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Las terapias alternativas se refugian en la sanidad concertada

Media decena de entidades sanitarias con concierto público ofrecen servicios homeopáticos y naturistas por la vía privada

Una imagen de los servicios que ofrece el Hospital de Terrassa.

La suspensión por parte de la Universidad de Barcelona (UB) de un máster sobre homeopatía por falta de evidencia científica de esta disciplina ha abierto la caja de Pandora entre la comunidad médica. Sus detractores dicen que no hay pruebas de su eficacia más allá del efecto placebo. Sus defensores sostienen que sí funciona y la evidencia científica es cuestión de tiempo que aparezca. El caso es que, pese al golpe que supuso la suspensión del máster para el sector más acérrimo a la práctica, la homeopatía se ha hecho un hueco en la sanidad catalana. Aunque siempre fuera de la cartera de servicios y previo pago, esta disciplina y otras terapias alternativas —“complementarias”, puntualiza el Colegio de Médicos de Barcelona (COMB)— se ofertan al menos en media decena de centros sanitarios concertados con el Servicio Catalán de la Salud (CatSalut).

El CAP Can Bou de Castelldefels recaudó 17.515 euros en 2013 ofertando terapias alternativas

En el centro de atención primaria (CAP) Can Bou de Castelldefels (gestionado por el Consorcio de Castelldefels Agents de Salut) se ofertan terapias como la acupuntura, la osteopatía o el yoga. Además de la cartera de servicios financiada por el CatSalut, el centro ingresa un dinero extra a través de esta actividad privada. Según el folleto publicitario que cuelga en su web, el consorcio ofrece las clases de yoga por 35 euros de matrícula más 40 euros al mes. La memoria económica de 2014 de la entidad señala que el CAP Can Bou recaudó ese año 3.675 euros por los servicios de acupuntura, 6.325 por los de yoga y 1.330 por sus sesiones de musicoterapia. La cifra percibida por estas terapias alternativas asciende a 17.515 euros en 2013.

El Consorcio Sanitario de Terrassa, que gestiona un hospital, siete CAP y otros dispositivos de salud mental y adicciones, también ha implantado varias disciplinas como terapias complementarias a la medicina convencional. De hecho, cuenta con un órgano específico, el Comité de Salud Integrativa, para el caso. “La medicina integrativa combina la medicina convencional con la incorporación de terapias complementarias de probada eficacia científica”, señala el Comité en un documento. “Se trata de un nuevo paradigma de la medicina, con un enfoque holístico y multidisciplinar”, añade. El ente puntualiza que esta disciplina “nunca niega la medicina convencional” pero promueve “la capacidad de autocuidado del cuerpo y reduce los efectos secundarios de algunos tratamientos convencionales”.

Desde 2016, el consorcio cuenta con una Unidad de Salud Integrativa para pacientes oncológicos y de cuidados paliativos. La actividad del servicio la realizan trabajadores del propio hospital, “de forma voluntaria y fuera de su jornada laboral”. Los servicios ofertados son, entre otros, acupuntura y terapias bioenergéticas, como la terapia de polaridad —considera que los bloqueos electromagnéticos del cuerpo son causantes de la enfermedad y la práctica se basa en dar toques terapéuticos de distinta intensidad en diversas partes del cuerpo— o la armonización energética —parecida a una imposición de manos—. Seis trabajadores del hospital y un médico acupuntor externo trabajan en la unidad y, a lo largo de 2016, se formará a una treintena de voluntarios para acompañar a los pacientes en las terapias energéticas. En el ala privada del consorcio también se ofrece reiki, homeopatía, medicina natural y osteopatía.

La patronal ACEA de las entidades de base asociativa (EBA), empresas de médicos que gestionan algunos CAP, señalan que varios de sus centros “ofrecen terapias complementarias puntualmente” pero no disponen de servicios estables. Una portavoz de la patronal señala que “la osteopatía, en todos los centros donde se realiza, es una actividad paramédica que está aumentando el número de usuarios que la utilizan”.

Una imagen de la fachada del Hospital de Terrassa.

Éxito variable

Aunque la oferta privada de terapias complementarias a la medicina convencional es una buena vía de ingresos cuando merman los conciertos públicos, algunos complejos sanitarios acabaron por suspender su oferta de homeopatía y terapias naturales argumentando falta de pacientes o reticencias de los profesionales ante la escasa base científica de algunas prácticas. Así, el hospital de Palamós tuvo “hace un tiempo” un pediatra homeópata y el Consorcio Sanitari Integral disponía de servicios homeopáticos que acabaron suspendiendo. El hospital de Mataró tuvo, hasta 2011, una unidad de terapias naturales pero, con el cambio de directiva “se decidió no mezclar la medicina convencional con evidencia científica de otras prácticas”, señala una portavoz. El hospital de día de oncología del Clínic, por su parte, mantiene sesiones de reiki impartidas por voluntarios de una asociación.

El COMB se mantiene más o menos conciliador en el debate abierto. El órgano médico, que cuenta con una sección colegial de médicos homeópatas formada por unos 300 facultativos, también suspendió los cursos que ofertaba de medicina complementaria. “La decisión de la UB precipitó el anuncio de una determinación que habíamos tomado hace tiempo pero el motivo de eliminar los cursos era porque no contaban con la debida acreditación independiente”, justifica el doctor Jaume Padrós, presidente del COMB. El colegio profesional ofertó en su programa de formación 2015-2016 una decena de cursos que iban desde los 60 hasta los 440 euros según el módulo docente (acupuntura, introducción a las constelaciones familiares, homeopatía, mesoterapia o terapia neural, entre otros). Con todo, Padrós defiende la necesidad de que la sección colegial siga existiendo “porque es el elemento de autorregulación y control” de estas prácticas. Y puntualiza: “Medicina sólo hay una. La homeopatía es una terapia complementaria y tiene que tener una función complementaria pero tiene que ser practicada por médicos”.