Aprender biología con dinosaurios

La Escola Pia se suma al modelo de aprendizaje por proyectos

Alumnos de la Escola Pia de Sitges.

La metodología de enseñanza a través de proyectos no es nueva. Sin embargo, su implantación a gran escala, en grandes comunidades educativas, sí es novedosa. En Cataluña, la Escola Pia es la última en tirarse la piscina con el modelo y espera que en 2021 se despliegue en sus 20 centros, con 20.000 alumnos y 2.000 profesores. Media docena de sus escuelas ya llevan a cabo una prueba piloto. Por ejemplo, dedican el 25% de las horas lectivas en la ESO a aprender a través de proyectos en vez de dedicarlas a las asignaturas tradicionales. Aprender biología y otros aspectos del medio natural, por ejemplo, caminando con los dinosaurios.

Pere Vilaseca, responsable del Área de Proyecto Educativo de la Escuela Pía, sintetiza en una frase el espíritu de Summem, como han bautizado su modelo: “Los alumnos no solucionan problemas de matemáticas, resuelven problemas reales”. La idea es que la labor dentro del aula (y fuera) se desarrolle y estructure a partir de un reto o una pregunta. Todo termina con un producto (una presentación, una maqueta, un vídeo…) que se expone ante otros compañeros o los padres.

El centro de Sitges acoge una de las aulas pioneras. Los alumnos de segundo de ESO se sientan en grupos de cuatro y organizan las mesas de acuerdo con la actividad que los tres profesores a cargo del grupo les plantean. Primero leen, después comparten sus impresiones con otro compañero y finalmente entre los cuatro responden preguntas sobre cómo garantizar la sostenibilidad de la escuela. “Esta manera de entender el aprendizaje también terminará por modificar la fisonomía del aula, es algo que debe surgir de las necesidades, no a priori”, opina Marga Miret, responsable de secundaria del centro.

Los dos primeros trimestres de este año, las escuelas que han hecho el plan piloto —en segundo de ESO, tercero de Primaria y P5— se han dedicado a reforzar las competencias en trabajo en grupo. “Ser cooperativos no se aprende de manera espontánea. Es algo que hay que enseñar”, explica Vilaseca. “Se trata de un modelo más inclusivo. Todos los estudiantes son imprescindibles para que el proyecto tire adelante”, añade. El objetivo es que en el curso que comenzará en septiembre al menos una clase de cada uno de los centros trabaje bajo el nuevo modelo.

“Los profesores pueden usar las horas de clase regulares para enfatizar conocimientos de medio natural, social o de matemáticas que se usan en los proyectos”, explica Miret. Otro de los retos es el de la evaluación. “Administrativamente hay que poner una nota, dentro del proceso de maduración de Summem los profesores y tutores también tenemos que reflexionar sobre cómo evaluar. La evaluación tradicional no desaparece”, explica Sonia.

Summem es un proyecto que ha surgido desde la reflexión de la comunidad educativa, a través de encuentros que los escolapios llaman asambleas y que se realizan cada cuatro años. Esto ha ayudado a vencer resistencias, por ejemplo, dentro de las familias. “Lo padres son conscientes que el mundo laboral se basa en las competencias y el trabajo en equipo, esto ayuda a que entiendan más el giro que hemos dado”, apunta Vilaseca.

La Escola Pia sigue la estela de comunidades como el colegio Montserrat o los Jesuitas en la aplicación de la metodología por proyectos. “Innovar en educación no es hacer un descubrimiento. Se trata de aplicar a gran escala métodos que ya existían”, asegura Ismael Palacín, director de la Fundació Jaume Bofill. “El caso de los escolapios es interesante porque es un trabajo en red entre todos los centros para llevar a cabo la implementación y fuerza un cambio cultural”, agrega.

Palacín cree que cambios así en la escuela pública son más complicados porque las iniciativas suelen circunscribirse a escuelas de nueva creación, con profesorado joven y más comprometido. “Son como start-ups”, ejemplifica. “En grandes comunidades como la de los escolapios hay más facilidades para implementar la metodología”, agrega.

El director de la Jaume Bofill también minimiza los riesgos pedagógicos y de resultados académicos en un proyecto innovador como este: “Nuestro sistema escolar es tan justo que hay poco que perder”.