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Los coleccionistas se refugian en el dibujo

La feria Drawing Room apuesta por una técnica que empieza a ocupar el sitio de la fotografía

Por primera vez, Madrid acoge una feria dedicada por entero al dibujo como arte. Las líneas de trabajo reúnen a creadores emergentes y artistas de carrera, haciendo uso del dibujo como un fin en sí mismo o como parte de un todo mayor. Una doble práctica que muchos participantes combinan. Es el caso de la madrileña Tamara Arroyo: “A veces utilizo el trabajo como apoyo a otros proyectos y a veces como obra independiente”.

“Hace 10 años la fotografía tuvo su momento. Ahora le toca al dibujo”, indica Mónica Álvarez, directora de Drawing Room, el encuentro que hasta el lunes ocupará una casa señorial de la calle Velázquez, siguiendo la estela de Amsterdam Drawing o Works on Paper Fair de Nueva York. La muestra, a medio camino entre la feria y la exposición, permite descubrir a 30 artistas diferentes dentro de una selección de 20 galerías nacionales e internacionales.

Entre las de aquí se encuentran: ADN Gallery, con el trabajo del francés Abdelkader Benchamma; Siboney, con obra de Fernando Martin Godoy y Javier Arce; o la sevillana Rafael Ortiz, en la que expondrá José Miguel Pereñíguez sus dibujos hechos con lápiz creta y carbón sobre cartón.

La representación foránea vendrá de la mano de espacios galerísticos de Alemania, China, Bolivia, Inglaterra o Italia. “En la feria participamos galerías afines, dando una idea de conjunto muy diferente al de grandes eventos como ARCO”, destaca la veterana galerista Magda Bellotti, quien lleva más de tres décadas en el sector y que trae a la argentina Gabriela Kraviez.

El valor económico como inversión es una mención recurrente en este tipo de disciplinas. “En estos tiempos de crisis el dibujo ha ayudado al mercado”, apunta Bellotti, reforzando la idea de que el dibujo es una técnica con precios, a veces, más accesibles que otras.

En Drawing Room se pueden encontrar obras que van de los 500 a los 50.000 euros, una horquilla que invita a que muchos coleccionistas puedan plantearse una compra.

De momento cuentan con el compromiso de cuatro fundaciones, quienes ya se han comprometido a adquirir trabajos dentro de la feria. Entre ellas está la de Manuel Navacerrada, que recuerda cómo compró su primera obra: “Tenía 27 años y fue una escultura de Oteiza que estuve pagando a plazos durante un año”. El público asistente podrá comprar obra no solo en papel, sino en otros soportes como el vídeo o lo digital, mostrando la evolución de esta técnica, que a lo largo de los siglos ha ido cambiando su importancia y su relación con el hombre. Lo que parece que no ha cambiado en todo este tiempo es su inmediatez, clave para que vuelva a ponerse en valor.