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EXPOSICIONES

La ‘eschermanía’ visita el Palacio de Gaviria

La exposición Escher se puede ver hasta el 25 de junio

La exposición Escher en el palacio de Gaviria.

Si uno traspasa la gran puerta del Palacio de Gaviria entra en un mundo que podría haber salido de la distorsionada mente del artista M.C. Escher. Si sabe por dónde meterse, pasadas las tiendas de electrónica y souvenirs turísticos, hay un amasijo de escaleras que suben y que bajan y que llevan a escondidas galerías llenas de negocios cerrados y un silencio espeso: la mayoría de los transeúntes que fuera generan el bullicio madrileño, a la altura del 9 de la calle Arenal, no saben de su existencia.

Ahora, además, la obra del propio Maurits Cornelis Escher (1898-1972) está aquí, expuesta en las dependencias del propio palacio que, eventos aparte, llevaba 10 años cerrado. De 170 años de edad, propiedad de los herederos de los fundadores, antes era un singular discotecón donde se bailaba entre los vetustos espejos y bajo las cúpulas y los frescos, como en una película de Paolo Sorrentino.

La exposición Escher, comisariada por Mark Veldhuysen, CEO de la M.C. Escher Company, y el coleccionista Federico Giudiceandrea, se puede ver desde este jueves hasta el 25 de junio, organizada por la empresa italiana Arthemisia que vuelve a Madrid animada por los buenos réditos que le dio la muestra Kandinsky, una retrospectiva en Centro Centro (200.000 visitantes).

Se muestran un par de centenares de obras (xilograbados, litograbados, etc.) que van desde la primeriza etapa italiana del artista hasta sus célebres imágenes de geometrías imposibles, infinitas cintas de Moebius, paradojas espaciales, espejos convexos, teselaciones y otras obras desconcertantes que, a través de los engaños de la percepción, revientan el cerebro del espectador. Son escaleras que suben a la vez que bajan, techos que son suelos al mismo tiempo. También se hace hincapié en su llegada a Granada. “Es en su visita a la Alhambra cuando su carrera da un giro y deja los paisajes para iniciar su obra más intelectual basada en la teselación”, dice Veldhuysen.

“La obsesión de Escher era llenar el plano”, explica el catedrático de Geometría de la UNED Antonio Félix Costa, “y en la Alhambra vio como se hacía”. Ahí es donde el artista empieza a abarrotar sus imágenes de aves, peces o mamíferos sin que quede un solo resquicio libre, en algunas de sus obras, incluso, los pájaros negros se convierten en peces blancos, como por arte de magia. “Escher estuvo en frecuente contacto con matemáticas e incluso pus temas de moda en el mundo académico”, dice el catedrático, “quizás este sea uno de los artistas donde más patente está la huella de las matemáticas y su belleza”. Un brillo creativo e intelectual que se combinaba con una inusual pericia manual. “Realizaba grabados muy complejos en los que errar en una sola línea ya significaba tener que empezar desde cero”, dice Veldhuysen.

Como colofón hay una curiosa sección dedicada a la que llaman Eschermanía, es decir, los rastros de la obra del holandés en la cultura popular: en portadas de discos de bandas como Pink Floyd o Bauhaus, en películas como Dentro del laberinto (con David Bowie) o Noche en el museo 3 (con Ben Stiller), en publicidad de Ikea o HSBC o en diversas prendas de ropa (falta el popular y mágico videojuego Monument Valley, de clara inspiración escheriana). En medio de todo esto Escher nos observa desde el reflejo del espejo curvo. “Ahí, reflejado en ese tipo de espejos, el artista era el centro del mundo”, concluye Giudiceandrea.

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