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El valor, en euros, de Sijena

Las monjas tendrían que pagar más de 1,7 millones por los 97 bienes y las pinturas, si la justicia les acaba dando la razón

Pinturas de la sala capitular del monasterio de Sijena expuestas en el MNAC.

Más allá del valor de culto que tienen los objetos religiosos, las obras de arte de la iglesia adquieren un valor económico desde el momento en que entran en el mercado del arte. En el caso de los 97 bienes del monasterio oscense de Sijena por los que litigan Aragón y Cataluña su valor está claro: el que pagó la Generalitat en 1992 y el MNAC en 1994 a las monjas sanjuanistas; unas cantidades que, actualizadas, tendrían que abonar las religiosas si la justicia les acaba dando la razón en última instancia.

En las sentencias emitidas por dos juzgados de Huesca no se menciona este valor económico ni su compensación, pero desde el Gobierno catalán aseguran que al tratarse de una operación de compraventa “se tendría que restituir el importe correspondiente”, aunque sostienen que “no se analizará este escenario hasta que haya una sentencia firme en los dos casos”. La cifra a pagar sería superior a los 1,7 millones de euros, según cálculos de este diario.

Las enajenaciones de los 97 objetos se produjeron en tres momentos: en 1983 se pagaron 10 millones de pesetas por 44 piezas que se depositaron en el Museo de Lleida; entre ellas, las tres tumbas de madera policromada del siglo XV valoradas en ocho millones. En 1992 se pagaron otros 25 millones de pesetas por 12 objetos que la Generalitat compró y depositó en el Museo Nacional de Arte de Cataluña (MNAC); entre ellas, dos puertas de madera pintada con escudos del siglo XIII por las que se pagaron 18 millones de pesetas. La tercera compra la realizó el MNAC en 1994 tras pagar 14,8 millones de pesetas por 44 objetos, entre ellos dos fragmentos de pintura mural de Mateu Ferrer del siglo XVI valorados en 8,2 millones. En total: 49.855.000 pesetas (299.634 euros), que actualizados según el cálculo hecho a partir de los índices del Instituto Nacional de Estadística (INE) ascenderían a 632.477 euros.

Dos condiciones para devolverlas

Bellas Artes autorizó en febrero de 1951 arrancar las pinturas que permanecían en el monasterio de Sijena y restaurar las extraídas en 1936. En el documento se pide a Ainaud que "todas quedarán bajo la custodia de la diputación provincial oscense hasta el momento en que restaurado el monasterio se trasladen al mismo". En julio, Ainaud responde a Huesca: "El ayuntamiento siempre estuvo dispuesto a devolver las pinturas que primero quedaron a la intemperie y luego se salvaron de la destrucción por descomposición de la cola". Y prosigue: "No veo posible gestionar la entrega a Huesca de las referidas pinturas sin que existan dos condiciones previas: que se reintegre totalmente al Ayuntamiento los gastos por él realizados... y que en el momento de efectuar el traslado se halle construida en Huesca o donde fuere una sala que tenga las mismas dimensiones, puesto que de lo contrario es imposible garantizar la conservación del conjunto".

65 años después de la carta, siguen sin darse las condiciones ya que la sala capitular de Sijena no ha solucionado los problemas de humedades y filtraciones de agua. Desde septiembre, el gobierno de Aragón trata de solucionarlo con una reforma de urgencia en la que invierte 250.000 euros.

¿Y las pinturas murales? En el otro pleito que enfrenta a Cataluña y Aragón no existe un valor económico fijado, porque las pinturas no se llegaron a comprar. Sí existe, desde diciembre de 1992, un contrato de comodato —firmado el mismo día en que se cerró la compra de los objetos, algo que explica el alto precio que se pagó por ellos—, entre las monjas y la Generalitat para exhibirlas, en el que no estipula un precio. Durante el juicio celebrado en Huesca el MNAC aportó un documento (que la juez no aceptó y que es objeto de recurso) en el que se “acreditaba que el valor de las pinturas era incalculable, pero en todo caso superior al millón de euros”.

Existe una valoración de los trabajos de arranque en 1936 y el traspaso e instalación de las pinturas realizados en los años cincuenta del siglo XX. En el Arxiu Nacional de Catalunya (ANC) se conservan documentos de Joan Ainaud de Lasarte, director de los Museos de Arte entre 1948 y 1985, sobre este asunto. En agosto de 1949, tras recordar que hubo que arrancar las pinturas —especificando que las de la iglesia y otras dependencias no se extrajeron por hallarse bajo techado— pide al Ayuntamiento que apruebe un presupuesto de 118.000 pesetas (resultado de multiplicar 900 euros de media por los 132 metros de pintura) para traspasarlas “ya que la clase de cola empleada en el arranque se pudre con el tiempo”.

El técnico asegura que la Dirección General de Bellas Artes ha dado permiso con la condición de que “el Ayuntamiento costee el traspaso e instalación de dichas pinturas” y que si “un día se llegase a restaurar el monasterio y se juzgase imprescindible instalar en él las pinturas, el Ayuntamiento sería indemnizado de tales dispendios”.

En julio de 1951, en una carta dirigida a la Diputación de Huesca, Ainaud añade a esta cifra dos conceptos más: 125.287 pesetas por los gastos de arranque y traslado en 1936, incluyendo jornales y materiales, y otras 90.792 pesetas por los gastos del montaje de las pinturas traspasadas a los arcos. En total 334.079 pesetas. Una cantidad que, estableciendo el mismo cálculo anterior, según el INE, sería de 113.348 euros actuales.

Todos estos conceptos arrojarían una cifra superior a los 1,7 millones de euros. A este montante habría que sumar otra cantidad. El MNAC, según fuentes cercanas al museo, está valorando el coste de la conservación, exposición y seguridad de las pinturas murales desde que se exhiben hasta ahora, para que, en el hipotético caso de que se tengan que entregar a Aragón, se compense.