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‘Perroterapia’ para aliviar el dolor asociado al estrés en niños

Los animales, adiestrados para este fin, proceden de una protectora y pueden ser adoptados

Unos niños acarician a Kiwi, uno de los perros del ensayo, en presencia de su adiestrador.

El Hospital de Villalba ha puesto en marcha un ensayo clínico con niños que sufren síndrome de intestino irritable y dolor abdominal sin causas orgánicas, una patología asociada al estrés. El proyecto es pionero porque cuenta con perros especialmente adiestrados para aliviar la dolencia mediante una terapia alternativa, bautizada como perroterapia, y sin medicinas. Al término del tratamiento, los animales, de la protectora local de Collado Villalba, pueden ser adoptados.

El proyecto está pensado para niños de entre ocho y 12 años con alteraciones en su calidad de vida, como ausencias en el colegio, problemas de rendimiento escolar, baja autoestima o ansiedad.

En todos los casos se ha descartado previamente que los síntomas tengan origen orgánico: el dolor existe pero no hay una dolencia a la que culpar. “Nuestra hipótesis es que la terapia asistida con animales puede mejorar la calidad de vida de los pacientes reduciendo el número de episodios de dolor y su intensidad”, explica Miguel Ángel Carro, pediatra digestivo e investigador principal.

Cuentan con tres perros que, después de vivir en la calle, han sido adiestrados para tratar con los pequeños. No vale cualquiera, tienen que ser animales tranquilos, cariñosos y colaboradores.

Kiwi es uno de los tres perros que han colaborado desde enero en alguna de las nueve sesiones del ensayo, que no tiene coste adicional para el centro. Los niños juegan con él, lo acarician, lo visten y lo cuidan. “El perro es un distractor que le descoloca de su mundo rígido. Se van encariñando con él y están deseando que llegue el siguiente día para verlo. Es una terapia, pero en realidad es un juego”, sostiene Iván Carabaño, jefe de Pediatría.

El estudio se desarrolla en el centro público cada lunes en sesiones de 45 minutos, a las que acuden grupos de tres o cuatro niños con sus padres. Los únicos criterios para recibir la terapia son no tener alergia a los perros, no sufrir fobia y no tener ya un perro en casa. “Al participar en una actividad no competitiva junto a otros niños con su mismo problema, consiguen mejorar sus relaciones sociales”, subraya Carro.

Los pacientes suelen ser niños perfeccionistas, con muy buen rendimiento escolar y un alto grado de madurez y sentido de la responsabilidad. El dolor se presenta como consecuencia de determinados acontecimientos estresantes como una separación familiar, problemas en sus relaciones con otros niños o en el colegio.

Según cuenta Carabaño, estos pequeños “tienen dificultad para expresarse, por lo que se refugian y no exteriorizan sus sentimientos”. Es entonces cuando aparece el dolor abdominal y otras quejas somáticas como el dolor de cabeza o piernas, a las que se quiere aplicar también la perroterapia si tras los seis meses de prueba los resultados son positivos.

“En la farmacología no hay una solución clara, así que había que buscar otra alternativa”, relata el doctor. La idea de la perroterpia surgió como un cruce de caminos, según Carabaño. “Se nos ocurrió una terapia asistida con animales, lo que además atendía a una necesidad de la perrera municipal, que buscaba una salida a sus inquilinos”, concluye.