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Mucho más que una musa

Una exposición en el Círculo del Liceo reivindica el papel de Júlia, modelo, compañera y mujer del pintor modernista Ramon Casas

Cuatro cuadros de Ramon Casas con Júlia como modelo que cuelgan de las paredes del Círculo del Liceo.
Cuatro cuadros de Ramon Casas con Júlia como modelo que cuelgan de las paredes del Círculo del Liceo.

Siguiendo la pista de familiares en México y Canadá, de vecinos de una torre de Sant Gervasi, de los registros municipales de Barcelona y otras poblaciones catalanas, de publicaciones y de correspondencia, Isabel Coll Mirabent, investigadora y una de las mejores conocedoras del pintor modernista Ramon Casas, despeja la nube de incógnitas que ha rodeado a Júlia Peraire. O mejor dicho, Júnia, porque ese fue el nombre con el que fue inscrita al nacer, en 1888, la que fue musa, compañera y mujer del pintor durante más de 20 años. Protagonista absoluta de más de 120 obras de Casas, Júlia era una mujer de carácter, hija de una familia de librepensadores que siempre hizo lo que quiso pese a las pétreas costumbres sociales de la época.

Coll, historiadora del arte, ha querido reivindicar a la mujer en la exposición Júlia, el deseo. Ramon Casas en el Círculo del Liceo, una institución con la que Casas, perteneciente a una familia de la burguesía, estuvo estrechamente vinculado: 12 grandes plafones del artista - con la mujer y la música como temas - tapizan la rotonda, una de las salas más espectaculares del recinto privado de los socios. Y es en las salas nobles donde se han colocado una cincuentena de pinturas de Júlia y otros objetos que aportan luz sobre su vida y relación con Casas. Uno de los principales, La Sargantain, una Júlia arrebatadora y mujer fatal, ya ocupaba ese lugar central del Círculo que lo adquirió cuando el artista lo terminó.

“Me propuse investigar quién fue Júlia, cómo veía Casas a esa mujer y cómo se reflejaba esa visión en los cuadros que hizo con ella de modelo y describir la evolución de la obra del pintor a través de los retratos de ella”, explicaba la comisaría de la muestra que no ahorró críticas a las exposiciones que solo se paran en lo cuantitativo: “hay que investigar más, se necesitan más becas para sacar del olvido a muchos pintores catalanes todavía desconocidos”.

Casas se enamoró perdidamente de Júlia. La conoció en 1905 en la terraza de la Maisón Dorée -o eso dice la leyenda- uno de los bares más populares de aquella Barcelona. Ella tenía 17 años y al parecer, vendía lotería. O rosas, eso no está claro. Casas, ya con 39, le propuso que fuera la modelo del Jabón Fluido Gorgot. Esa obra se puede ver en la exposición: de espaldas, con la cara girada, la modelo mira con desconfianza. Después fue la portada de la revista Progreso, del cartel de la Enciclopedia Espasa, de los Juegos Florales de Barcelona y su retrato fue uno de los que formó parte de un álbum –que reunió obras de los mejores pintores de la época- que se regaló al rey Alfonso XIII con motivo de su boda. La modelo era presentada como una “joven de atractivo picante”, destaca el catálogo de la muestra. “Solo falta observar las pinturas de Casas con ella de modelo para ver cómo evoluciona la relación entre los dos”, argumentaba Coll. De la Júlia más seductora –que posa semidesnuda o con amplios escotes-, se pasa a la mujer más elegante, estilosa, bien vestida, con joyas y pieles. Una imagen de señora con la que ella a veces no parece congeniar. La muestra ofrece también la etapa más esteticista de Casas en la que Júlia es flamenca, chula o posa tocada de torera. Y, la última, que transmite una relación ya madura con Júlia: en casa rodeada de sus pekineses, en el jardín o en el tocador.

Dibujo de Júlia realizado alrededor de 1911, perteneciente a la Colección Godia.
Dibujo de Júlia realizado alrededor de 1911, perteneciente a la Colección Godia.

La relación nunca fue bien vista ni por la familia del pintor y tampoco por su círculo de amistades: “Casas y ella no frecuentaban la vida social del momento, a ella no le interesaba nada y a él tampoco. Eso molestaba a sus amigos y, de hecho, es muy probable que el nombre del cuadro La Sargantain –que lo puso uno de los amigos de Casas, Miguel Utrilla – fuera un remedo afrancesado de sargenta”, añade la comisaría. Artista y musa no ocultaron su relación aunque no vivieron en pareja hasta que murió la madre del pintor. Fue entonces cuando él dejó el domicilio familiar del Paseo de Gràcia y compartió con Júlia una casa que mando construir en Sant Gervasi.

La pareja no se quiso casar hasta que murió la hermana de él: “Casas pertenecía a una familia burguesa pero era bohemio y excéntrico y ella se educó en una familia de librepensadores”, cuenta la comisaria. El padre de la modelo, Marcos Paraire, fue director del Matadero de Sant Martí de Provençals y falleció joven. Tuvo actividad política como lo demuestra uno de los recortes que se exhibe en una de las vitrinas de la muestra. Se trata de un comunicado firmado por él como secretario del Comité Republicano Progresista de Miravet (Tarragona). Si la familia del pintor veía mal a Júlia, este no tuvo ningún inconveniente en que la madre y una hermana de ella convivieran en la casa de Sant Gervasi. Casas mantuvo una cordial relación con el filósofo Jaume Serra Hunter, que llegó a ser rector de la Universidad de Barcelona, que se casó con Flora, una de las hermanas de Júlia. Y autora de unos apuntes en carbón, que se pueden ver en la muestra, imitando el estilo de Casas después de la muerte del artista, en 1932. “Hablando con las hijas de Emília Lluciana, otra de las hermanas de Júlia que emigró a México, me explicaron que la “tía Júlia” tenía un carácter fuerte, nada sumisa”, apuntaba la comisaría.

La Sargantain, retrato de Ramon Casas de Júlia, en los primeros años de su relación.
La Sargantain, retrato de Ramon Casas de Júlia, en los primeros años de su relación.

La muestra que se podrá ver en el Círculo del Liceo hasta el 20 de julio es singular porque el 90% de la cincuentena de las pinturas y dibujos de Júlia que se han reunido en ella no se han expuesto nunca. Muchos son de la colección privada del Círculo, de socios del mismo y de particulares. Y si se han cedido en esta ocasión es, en buena medida, por dos hechos: se celebra el 150 aniversario del nacimiento del que fue uno de los pintores modernistas más importantes de España y la muestra es en el Liceo. En la exposición se han implicado la junta del propio Círculo y la Obra Social de La Caixa. Con Júlia, el deseo. Ramon Casas, las salas nobles del club que se creó en 1847, el año de apertura del teatro, se podrán visitar en horas convenidas y con guía. Y, entre otras perlas del modernismo, se podrán contemplar los vidrieras del interior del vestíbulo, en los que se representan escenas de la tetralogía de Wagner, que en un futuro se podrán contemplar también desde la calle de Sant Pau.

 

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