Selecciona Edición
Entra en EL PAÍS
Conéctate ¿No estás registrado? Crea tu cuenta Suscríbete
Selecciona Edición
Tamaño letra

Un museo hecho con humor (gráfico)

Un colectivo de dibujantes y estudiosos lanza la web Humoristán para preservar y difundir 150 años de cáusticas viñetas

Un dibujo de Opisso expuesto en Humoristán.
Un dibujo de Opisso expuesto en Humoristán.

A falta de ese Centro de las Artes del Cómic y la Ilustración que, como mínimo desde 2009, su gestación es inminente cada año según la Generalitat, el humor gráfico, toda pieza de carácter humorístico dibujada, sí tiene ya su museo para mostrar, preservar y difundir su patrimonio. Será mejor que un espacio físico: está en la red, se llama Humoristán y es fruto del empuje y la labor, sin ayudas institucionales, sin publicidad ni (de momento) patrocinadores, de una veintena de dibujantes y expertos en la materia encabezados por la Fundación Gin, creada en 1997 en recuerdo del dibujante Jordi Ginés, Gin, y que, sin ánimo de lucro, promueve el humor gráfico.

“Si existe un museo físico, la mayoría de las piezas están en un cajón; aquí se puede acceder a todo, las 24 horas del día y los 365 días del año”, apunta el dibujante José Luis Martín, director general de la Fundación Gin, que ha destinado a Humoristán un presupuesto de 40.000 euros.

La cifra parece bien invertida: tras casi tres años de sorda labor, el museo online (quizá el primero de estas características en el mundo) ofrece ya más de 3.100 dibujos —muchos originales— a partir de 550 fichas de autores, publicaciones y series, desde finales del XIX hasta la actualidad. La web está ordenada por dibujantes, series y personajes y cabeceras y lo interrelaciona y enlaza todo. También a artículos, estudios y noticias.

Otro ámbito de la que está llamada a ser una web de referencia en el sector ofrece, como todo museo que se precie, un área de exposiciones. A las ocho hasta ahora existentes (sobre los 2.000 números de El Jueves; otra sobre Mingote, una tercera sobre clásicos del humor gráfico en Cataluña entre 1845 y 1939...) se irán añadiendo una cada mes, mayormente generadas por la propia web, pero el espacio también acogerá aquellas organizadas por instituciones o entidades y que hayan concluido su periplo en el mundo físico. “Se trata de que no se pierda toda una labor ingente una vez finalizada su exhibición”, apunta Jordi Riera, estudioso del cómic y uno de los miembros del equipo de redactores de Humoristán, junto a otros sabios del género como el periodista Josep Maria Cadena, el director de contenidos del Salón del Cómic de Barcelona, Antoni Guiral, el estudioso de la prensa catalana Lluís Solà i Dachs o el dibujante Jaume Capdevila, Kap.

La calidad del elenco al frente de la web-museo explica en buena parte la voluntad casi institucional de Humoristán de “recuperar también textos y artículos históricos relacionados con el tema y de ir a buscar el patrimonio de colecciones particulares y de herederos para escanearlo y difundirlo”, dice Riera. El resultado es que el museo ofrecerá bastante material inédito: en esa línea, se trabaja ahora con los herederos de Escobar, que han hallado dibujos inéditos del padre de Carpanta. Así, entre las exposiciones ya colgadas se encuentra, por ejemplo, una del coleccionista de originales, especialmente de TBO, Lluís Giralt.

La labor es ingente: cada mes se prevé incorporar 70 fichas, cada una con entre 10 y 15 imágenes de cada autor y su correspondiente información, así como una decena de artículos divulgativos o académicos. A todo ello se puede acceder con una tecnología pareja a la de los grandes museos para contemplar su pinacoteca: una aplicación permite acercar la imagen en máxima resolución. Los dibujos, sin embargo, no se pueden capturar; la web tampoco comercializará nada: “Los derechos son de cada autor o sus legítimos herederos; faltaría”, zanja Martín.

Humoristán significa “país del humor”, por lo que la web-museo no tiene fronteras: se ofrece en catalán y castellano e “inicialmente habrá más autores catalanes y españoles, pero nos abrimos ya a creadores internacionales, en especial si han publicado en España, como el padre de Mafalda, Quino”. Colaboran ya con la Biblioteca de Catalunya, el Instituto Quevedo del Humor, El Jueves o el Archivo Histórico de la Ciudad de Barcelona. La lista de espera para ingresar en ese país es, hoy, de 2.500 autores, personajes, series y publicaciones. “Sí, es mucho trabajo, pero va saliendo y eso ya queda ahí y se verá para siempre”, dice Martín. Así se hace un museo.