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CRÍTICA / ÓPERA

Sobraba el divo

El histrionismo de Rolando Villazón empaña el encanto mozartiano de 'Il re pastore' en el Palau de la Música Catalana

No todos los divos funcionan en taquilla. Lo pudieron comprobar el pasado domingo en el Palau de la Música Catalana de Barcelona, pues ni con la presencia del famoso tenor mexicano Rolando Villazón como reclamo de una versión en concierto de Il re pastore, de Wolfgang Amadeus Mozart, apenas lograron llenar a medias el templo modernista. La ágil y sabia dirección de William Christie otorgó frescura y vitalidad a una versión muy bien defendida por un equipo vocal en el que sólo sobraba el cargante histrionismo y el pésimo estilo mozartiano de Villazón.

 Les Arts Florissants ofreció una sensacional actuación en una lectura de gran brillo y transparencia orquestal bajo la inspirada dirección de William Christie. El veterano director y clavecinista realzó con gracia y elegancia las entradas y salidas de los cantantes en una sencilla acción teatral, animando una versión de concierto que el ciclo Palau 100 ha presentado en Barcelona en el marco de una gira europea iniciada el pasado día 11 en Viena.

'Il re pastore'

 Il re pastore, KV 208. De W. A. Mozart

Rolando Villazón, Martina Janková, Regula Mühlemann, Angela Brower, Emiliano Gonzalez Toro. Les Arts Florissants

Director: William Christie

Palau de la música Catalana. Barcelona, 13 de marzo de 2016

 El tenor mexicano exhibió una cargante gestualidad en el papel de Allessandro, en busca de una comicidad tan vulgar como innecesaria para animar esta serenata en dos actos, con flojo libreto de Metastasio, que Mozart compuso con 19 años con el propósito de complacer al arzobispo de Salzburgo,  Colloredo. La instrumentación es sencilla, pero la inventiva del joven Mozart anima sin cesar una partitura integrada por una obertura, 12 arias, un dúo y un quinteto final.

Abusó Villazón en los recitativos y arias de unos recursos bufos exagerados y fuera de estilo. Con ellos se ganó aplausos, pero no le sirvieron para disimular sus limitaciones vocales para hacer justicia a la ágil y dificil coloratura. Por fortuna, el buen gusto, la musicalidad y el respeto al estilo mozartiano del resto de los intérpretes permitió disfrutar el encanto de una partitura deliciosa.

La expresiva Aminta de la soprano Martina Janková, que brilló en su extraordinaria aria del segundo acto con violín obligado, la delicada Elisa de la también soprano Regula Mühlemann y el empaque vocal de la mezzosoprano Angela Brower en el papel de Tamiri, mostraron la superioridad de las voces femeninas en un reparto completado por el tenor ligero Emiliano Gonzalez Toro con un irregular Agenore.