el aire al proyectarse en pantallas de vidrio traslúcido que cuelgan y que envuelven al espectador creando un recorrido por la exposición dejando clara la idea que defienden de que estos edificios son “organismos vivos”. La propuesta es innovadora, ya que sin planos ni maquetas se consigue comprender la idea arquitectónica de cada uno de los proyectos y cómo acaba siendo utilizada por sus inquilinos y usuarios.

La muestra, explicó Manuel Forcano, director del Institut Ramon Llull (IRL), fue vista en Venecia por 8.300 personas, un 3,2% de las 260.000 que visitaron la Bienal hasta noviembre pasado, después de cinco meses. “Sí que nos gustaría conseguir más visitantes, pero está en la línea de las anteriores convocatorias y todo el que visita el pabellón catalán es porque tiene interés en verlo”, explicó Forcano que recordó que la muestra tuvo un coste de casi 500.000 euros (el 6,5% del presupuesto total del IRL), más 160.000 euros de patrocinio privado, pero consiguió “dar visibilidad internacional y mostrar que Cataluña se implica en políticas de vivienda”.

El interés y la relación de Lacuesta con la arquitectura no son nuevos. En 2015 realizó Murs, banda sonora de la instalación cinematográfica, que reinterpretaba la arquitectura del equipo de arquitectos RCR a través de bucólicas imágenes acuáticas que pudo verse también en el Arts Santa Mònica. “Fue cuando conocí a Jaume y Jelena de los que he aprendido mucho, algo que no tiene precio”, explico el realizador premiado. “Espero que todo esto pueda repercutir en mis películas, ojala”, remachó.