CRÍTICA / JAZZ

Mitos del jazz al alcance de la mano

Siete veteranos del género de auténtica leyenda, sin edulcorantes, encandilan en el Jamboree

El saxofonista Billy Harper, uno de los 'siete magníficos' de The Cookers.

El programa de mano de la sala Jamboree de Barcelona del mes de marzo se abría con un solo nombre, The Cookers, y una foto en la que ya se podían entrever rostros conocidos. Como suele ser norma en este histórico local es necesario ir a leer la letra pequeña, donde a menudo se esconde alguna sorpresa. Esta vez no era una sino siete, y ¡qué sorpresas!

The Cookers es el nombre de guerra de siete veteranos jazzistas de auténtica leyenda, todos con sus largas y abultadas carreras a la espalda y con sus nombres ya entronizados en los altares de la historia del jazz. Eran los saxofonistas Billy Harper y Donald Harrison, los trompetas Eddie Henderson y David Weiss, el pianista George Cables, el contrabajista Cecil McBee y el batería Billy Hart. Ahí es nada.

The Cookers

The Cookers: Billy Harper, Donald Harrison, Eddie Henderson, David Weiss, George Cables, Cecil McBee y Billy Hart

Sala Jamboree. Barcelona, 16 de marzo de 2016

Son nombres a situar inmediatamente, sin duda alguna, detrás de los creadores del género, esos Miles Davis, Charles Bird Parker o Louis Armstrong, Satchmo, a los que todo aficionado mínimamente puesto idolatra. Y, además, no se trata de una banda de circunstancias para sacar algún dinero de una extemporánea gira europea. The Cookers llevan ya siete años de vida con cambios mínimos y varios discos a su nombre (¡el total de discos grabados por sus integrantes individualmente como líderes o acompañantes llegaría a la friolera de un millar!).

Así, con ese personal sobre la tarima, en la noche del miércoles en el Jamboree se vivieron, claro,  momentos intensos y de gran belleza. Nada de una jam session apañadita para salir del paso; todo lo contrario: temas propios con arreglos originales que funcionaban de maravilla y dejaban los suficientes espacios para que todos y cada uno de ellos pudieran lucirse como solistas. Puro hard bop sin edulcorantes.

Ya el primer acorde dejó al público clavado en sus sillas. A partir de ahí fue un encadenado de buenas sensaciones en los que cada solista tuvo su momento y difícil sería destacar uno en concreto. Lo más destacable fue que, a pesar de estar tocando en un minúsculo club, no bajaron la guardia ni se dejaron llevar por la rutina. Fue realmente explosivo porque no pasa casi nunca: siete mitos del jazz al alcance de la mano.