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ÓPERA

De Kansas vengo

La 'mezzosoprano' estadounidense Joyce DiDonato muestra un gran acierto expresivo con la canción española en el Liceo

Joyce DiDonato (imagen de archivo) fue musicalmente española en el Liceo. Ampliar foto
Joyce DiDonato (imagen de archivo) fue musicalmente española en el Liceo.

Lo raro no es que una cantante extranjera incluya el repertorio español en sus recitales; desde hace décadas, divas de todo el mundo han interpretado y grabado, por ejemplo, obras de Falla y Montsalvatge. Lo raro es hacerlo con el grado de identificación y acierto expresivo que la mezzosoprano estadounidense Joyce DiDonato mostró el viernes en el Liceo. Incluso se atrevió con la zarzuela —y salió airosa— abriendo la velada con la canción española de El niño judío, de Pablo Luna, De España vengo; fue el punto de partida de un recital en el que la famosa diva de Kansas y el pianista Craig Terry, nacido en Tennessee, demostraron que la música no tiene fronteras.

¿Zarzuela siendo oriunda de Kansas? Para DiDonato es la cosa más natural del mundo y así se lo explicó al público tras cantar con gusto y frescura la famosísima De España vengo: “Soy de España cuando la canto, también soy de Cataluña, o de Francia, también soy Shéhérezade, así es el maravilloso poder de la música”.

Joyce Didonato

Joyce Didonato, mezzosoprano, y Craig Terry, piano. Obras de Luna, Ravel, Rossini, Granados, Händel, Giordani y Pergolesi.

Gran Teatro del Liceo.

Barcelona, 27 de mayo de 2016.

Dicho y hecho. Porque lo mejor del recital fue la delicada y voluptuosa interpretación de Shéhérazade, el trípico de Maurice Ravel sobre versos de Tristan Klingsor; acertó en el juego de colores vocales y las inflexiones de la palabra para lograr una atmósfera musical y poéticamente encantadora. Acertó también, a pesar de sus graves forzados, en la honda intención lírica de las Tres Majas dolorosas, de Enric Granados, con textos de Fernando Periquet.

En un tremendo cambio de estilo saltó de las tonadillas de Granados al barroco, lo que es mucho saltar; lo hizo cantando la célebre aria Lascia chio pianga, de Rinaldo, de Händel, que fue muy aplaudida, aunque le quedó un punto empalagosa y fuera de estilo.

Con buen humor, jugó con los arreglos de Craig Terry, de reminiscencias jazzísticas, para dar nuevos aires a tres arias antiguas: Caro mio ben, de Giordani, Se tu m’ami, de Pergolesi, y Star vicino, de autor desconocido. Y para cerrar cada parte del recital apostó por dos arias de lucimiento de Rossini: no estuvo muy fina en los agudos de Bel raggio lusinghier, de Semiramide, y mejoró bastante en Tanti afetti, de La donna del lago.

Algo fatigada, concedió tres propinas, bromeó con el público, proclamó con orgullo su amor por la patria —”Soy de Kansas, adoro mi país, y también adoro Barcelona y todos los lugares en los que canto”— y se despidió con Over the rainbow, la mágica balada de Harold Arlen inmortalizada en El mago de Oz.