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Nueve ONG se organizan para frenar la muerte de miles de aves en los tendidos eléctricos

Un centenar de aves fueron ingresadas en 2015 en centros de recuperación de la región

Un águila perdicera electrocutada cuelga del apoyo de un tendido eléctrico.
Un águila perdicera electrocutada cuelga del apoyo de un tendido eléctrico.

Un centenar de aves, varias de ellas de especies protegidas, fueron ingresadas en 2015 en centros de recuperación de la región electrocutadas tras chocar con postes y cables del tendido eléctrico. En toda España se contabilizan unos 7.000 ejemplares afectados al año. “Son solo la punta del iceberg”, advierten nueve grupos ecologistas que presentaron la semana pasada la plataforma SOS Tendidos Eléctricos. La ONG Grefa denuncia que en Madrid aún no han sido definidos los ámbitos de protección, como exige la normativa estatal.

Águilas reales, culebreras o de Bonelli; milanos negros; cigüeñas o búhos reales, son algunas de las especies afectadas. “Se calcula que al menos varias decenas de miles de ejemplares mueren cada año en España debido a los tendidos eléctricos”, explica el Real Decreto de 1432/2008, que regula las acciones para frenar el problema.

Los casos que se detectan son una mínima parte de los que realmente se producen, advierten las nueve organizaciones ecologistas miembros de la plataforma SOS Tendidos Eléctricos. En numerosas ocasiones los animales caen al pie de las torretas y desaparecen al poco tiempo por la acción de depredadores oportunistas como los zorros. Los conservacionistas piden a las eléctricas que adopten las correcciones necesarias en las infraestructuras.

La región madrileña, añaden desde el Grupo de Recuperación de la Fauna Autóctona (Grefa), aunque ha tomado medidas puntuales, acumula siete años de retraso en la identificación de áreas conflictivas. Fuentes de la Consejería de Medio Ambiente responden que existen Zepas (Zonas de Especial Protección de Aves), una de las figuras que contempla el decreto. “Pero faltan otros ámbitos, como las zonas donde se desarrollan planes de recuperación de aves y otras áreas de reproducción, alimentación y dispersión”, reprochan desde la ONG.

El caso del águila perdicera o de Bonelli, considerada especie en peligro de extinción en la Comunidad, es dramático, explican los ecologistas. Uno de los miembros de la única pareja reproductora asentada hace unos años se electrocutó a dos kilómetros del nido. El ejemplar fue hallado muerto gracias al emisor que llevaba. De las 38 águilas de esta especie liberadas en Madrid por Grefa dentro del programa europeo de recuperación de la especie Life Bonelli, seis han caído electrocutadas. Del resto de especies protegidas, a principios de este año se electrocutaron en el sureste un águila imperial y otra perdicera.

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