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Los inmigrantes europeos ganan peso en Barcelona a costa de los latinoamericanos

La capital catalana ha perdido 50.000 latinos y africanos en una década y ha ganado 34.500 europeos y 18.500 asiáticos

Varios ciudadanos andan por el Raval.

Barcelona tiene prácticamente la misma población inmigrante que hace una década: son 262.000 extranjeros, el 16,3% de la población. La cifra de extranjeros tocó techo en 2009, cuando rozó las 295.000 personas (18%). Desde entonces, en números absolutos, ha disminuido cada año. Pero la composición de los barceloneses de nacionalidad extranjera ha cambiado mucho durante la última década. La ciudad ha perdido 48.000 vecinos de países de Latinoamérica y 2.800 de África. En cambio, ha ganado 34.500 europeos (italianos, franceses, ingleses o rumanos) y 18.500 asiáticos (Bangladesh, India, Pakistán o China), según el último informe sobre la población extranjera del departamento de Estadística del Ayuntamiento.

El informe considera foráneos a las personas de nacionalidad extranjera (independientemente de donde hayan nacido). Y una de las puntualizaciones importantes que cabe hacer a estas cifras es que la caída de latinoamericanos o africanos puede corresponder tanto a personas que se han marchado de Barcelona como a inmigrantes que durante su estancia en la ciudad han conseguido la nacionalidad española. Un segundo interrogante es que al observar los colectivos que se han ido, no tienen porqué haberlo hecho de vuelta a sus países: también pueden haberse mudado a otra ciudad vecina o saltar a otro país europeo.

“Son cifras que muestran dinámicas muy complejas y que nos llevan, más que a hablar de inmigración en Barcelona, a hablar de Barcelona como espacio de movilidad”, afirma el director del Grupo de Investigación Interdisciplinario sobre Inmigración (GRITIM), de la Universidad Pompeu Fabra, Ricard Zapata. “La ciudad se configura como un espacio dinámico de perfil cosmopolita”, añade. El porcentaje de población extranjera de Barcelona, puntualiza, es parecido al de las grandes metrópolis.

Entre los inmigrantes europeos hay perfiles distintos: “No es el mismo el caso de un profesional portugués, que un rumano, que un estudiante francés o un jubilado alemán, porque probablemente las razones que les llevan a emigrar no son las mismas”. Uno puede venir para trabajar o estudiar, o por el atractivo de la ciudad, y el otro por la falta de oportunidades en su país o buscando movilidad social. E igual ocurre con las salidas: “La crisis ha expulsado, en el sentido clásico, a muchos inmigrantes, pero no es la única razón”. Zapata alerta de que la movilidad “plantea muchos retos a los sistemas públicos: educación, sanidad, coordinación de políticas europeas...”.

Entre los europeos de países de los 28 que han llegado en mayor número en la última década figuran, con cifras superiores a 1.500 personas, los italianos (11.260 personas, en parte argentinos con doble nacionalidad), franceses (4.200, algunos pueden ser marroquíes o argelinos también con doble nacionalidad), ingleses, rumanos o alemanes. De la antigua Yugoslavia o ex repúblicas soviéticas han llegado casi 5.000 personas. En algunos casos son nacionalidades de las que ya había vecinos en Barcelona pero que aumentan a causa de conflictos bélicos, como Ucrania, Armenia o Georgia.

Respecto a los asiáticos, el grueso del saldo positivo, 16.000 personas, proceden de Asia Central: Bangladesh, India, Pakistán o China. En este sentido, el subdirector del Centro de Estudios Demográficos (CED) de la UAB, Andreu Domingo, observa que en buena parte el crecimiento de población asiática se debe a reagrupamiento de familias pakistaníes, chinas, filipinas o indias.

Domingo también destaca que, si se atiende a las pirámides de población del estudio, reflejan que hay colectivos de extranjeros “muy masculinizados, como los que proceden de África Subsahariana, o muy feminizados, caso de América Central. Unas pirámides que reflejan [en cada colectivo] quien es el pionero de las migraciones”. También muestran la antigüedad de cada nacionalidad: por ejemplo, numerosos italianos que llegaron entre seis y 15 años atrás, o pakistaníes que llevan entre uno y cinco años en la ciudad. En cambio, el grueso de los franceses lleva muchos años aquí.

Respecto a las personas que ya no viven en Barcelona, la cifra más espectacular corresponde a los extranjeros de países de América del Sur, que caen casi a la mitad entre 2006 y 2015, de 108.000 a 59.000 personas, con bajas sobre todo entre colombianos, ecuatorianos y peruanos.

¿De dónde son los inmigrantes que viven en tu barrio?

El estudio sobre la población extranjera en Barcelona del Ayuntamiento también explica dónde se concentran los inmigrantes en la ciudad. Y permite observar que los distritos donde vive un porcentaje más alto de población son Ciutat Vella en su conjunto, el barrio del Poble-sec (Sants-Montjuïc), Ciutat Meridiana y Vallbona (Nou Barris) y algunos barrios de Sant Martí. En cambio, observa por orígenes, se observa claramente como hay colectivos de extranjeros que se concentran más en unos distritos que otros. Por ejemplo, los que proceden de los países de la Unión Europea viven sobre todo en el  Eixample, Ciutat Vella y Sant Martí. En cambio, los asiáticos, en Ciutat Vella y Sants- Montjuïc; mientras que los del sudeste asiático, se concentran, en un 50%, en Ciutat Vella.

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