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Homenaje a Krahe

Un recuerdo risueño

En el culmen a la preciosa semana de homenaje en el Café Central, quedó claro que como Krahe solo ha existido Krahe.

Krahe en un concierto en 2013.
Krahe en un concierto en 2013.

¿También es usted de los que piensa que Javier Krahe era más poeta que cantor? Que le pregunten a Andreas Prittwitz, su eterno saxofonista y lugarteniente, que anoche sudó tinta para llevar a término La tormenta. Y eso que disponía de la letra en el atril. Andreas y los otros dos habituales del trovador, los no menos maravillosos Javier López de Guereña (guitarra) y Fernando Anguita (contrabajo), son mucho mejores cantantes que su añorado jefe. Pero anoche, como culmen a la preciosa semana de homenaje en el Café Central, quedó claro que como Krahe solo ha existido Krahe.

Ahora sabemos que en Madrid es Navidad porque restringen el tráfico en la Gran Vía y el mundo se divide entre carmenitas y carmenófobos, pero hubo un tiempo en que los indicios navideños en la ciudad eran otros: Álvarez del Manzano malograba villancicos en la Plaza Mayor y Javier se hacía fuerte en el Café Central. El trovador de verbo raudo e ingenio afrancesado no era tradicional ni religioso, pero sí hombre de costumbres. Y desde que en julio de 2015 se nos marchara con la música a otra parte, los amigos han querido honrar su memoria haciendo justo aquello que él más disfrutaría si la parca, siempre tan inoportuna, no le hubiera llamado a la puerta con tanta prisa.

"La muerte no me llena de tristeza / Las flores que saldrán por mi cabeza / algo darán de aroma", recordó Anguita con 'El cromosoma'. La de ayer no fue elegía compungida, sino recuerdo risueño. Y repleto de cómplices. Como Federico Lechner, pianista exquisito que se desató frente al micrófono con una lectura despepitada de Si lo llego a saber. O la actriz Eva Hache, puro desparpajo con El bufón, la princesa y la bola. O Javier Romero, capaz de emular hasta el monólogo introductorio de Eros y civilización. De Guereña ofreció una pieza inédita, Coplas patéticas, que remata así: "Cualquier tiempo pasado fue mujer". Un buen epitafio para el gran maestro.

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