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ANÁLISIS

Los pájaros

La sesión de control al 'Govern' es la más anodina e insustancial de lo que llevamos de legislatura

El 'president' Carles Puigdemont, durante la sesión de control al 'Govern'. EFE

“¡Comienza la sesión!” ha anunciado la presidenta del Parlament, Carme Forcadell, con esa determinación de la gente a la que le gusta mandar, y así se ha puesto en marcha la sesión de control al Govern más peñazo, más latazo, más anodina, más insustancial, mas ruedihamsterizada, más ruinosa a fuerza de desgastados pretextos, trucos y triquiñuelas, más descreída de sus propias falsedades, más alicaída por la inminencia del veraneo, más desgastada por la incapacidad no ya de inventar sino de creer, en resumen, más inútil de todo lo que llevamos de legislatura, y puede que de historia universal en fascículos coleccionables. No es que lo que pase dentro del hemiciclo esté alejado de la realidad, es que ha creado su propia realidad y ha acabado dependiendo de ella para existir. Pero no es lo mismo siete millones y medio de existencias que 135 existencias. Lo pequeño es hermoso, lo dijo Schumacher, pero también dicen las marías en los encantes que lo pequeño aprieta. Y eso es lo que se ha confirmado este miércoles, que el Parlament le viene pequeño a la sociedad. O por decirlo de otra manera: no da la talla.

No da la talla porque cada vez que la oposición le pregunta a un conseller por algo de falta de camas en hospitales, de familias en la calle, de trabajar en condiciones..., la respuesta es sistemáticamente la misma: compartimos el análisis, el diagnóstico, y actuar es una prioridad del Govern, y estamos en ello, pero es que España no nos deja. Esto, cuando se les interpela desde la izquierda. Ante el resto, derecha y epicenos, se va directo a la descalificación sin necesidad de compartir moralmente nada. Porque, por supuesto, se trata de una cuestión moral. No es lo mismo luchar por un mundo más justo para poder comer cada día que luchar por un mundo más justo para poder dormir por las noches. La mentira se ha instalado en el tuétano de las palabras, y por eso cuando, ante la denuncia de una injusticia, los consellers responden que comparten el análisis engañan de una manera profundamente moral, pues lo que comparten no es el análisis sino la descripción.

La política descriptiva es a la política analítica lo que un taxidermista a un ornitólogo. Taxidermismo es reparar en que esta mañana, la misma en que ha muerto el Lebrijano (cantaor gitano, que en 1976 sacudió el flamenco con el disco Persecución, donde cantaba la persecución secular de su pueblo), el cantautor Lluís Llach (diputado por JxSí) haya interpelado a la consellera de la Presidencia y miembro de su grupo parlamentario, Neus Munté, para denunciar la persecución de la que es objeto el proceso. Ornitología es cazar al vuelo las palabras del conseller de Empresa y Conocimiento, Jordi Baiget, a la diputada de CSQP, Hortènsia Grau, cuando esta le ha pedido que se moje respecto a las energías renovables, y el conseller ha dicho que la autocrítica tenían que hacérsela “todos, pero todos, ¿eh?, el Govern y toda la sociedad”. Pero es que hay políticos que creen no tener la sociedad que se merecen. Los de derechas de toda la vida.