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Sufrimiento en Anantapur

La reportera de Magnum Cirstina García Rodero expone 80 fotografías de una de las comunidades más vulnerables del mundo en Caixaforum-Madrid

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Tierra de sueños de Cristina García Rodero.

La ciudad de Anantapur, en el estado de Andhra Pradesh, es una de las zonas más pobres de la India, una tierra desértica en la que hacinan las comunidades más vulnerables del país y donde ser mujer significa ser una víctima hasta las fuerzas aguanten. Durante 45 días, la fotógrafa Cristina García Rodero (Puertollano, Ciudad Real, 1949) retrató la vida diaria de los habitantes de esta ciudad poniendo especial énfasis en las mayores víctimas: las mujeres y los niños. El resultado de ese viaje es la exposición Tierra de sueños realizada en colaboración con la Fundación Vicente Ferrer, una colección de 80 impresionantes fotografías que hasta el 28 de mayo se pueden ver en Caixaforum-Madrid.

García Rodero, primera profesional española ligada a la agencia Magnum, capturó sus imágenes en hospitales, talleres, escuelas, casas y centros de acogida de mujeres víctimas de malos tratos, “fui una sombra” explica “que les siguió sobrecogida por los lugares en los que viven. Quería documentar su vida y acepté entusiasmada el encargo de La Caixa, pero al llegar me di cuenta de que lo que tenía delante podía superarme. La parte positiva fue comprobar que, a través de lo que allí hace la Fundación Vicente Ferrer, estas personas saben que tienen derecho a vivir de otra manera, que la educación o la salud ya no es un tema de castas”.

Cristina García Rodero cuenta su viaje a Anantapur con una fuerte carga de emoción en su voz. Han pasado casi dos años desde que realizó el viaje, pero la experimentada reportera todavía conserva el impacto de los dramas que cada día tenía ante sus ojos. En las 60.000 fotografías que tomó con una cámara digital, pudo plasmar el día a día de la población. “Quise hablar de su religión, de la dureza de la tierra desértica, del suicidio. En el hospital vi que ingresaban muchas mujeres muy jóvenes que habían intentado suicidarse, de las que lo logran no tenemos cifras. Lo hacen porque allí una mujer es menos que nada y sus familias quieren desentenderse de ellas lo antes posible. A diferencia de África, donde se paga por una mujer, en India, el padre de la chica tiene que dar dinero por desprenderse de ella, de manera que los matrimonios se apañan cuando las mujeres son muy niñas y muchas de ellas no pueden superar el miedo”. Cristina Rodero añade que el desprecio a la mujer es tal, que si el bebé es niña, pueden acabar con su vida. “De hecho, en el hospital, piden que no se diga el sexo de la criatura en las ecografías”.

En el caso de las viudas, la situación de las mujeres empeora hasta extremos inimaginables. “Consideran que es una maldición, que trae mala suerte y que por su culpa ha muerto el esposo”, explica la fotógrafa. “Su destino es la muerte o la prostitución. En la ONG Vicente Ferrer han sido tratada por vez primera como alguien que puede tener esperanzas. Aprenden a encuadernar, a hacer jabones o lejías, y además les dan un techo y un dinero por su trabajo. Al igual que a las madres con niños enfermos que pueden atender a sus hijos y además ocuparse de otros internos con problemas similares”.

El resultado del viaje de Cristina García Rodero son unas sobrecogedoras imágenes realizadas en color que gracias a un delicado montaje se pueden ver los retratos relacionados entre sí, como si el drama que porta cada protagonista no fuera una historia aislada. Aunque la mujer tiene un gran protagonismo, los hombres también aparecen en las fotografías. La muestra arranca con el retrato de Shirvani, una niña engalanada para su boda, que porta un saco de arroz como garantía de que a la familia del novio no le faltarán alimentos. Siguen Tejasre y Prameela, de 10 y 12 años, representando una obra de teatro el 8 de marzo, festividad de la Mujer. También está Nandini, una pequeña albina que ha podido ser atendida en un centro de discapacidad visual.

Pero lejos de mover al sentimentalismo facilón, García Rodero ha optado por la belleza para presentar a sus protagonistas. No importa que el escenario sea un centro de Pediatría o un descampado en el que una cuidadora ayuda a los niños en su rehabilitación. El color y la composición logran imágenes de una hermosura insuperable. “Pese a su pobreza, de manera intuitiva mezclan los colores con una osadía exquisita. Al final, el resultado tiene que ser armónico y, sobre todo he querido que reflejen su esperanza”, concluye la reportera.

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