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Un viaje en el espacio, en el tiempo y en el espíritu

Federico Frangi expone en Casa del Tíbet sus fotos de la India

El fotógrafo Federico Frangi, en su moto en el Himalaya.
El fotógrafo Federico Frangi, en su moto en el Himalaya.

Bajo la advocación viajera de Bruce Chatwin y la espiritual de Tenga Rinpoché, Federico Frangi ha recorrido buena parte de la India y los reinos y regiones del Himalaya. Lo ha hecho en una serie de viajes a lo largo de los años y, moderno Milarepa, a lomos de una motocicleta Royal Enfield. El resultado ha sido una riquísima experiencia que ha encontrado su expresión en fotografías de una belleza y profundidad conmovedoras. Ahora, Frangi expone un conjunto de esas notables imágenes en un lugar tan adecuado a su intensidad emocional como es la Casa del Tíbet de Barcelona.

Cerca de la maqueta del Potala y del gran mandala del centro, el fotógrafo habla de sus obras bajando la voz porque en la sala de al lado se imparte una clase de meditación. La exposición se titula Raíces y nubes y consiste en 32 fotografías seleccionadas de las que el artista y viajero tomó en su último viaje, en 2015, cuando recorrió India desde su extremo sur hasta el extremo norte, un trayecto de 10.000 kilómetros. Las imágenes muestran personas, paisajes y construcciones que dan fe de la enorme diferencia de culturas y escenarios del subcontinente, desde las gráciles muchachas con sari a los esforzados nómadas, los templetes a las tiendas tipo yurta, los bosques a las cumbres nevadas.

Mujer en la India.
Mujer en la India.

Común a todas las fotos es el misterio y la magia que emanan, y lo maravilloso de su calidad material al estar impresas sobre papel de arroz hecho tradicionalmente a mano en Nepal.

Frangi, de 42 años, diseñador argentino asentado en Barcelona desde 2004, sintió cambiar su vida al ver al Dalai Lama durante la visita de éste a la ciudad en 2008. “Empecé a practicar meditación y seguí las enseñanzas de Tenga Rinpoché”, explica el fotógrafo. “Todo ello me despertó las ganas de ir al Nepal, donde visité los monasterios”. Viajó también al Ladakh, que recorrió en motocicleta, retratando aquella región de profunda espiritualidad y paisajes grandiosos y a los nómadas de cultura tibetana. Ebrio de curiosidad, llegó hasta el Zanskar, otrora reino perdido. “Tuve varios accidentes, me caí y destrocé la moto, pero me ayudaron a llegar, exhausto, a Kargil para regresar a Delhi. Tras el viaje, al revelar, vi que había un material sorprendente, muy bueno”.

De sus aventuras fotográficas y espirituales en moto, que han incluido visitas a Sikkim y hasta la frontera de Bután, Frangi ha obtenido imágenes que han dado lugar a diversas exposiciones. Siempre realiza sus fotos con cámaras analógicas y luego digitaliza los negativos para copiarlos con tecnología digital de impresión sobre el papel de arroz artesanal lokta de Katmandú, consiguiendo una calidez asombrosa y unos delicados colores apastelados. Es difícil decir en que es mejor Frangi, si en los paisajes o los retratos. También muestra una gran maestría al fotografiar animales: el yak recortado sobre las cumbres, el carnero hierático, el caballo desapareciendo en el recodo de un camino

Precisamente el caballo de viento de la mitología budista, Lungta, da título al libro de artista del fotógrafo que compendia sus inquietudes y su trabajo.

“En el viaje las cosas se simplifican, mi caos y mis miedos desaparecen”, reflexiona Frangi. “Y tengo que volver allí, una y otra vez”