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“Soy cabeza de turco”

La Fiscalía pide siete años de prisión para el trabajador de TV3 acusado de revelar los sueldos y un ERE en la Corporación

El trabajador de TV3 acusado de filtrar los sueldos.

Abrumado, con el paso lento, G. C. llega a la cafetería de un centro comercial de la ciudad en la que vive. Desde hace una semana sabe que la Fiscalía pide para él siete años de cárcel por revelación y descubrimiento de secretos. El ministerio público le acusa de haber filtrado a un centenar de personas los sueldos de los empleados de la Corporació Catalana de Mitjans Audiovisuals (CCMA). En los documentos de Excel del correo que supuestamente envió a través de la cuenta del director del organismo, Brauli Duart, se demostraba además que la Corporación planeaba un ERE, que finalmente materializó en 2013.

“Soy cabeza de turco”, alega G. C., de 36 años, que niega la acusación. “No gano nada, solo fastidiarme la vida”, dice este ingeniero de Telecomunicaciones, que no es informático, a pesar de lo que “han querido hacer creer”, que trabaja en TV3 desde 2002. En cambio, él considera que la compañía sí ganaba algo: “Quizá la dirección estaba interesada en difundir los sueldos para justificar el ERE”.

Una teoría muy distinta a la de la Fiscalía, que sostiene que G. C. accedió a los correos de los directivos de la compañía (Duart, el exdirector de TV3 Eugeni Sallent, y Antoni Picola, jefe del Departamento de Explotación) durante tres meses, desde el servidor interno y de manera remota a través de TOR, la conocida como deep web, para luego reenviar el correo a los trabajadores. Se basa en diversos indicios: que los accesos internos se hicieron en el horario de G. C., y los accesos desde fuera, cuando él no estaba. Y que además, que se usaron sus claves en algún momento. "Podrían haber estudiado mis horarios", se defiende. "No han encontrado su ADN, el IP del ordenador", añade su abogado.

“Yo era un poco piratilla en TV3. Ayudaba a la gente con los ordenadores, a customizar los móviles, a ponerles androids, a cambiarles el sistema... Me creé esa fama”, explica, como ejemplos por los que él era el blanco perfecto. También admite que conoce la deep web, que trabaja con su moneda, los bitcoin. Pero no siente una afinidad especial por los cyberactivistas: “Hay cosas como lo de Snowden o Wikileaks que creo que se tienen que saber, pero no soy miembro de ningún movimiento de este tipo. Me están equiparando a un hacker, pero no lo soy”.

Su vida cambió radicalmente en octubre de 2013, cuando los Mossos irrumpieron en su casa. “Había trabajado de madrugada, estaba durmiendo en mi domicilio, llaman a la puerta, mi mujer abre y entran los Mossos”, recuerda. Su hijo tenía un año y medio. “Se puso a llorar al ver todo el movimiento, y no me dejaban consolarlo, me decían que tenía que estar presente en las actuaciones”. Luego llegó el momento de ir a los calabozos de Gavà, donde se pasó dos días. “Me desnudaron, me cachearon, me dieron comida congelada... Supongo que es lo normal, pero es una tortura si no estás acostumbrado”.

Desde entonces, ha continuado trabajando en TV3, aunque le han trasladado. Antes, G. C. formaba parte del equipo de posproducción, donde se hace edición no lineal, de vídeos y audio. Ahora está de técnico de máster, que son los que configuran las sales de directo para programas. Pero va y viene. Sufre episodios de estrés postraumático que le obligan a cogerse bajas. “Antes no había tenido ni un resfriado”.

Sobre el contenido de la filtración, considera que “fue un revulsivo para la plantilla” porque supo que se estaba preparando un ERE y “se puso en movimiento para combatirlo”. Sobre los sueldos, argumenta que ya eran públicos antes aunque “no se sabía a quién pertenecía cada sueldo” y eso “no está bien, es la intimidad de cada uno su sueldo”. Pero en cualquier caso, le parece una “barbaridad” lo siete años de prisión que pide la fiscalía, “incluso para una persona que lo hubiese hecho”.

A pesar de sentirse muy arropado por el comité de empresa y por el resto de compañeros de la Corporación, se ha planteado en algún momento irse de TV3. Pero el futuro es incierto: "Dependiendo del juicio, todo se puede ir al garete". Lo que más le hace padecer ahora mismo es su hijo de tres años. "Que su padre pueda ir siete años a la cárcel, y superar todo lo que significaría eso... Pero prefiero no pensarlo", esgrime. Con algo de prisa, se excusa, y se marcha, son ya casi las cinco y tiene que ir a buscarlo al colegio.