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COMER Y BEBER

Cuerpo sueco y alma tailandesa

El chef Andy Boman, criado en África, donde sus padres fueron misioneros, y curtido en cocinas de toda Europa, Tailandia y Australia, sorprende en Madrid desde El Flaco

El restaurante El Flaco, ayer.
El restaurante El Flaco, ayer.

El Flaco no es uno de esos lugares que se encuentran por casualidad. La calle de Javier Ferrero, en Prosperidad, es una zona de pabellones industriales fuera del circuito gastronómico. Aquí abrió su restaurante en 2016 Andy Boman, El Flaco,un apodo que le va como anillo al dedo. El motivo del emplazamiento es que allí estaba El Brote, aquel original restaurante dedicado a la gloria de las setas. Al cerrar, él heredó y adaptó a sus necesidades el pequeño y acogedor local, con la cocina a la vista al fondo y una barra en el centro.

Andy Boman es un chef viajero, criado en África, donde sus padres fueron misioneros, y curtido en cocinas de toda Europa, Tailandia y Australia. En Madrid fue fundador de Gingerboy, ha trabajado en el Simply Fabulous, en el Asiana y desde 2014 regentaba Amasia en Chamberí.

Datos básicos

Lo mejor... el curry verde de mar con albahaca thai, una auténtica delicia.

Lo peor... la ubicación, escondido en “la Prospe”, una calle fea, en un barrio que merece una visita.

Con quién ir... con esos amigos aficionados a la cocina fusión que se divierten probando sabores nuevos.

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Como cabe deducir desde el mismo nombre, para Boman El Flaco es “un proyecto muy personal”. Él mismo reconoce que es sueco de nacimiento “con corazón culinario tailandés”. Alguien definió la cocina de Boman como “asiática no domesticada”, y lo es aunque ha adaptado sus platos al paladar español que asegura que en general no acepta bien el nivel de picante de la gastronomía tailandesa. Es el caso del curry verde de mar con albahaca thai, su plato estrella, con toda justicia. Una auténtica delicia que pica de una forma maravillosa y considera la receta que mejor resume su personalidad a los fogones.

Ha retocado la carta y se ha caído, por ejemplo, su apreciadísimo satay de pollo, pero sigue contando con esas salsas a las que ha dedicado muchos años. El menú está basado en platos tailandeses, con fusión asiática como el tataki de lomo de buey con sésamo, soja, anacardos y hierbas asiáticas. Recetas como los langostinos de Valladolid con pasta de galanga revelan su interés por el producto nacional. El precio, unos 50 euros por cubierto, merece la pena.